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¡Ojalá!

viernes 08 de mayo de 2020, 09:06h

Ya estamos en otro día, ya estamos a las puertas de otro fin de semana ¡Ya es viernes!

Un viernes que no sé qué día supone en este Estado de Alarma en el que estamos y por el que nuestros políticos se siguen peleando en el Parlamento. Como si se tratara de una cuestión de confianza o de aprobar unos presupuestos. Entre votos a favor, votos en contra, abstenciones y como no... insultos. Eso últimamente no puede faltar en el Congreso, como si fuera la calle. Sin darse cuenta o peor aún, dándose cuenta pero dándoles igual, que los españoles, los que les hemos puesto ahí merecemos un respeto. Y si no lo hacen por los que estamos, podían hacerlo por los casi 30.000 fallecidos, que seguramente también les votaron y que el COVID 19 ha arrebatado sus vidas... En fin, no quiero hablar de política, era simplemente un desahogo.

Hoy estoy pensando en las ilusiones, en los anhelos que tenemos y que teníamos. En los que nos quedarán y en los nuevos que tendremos cuando salgamos de la burbuja de pesadilla en la que nos sumergimos hace ya casi dos meses. En los “ojalás”, esos que estos días no dejamos de sentir y de repetir con la esperanza de que se hagan realidad: Ojalá y encuentren la vacuna. Ojalá y esto acabe pronto. Ojalá y no haya un repunte ni más contagiados. Ojalá y no haya más fallecidos. Ojalá y recuperemos nuestra libertad. Ojalá y esto de verdad nos haga mejores, más humanos. Ojalá y cuando todo pase cuente a los míos y no falte ninguno. Ojalá y no se pierdan más puestos de trabajo. Ojalá y la crisis económica no sea tan grave y salgamos pronto. Ojalá y no tengamos que vivir nunca más una tragedia así.

Pero sobre todo pienso en los ojalás que estaban en nuestra mano y que se quedaron en el camino por no arriesgar. Todos los que hemos deseado, pero que hemos perdido por miedo a perder. Esos ojalás que ni hemos intentado porque nos han vencido los temores. El temor a la desilusión. El temor a la decepción y a decepcionar. El temor al fracaso. El temor a no ser correspondido. El temor a mostrarnos como somos. El temor al dolor. El temor al rechazo. El temor a perdernos, sin ni tan siquiera darnos la oportunidad de encontrarnos. El temor a caernos. El temor a perder el control. El temor a perder nuestra seguridad...

Ojalá y este tiempo sirva para nuevos ojalás. Y sobre todo para esos ojalás que nos reconcilien con nosotros. Que nos quiten culpa. Que nos den la oportunidad que somos capaces de dar a los demás y que nos negamos a nosotros. Ojalá y aprendamos a decir que no. Ojalá y nuestro llanto sea de emoción. Ojalá y nos levantemos siempre que caigamos. Ojalá y disfrutemos los momentos. Ojalá y nuestras ganas sean más fuertes que nuestros miedos. Ojalá y no nos ahoguemos en nuestra pena. Ojalá y quitemos piedras de nuestra mochila. Ojalá y liberemos nuestros miedos. Ojalá y encontremos armonía. Ojalá y sepamos lo que de verdad merece la pena. Ojalá y aprendamos que no siempre lo podemos controlar todo. Ojalá y no nos exijamos ser perfectos. Ojalá y no dejemos para mañana. Ojalá y no dejemos pasar una oportunidad. Ojalá y dejemos de imaginar y lo intentemos. Ojalá no nos privemos de un abrazo, un beso, un te quiero. ¡Ojalá y aprendamos a vivir todos los días de nuestra vida!

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que parece que llegó para quedarse para siempre y que llenó nuestras vidas de un exceso de presente. Y que nos hizo caer en la tentación de sobrevivir para que se nos olvidara vivir. Pero no lo consiguió, porque no contó con que aún nos quedaban muchos anhelos. Y empezamos por desear vivamente lo más inmediato, la salud, ver a los nuestros, salir. Y fue entonces, cuando nos dimos cuenta de que la vida nos estaba dando una oportunidad, quizá la más importante, la que no podíamos dejar escapar, porque estábamos vivos. Y fuimos conscientes de lo afortunados que éramos porque aún nos quedaban muchos ojalás que hacer realidad.

Esther Ruiz

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