El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) decidió el día 6 de junio bajar los tipos de interés oficiales del euro en 25 puntos básicos (0,25%). Después de nueve meses sin variar los tipos y de ocho años sin reducirlos, esto supone una buena noticia -especialmente para los que pagan un crédito a tipo variable-. No obstante, no es oro todo lo que reluce, y la continuidad de esta política de reducción de tipos aparece bastante condicionada.
Efectivamente, el tipo de interés de las operaciones principales de financiación -que se toma como tipo básico de referencia- se reducirá hasta el 4,25 %; y los tipos de interés de la facilidad marginal de crédito y de la facilidad de depósito se reducirán hasta el 4,50 % y el 3,75 %, respectivamente.
El Consejo de Gobierno arguye que, desde la reunión de septiembre de 2023, la inflación ha descendido en más del 2,5%, mejorando sus expectativas; a la vez que la inflación subyacente (tasa de inflación excluyendo la energía y los alimentos no elaborados) también se ha moderado. En definitiva, para este organismo las señales indican que “las presiones inflacionistas se han debilitado, y las expectativas de inflación se han reducido en todos los horizontes”.
No obstante, para el BCE, y pese a los progresos de los últimos meses, “las presiones inflacionistas internas siguen siendo intensas debido al elevado crecimiento de los salarios, y es probable que la inflación continúe por encima del objetivo hasta bien avanzado el próximo año.” Por ello, y como el Consejo de Gobierno pretende asegurar que la inflación vuelva a situarse pronto en su objetivo del 2%, “mantendrá los tipos de interés oficiales en niveles suficientemente restrictivos durante el tiempo que sea necesario para lograr ese objetivo.”
Después del anuncio de la bajada de tipos, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, declaró en conferencia de prensa: “Continuaremos aplicando un enfoque dependiente de los datos, en el que las decisiones se adoptan en cada reunión, para determinar el nivel de restricción y su duración apropiados. En particular, nuestras decisiones sobre los tipos de interés se basarán en nuestra valoración de las perspectivas de inflación…sin comprometernos de antemano con ninguna senda concreta de tipos.”
Por tanto, se bajan los tipos de interés, pero con expectativas de inflación persistente y con intención de mantener los tipos altos el tiempo que haga falta; sin definirse por un calendario de bajada de tipos. En síntesis, no hay que echar las campanas al vuelo, porque el deseado descenso continuado de los tipos de interés se va a hacer esperar.
Parece que el compromiso de bajada de tipos en junio ha podido más que una inflación que se reduce menos de lo esperado. En esta situación, el BCE, cuya obligación estatutaria es cumplir su objetivo del 2%, debería haber mantenido los tipos sin preocuparse por otros objetivos de la política económica (como crecimiento o empleo) más que subsidiariamente. La presidenta del BCE, con perfil político y no técnico, ha preferido tirarse a la piscina y ha mantenido la bajada de tipos. Incluso la Reserva Federal, a cuya estela va habitualmente el BCE, ha preferido mantener tipos -previsiblemente, hasta después del verano-.
El BCE ha preferido llevar adelante la bajada de tipos que había prometido hace tanto -y cuyo incumplimiento les resultaría incómodo-, aunque los indicadores tampoco acompañan para tal medida. En el BCE son conscientes del exceso de liquidez que hay en el sistema, que se deriva de las operaciones de compra de bonos por parte del banco emisor, aunque ahora las están retirando (recordemos que la inflación es un fenómeno eminentemente monetario, ocasionado por el exceso de liquidez). De cualquier modo, la señal queda dada, y se supone que se ha tocado techo con los tipos y sólo resta descender cuando proceda.
Consecuencias de la bajada de tipos de interés
Como hemos visto, el BCE, previendo unas expectativas más moderadas de inflación, ha bajado los tipos de interés de las operaciones que realiza con el sistema bancario. Con esta medida se espera que los bancos, a su vez, reduzcan los tipos de interés del dinero que prestan a sus clientes, lo que lleva a que estos últimos tengan unas condiciones de financiación más beneficiosas y a que fluya más el crédito. Esto tiene su correlato en unas expectativas de reducción del Euríbor (tipo al que los bancos se prestan dinero entre sí, y referencia principal de los créditos a tipo variable) y una esperada mejora relativa de la situación de los endeudados.
El hecho de que los tipos tiendan a bajar, aunque sea a medio plazo, afecta a los inversores. Los que son más conservadores y están invertidos mayoritariamente en renta fija -al subir la cotización de los bonos cuando descienden los tipos de interés- se verán beneficiados en su inversión ya realizada a los tipos anteriores. Del mismo modo, los que son más arriesgados y sobreponderan en su inversión los valores bursátiles -debido principalmente a que las empresas se pueden financiar a tipos más bajos y a que la inversión en bonos va perdiendo atractivo frente a la renta variable- se verán previsiblemente beneficiados por la subida de las bolsas que suele acompañar a las bajadas de tipos.
En general, se verán beneficiadas especialmente aquellas empresas y sectores más fuertemente endeudadas; del mismo modo, esto favorecerá a las empresas apalancadas: altamente endeudadas para aumentar la cantidad de dinero susceptible de invertirse, con objeto de obtener una rentabilidad económica mayor de sus inversiones. Con esto, se verían beneficiados sectores como la energía o el inmobiliario.
A nivel micro, un colectivo especialmente afectado por estas políticas es el de los endeudados a tipo variable; especialmente las personas que soportan un crédito hipotecario, cuya mensualidad había llegado a situarse en máximos.
Para poder apreciar el efecto sobre un crédito hipotecario podemos considerar un caso estándar: ¿cómo afectará una bajada de tipo de interés del BCE del 0,25% a una hipoteca tipo de 150.000 euros a 20 años?
Los mercados, por su parte, han descontado ya la bajada de tipos de interés. El Euríbor a un año se sitúa en el mes de mayo en el 3,680%; se puede interpretar -en términos aproximados- que el mercado espera que dentro de un año el tipo de interés esté alrededor del 3,75%.
Si la hipoteca está referenciada a un tipo variable de Euríbor + 0,6 % revisable anualmente, en mayo del año pasado, y con un Euríbor a un año del 3,862%, la mensualidad era de 945,9 €. Si contratamos el mismo préstamo en mayo de este año con un Euríbor del 3’680%, la mensualidad será de 931,25 €. Vemos que la mejora en la mensualidad es leve (14,65 €), aunque la tendencia ha pasado a ser descendente (al contrario que el año pasado); algo es algo. De cualquier modo, una hipotética reducción del 0,25% en el Euríbor, supondría en último término una escasa mejora de 20 €.
Esta flexibilización de los tipos es de entrada poco significativa, y la bajada se va a hacer esperar; aunque, en el mejor de los casos, a medio plazo no parece que se vaya a bajar del 2%. Los tipos nulos son de la década anterior, y no conviene esperar que se repita una rareza así.