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Las orillas del verano

Por Lidia López García
miércoles 10 de septiembre de 2025, 20:46h

El verano, todavía es. Aunque ya sea más un sí, pero no, aunque ya no lo parezca casi. Puede que sea por ese acercarnos a la inevitable línea del otoño y por ese mirar atrás a esas tardes infinitas. Si algo tiene el verano, es la sucesión de orillas y uno, a veces, se descubre viviendo en los márgenes.

Me gustan las orillas porque permanecen, y porque desde allí todo puede pasar.
Marcando el antes y el después, tenemos a las del tiempo. Y qué bien, cuando lo vivido se convierte en nostalgia, cuando ya echamos de menos, y aún no nos hemos ido.

Las orillas son un lugar donde las cosas se encuentran, se tocan, pero no se unen, no se mezclan. Pienso que es bonito ser diferentes, encontrarse y no dejar de admirar la belleza que dejan las peculiaridades de quien tenemos al lado, y que no queramos parecernos lo más mínimo, porque estamos bien así. También, las orillas del mar, que menos mal que no se mezclan con la playa.

Al lado está la de la espera. Ese borde donde algo ha terminado y otra cosa aún no ha comenzado. Desde estas orillas se esperan las llegadas, se dicen adioses. Y estamos mucho tiempo en ellas, inquietos, impacientes, con ligeras dosis de esperanza por si vuelve, por si aquello que deseamos llega.

Es especial la orilla del olvido. Con ella batallamos a veces, porque ignora hasta los límites de uno mismo. Qué difícil olvidar cuanto más nos empeñamos en hacerlo. Batalla bien perdida si no nos olvidamos, sobre todo si hay unos cuantos recuerdos por el medio.

Están también las orillas de la última página de un libro que no queremos terminar. La orilla de escuchar por primera vez una canción. La orilla de un faro que nos dice que hemos llegado (aunque a veces deslumbre). La orilla del primer sorbo de limonada.

Invisibles, reales, nos dicen cuándo sí, cuándo no, sin ningún “alomejor” de por medio.
Pero hay algunas a las que tengo que poner un único “pero”. Y es que hay orillas tan bonitas, tan diferentes, que a uno le dan ganas de dar un paso al frente porque nunca hemos visto nada parecido. Pero eso da tanto miedo que preferimos verlas desde lejos, solamente por si acaso, todo puede pasar, nos mojemos.

Y ya no es verano, y está llegando el otoño…
Pero el verano, todavía es.

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