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El rincón de las ortigas

martes 31 de marzo de 2020, 12:59h

La tragedia social que estamos viviendo desenmascara con indiscutible facilidad a las malas personas, a aquellas que ven al grupo como un caladero del que sacar provecho sin tener que ofrecer nada a cambio.

Hace tiempo tuvimos en España un presidente del gobierno que una vez perdido el poder, pronunció una frase que entonces hizo mucha gracia: “¿Y quién eres tú para decirme a mí lo que tengo que beber antes de conducir?”. La recuerdan, ¿verdad? Es esa actitud narcisista la que queda en evidencia al sufrir una crisis sanitaria y social como la actual.

Creo, como millones de españoles, que proteger a nuestros abuelos, a las personas enfermas con riesgo de morir por culpa de un maldito virus, está por encima de cualquier arrebato egoísta. Si no somos capaces de sacrificarnos por los más débiles nos hemos convertido ya en monstruos. Si no somos capaces de entender que nosotros, que cada uno de nosotros, somos la gente y que todos tenemos que obedecer lo que se nos manda en una situación de emergencia (no el resto, sí; y yo, no), además de monstruos seremos cretinos.

Mi cumplimiento estricto de la cuarentena ayudará a que el sistema sanitario pueda absorber una tromba de emergencias. Dice el proverbio que quien salva una vida salva al universo entero. Todo español lleva dentro un político, un entrenador de fútbol y un experto en coronavirus. Me gustaría que, además, lleváramos dentro una buena persona. Y la bondad se demuestra pensando en los más vulnerables. Reducirlo todo al yo nos asesina como sociedad, porque entonces las únicas normas serán las de la selva. Vencerán los más fuertes, los más tramposos, los más crueles. Y no vencerán para construir un mundo mejor, sino para abusar de ese mundo a su antojo. Recordemos a Kant: Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal. Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza.

A mí me gusta pensar que mis vecinos, que mis conciudadanos españoles están ayudando con su disciplina a mis padres, ya mayores; a mis amigos asmáticos (ustedes me entienden)… Yo hago lo mismo por ellos, por usted, por ti, que ahora me lees. Si dejamos de pensar en los demás, si somos incapaces de aceptar unas limitaciones en una situación extraordinaria, nuestro futuro como proyecto humano acabará naufragando. Gobernar viene del griego, y significaba “pilotar una nave”. No somos pasajeros de nuestra sociedad, somos su tripulación. Cada uno de nosotros cumple una misión importante para lograr que no sucumbamos a la tempestad que ahora nos ataca. Vendrá la calma y lloraremos a los muertos, premiaremos a los héroes y heroínas. No olvidemos a quienes se comportaron de forma miserable, no cometamos ese error, porque ellos luego suelen ser los que nos dan lecciones de moral y patriotismo.

Mar Espinar

Concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid

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