El Centro Dramático Nacional trae una coproducción realizada con varios teatros catalanes, que se estrenó en el pasado festival Grec de Barcelona. Paraíso perdido es un texto de Helena Tornero sobre el poema épico del mismo título de John Milton. Se publicó en 1667 y es un clásico de la literatura inglesa. La obra original tiene doce libros, con más de 10.000 versos. Para la adaptación teatral se han inspirado en siete de estos libros y la autora introduce en los diálogos textos del original. En 1671, Milton publico El paraíso recobrado donde, en cuatro libros, narraba los fracasos de Satán en su empeño por tentar a Jesús en el desierto.
Paraíso perdido es la lucha entre el bien y el mal, entre el ángel que se rebela contra Dios y cae al infierno y el poder omnipotente del creador. Pero el ángel caído, convertido en Satán, no deja de cuestionar el poder de Dios. Cuestiona sus creaciones, le interpela sobre la crueldad de sus acciones y se enfrenta nuevamente a Él tras la aparición del hombre sobre la Tierra. Satán lucha por llevar a su terreno a la nueva creación divina y para ello se vale de la mujer, mucho más decidida a desobedecer que el conformista Adán. En uno de los momentos afirma satán: Yo no nací demonio, nací ángel. Y desde esa afirmación, no duda en apoderarse del territorio al que ha sido condenado.

Los primeros libros llevados a escena trasmiten la dialéctica de los dos rivales desde la caída del ángel, con la que comienza la acción. La aparición de Adán y Eva introduce un giro en el drama, con su indecisión ante la manzana que representa al pecado y que tienen prohibido comer si quieren seguir en el Paraíso. La adaptadora -y Andrés Lima como director de escena- aprovechan para lanzar soflamas sobre la persecución que la iglesia llevó a cabo sistemáticamente sobre el teatro, asemejándolo al paradigma de la rebelión contra lo establecido.
Como nos tiene acostumbrados, Lima realiza una puesta en escena poderosa, con unas proyecciones hermosas y abstractas que sirven como decorado en una especie de diorama. Así manifiestan ellos que quieren que parezca la representación: una de esas escenas estáticas creadas artificialmente, que recrean momentos de la Humanidad o de la Naturaleza.
Pere Arquillué encarna al dios de Milton mientras que a Satán lo interpreta Cristina Plazas. Ambos sostienen un arduo trabajo interpretativo, desmenuzando un diálogo denso y brillante. Aunque no son los únicos en escena, sobre ellos gira toda la acción. Completan el reparto Rubén de Eguía, como Adán y la madrileña Lucía Juárez como Eva. La Culpa y la Muerte están interpretadas por dos cantantes, María Godoy y Laura Font. Ambas acompañan casi desde el comienzo los enfrentamientos entre los protagonistas, con una hermosa partitura original de Jaume Manresa. La escenografía y vestuario son de Beatriz San Juan.
Paraíso perdido está en el
teatro María Guerrero hasta el 18 de junio.