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La falacia democrática

Por Víctor Manuel López
lunes 10 de octubre de 2022, 09:32h

La política: Seguramente uno de los oficios más denostados actualmente por las sociedades de este planeta, pero hasta ahora, es la única vía que tenemos para lograr una convivencia pacífica e implementar, generación tras generación, el legado que vamos dejando, -aunque parece que la cosa pinta mal para nuestros jóvenes-.
Dentro de ocho meses escasos habrá elecciones municipales en España, y la ciudadanía de cada pueblo y de cada ciudad, a su juicio, creerán que van a votar a su alcalde/esa, a la persona que regirá los destinos de su localidad durante los próximos cuatro años. ¡Pero qué gran mentira! En estas elecciones, como ocurre en las autonómicas y en las nacionales, los españoles metemos nuestra papeleta en un sobre con nombres de gente que no conocemos y que han sido designadas por partidos-empresas que, bajo postulados de ideologías anacrónicas y obsoletas, confrontan a la sociedad para mayor abundancia de sus intereses.
La inexistencia de mayor representación por parte de los cargos electos pone de manifiesto la urgente necesidad de acudir, más pronto que tarde, a la elección del diputado uninominal de distrito como voz legítimamente autorizada para representar los intereses, deseos y aspiraciones de sus electores.
Percibir la desafección que las gentes que hoy sienten hacia la clase política, me inclina a confirmarme en la idea de la imperiosa necesidad de buscar otras formas de liderazgo mediante una relación más directa entre los electores y los electos.
La elección de los alcaldes, mediante votación de los concejales, expresa fehacientemente la carencia absoluta de una designación directa por parte de la ciudadanía, y avoca a nuestra democracia a su inmadurez permanente, amparada por los intereses partitocráticos de esas empresas a las que llamamos… partidos políticos.

Victor Manuel López Rodríguez
UN ALCALDE DEL PUEBLO

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