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No es fácil ser maestro

viernes 27 de noviembre de 2020, 07:54h

En el mes de noviembre coinciden la conmemoración de varios días llenos de significado para la comunidad educativa, la cual conforman maestros, familias y alumnos. Así, hemos conmemorado los días Contra la Violencia y el Acoso Escolar, por la Tolerancia, y el Día Universal del Niño, pero es el 27 de noviembre cuando celebramos en España el Día del Maestro, coincidiendo con el día del patrón de los docentes, San José de Calasanz.

No es fácil ser maestro en esta sociedad nuestra. No solo la pandemia ha complicado el trabajo docente, también la excesiva burocratización, la situación política, la prisa y la competitividad, y la creciente diversidad de familias y niños.

A los maestros les ha tocado convivir con el coronavirus, además de con todo lo que ya venía complicando su trabajo. Nos ha tocado a todos, pero a ellos más, puesto que pasan más tiempo con más personas en espacios más pequeños y cerrados que la mayoría de nosotros. A pesar de ello, poco a poco se ha difuminado el temor a que los niños propaguen el virus en mayor grado que los adultos, constatando, así que los centros educativos no son lugares de alto riesgo.

Por otra parte, la burocratización del trabajo docente en las últimas décadas y el constante ir y venir de nuevas leyes educativas aprobadas según el signo político del partido en el Gobierno tampoco ayudan a que uno de los trabajos más vocacionales que existen goce de buena salud. Un porcentaje considerable de nuestros docentes sufre lo que se conoce como “el síndrome del profesor quemado”, una dolencia que ya reconoce la OMS como enfermedad relacionada con el trabajo.

Pero tal vez la prisa y la competitividad desde la más tierna infancia, cuando aún no toca, sean uno de los peores aliados de los maestros. Prisa por que los niños aprendan a leer aun cuando su cerebro no está preparado y prisa por que cumplan objetivos que marcamos los adultos acostumbrados a vivir sin pausa en un mundo marcado por la competitividad. Y todo esto a bordo de un sistema educativo cargado de evaluaciones externas que, mal interpretadas, llevan a una competencia que se traslada en forma de presión a los docentes y a la vez a los alumnos.

Ejercer la labor docente es más complicado cada vez. Ser un buen maestro para todos tus alumnos, comprendiendo y aceptando la diversidad de ellos, velando por que ninguno se quede atrás o se sienta desmotivado, asegurando su bienestar y su aprendizaje, no es en un asunto trivial. En las aulas madrileñas conviven niños de orígenes diferentes, con capacidades distintas, y provenientes de familias heterogéneas que suponen un gran reto para la convivencia, la educación y el trabajo de nuestros profesores.

No debemos desdeñar la huella que los maestros dejan en nuestras vidas. ¿Quién no recuerda con especial cariño a uno o dos maestros de su infancia? Los maestros son para los niños figuras de apego. Eso lo saben bien las maestras de educación infantil, a las que muchas veces los niños las llaman “mamá”, de tan importantes que son para ellos. Pero también desempeñan un papel crucial los maestros de primaria y los profesores de secundaria, que conviven diariamente con adolescentes en pleno desarrollo de su identidad.

Un buen profesor puede marcar la vida de una persona para siempre, puede producir un impacto imborrable. Los maestros son verdaderos influencers que pueden definir el futuro de sus alumnos, marcándoles el camino hacia aquello a lo que se dedicarán, o los valores que abrazarán e incorporarán a su ideario.

Sin embargo, lo que un maestro transmite por lo que es, por el ejemplo que da, llega a marcar más que lo que enseña a través de los contenidos que explica en sus clases. Enseñar es mucho más que transmitir contenidos: es creer en tus alumnos, en que podrán llegar lejos; es respetar e infundir respeto, siendo tolerantes y exigiendo tolerancia; y, sobre todo, es ponerle mucha pasión a lo que haces.

Según el catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Mariano Fernández Enguita, tenemos que aspirar a tener el mejor docente en cada aula. Ni la ley Celaá ni ninguna ley podrá nunca mejorar la educación de los niños españoles como lo puede hacer un buen maestro. No es fácil ser maestro en estos tiempos. Por eso, a todos ellos, los animo a seguir ejerciendo su trabajo con amor, paciencia y grandes dosis de positivismo, porque ellos son realmente la pieza clave de la educación de nuestros niños y jóvenes.

Eva Bailén

Profesora y número 14 de la candidatura de Ciudadanos a la Comunidad de Madrid

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