www.madridiario.es

La hoja de ruta

sábado 25 de abril de 2020, 00:55h
Aunque no te hayas dado cuenta... ¡Es sábado!
Y aquí seguimos, en el mismo sitio que hace seis sábados. Y con la esperanza de que dentro de otros seis no estemos igual... Esta semana creo que está siendo especialmente dura para todos. Esta sensación de hastío, de cansancio, de apatía, de tristeza es generalizada y ya no hacemos nada por disimularla. Ya nos estamos dando cuenta de que no podemos seguir metidos en la burbuja como si nada pasara. Creo que el objetivo del COVID 19 es anestesiarnos para que seamos incapaces de reaccionar. Es tal el desgaste emocional que se está convirtiendo en físico. Y lo que en otro tiempo nos hubiera hecho rebelarnos, ahora lo asumimos con una resignación preocupante. No podemos hacer por más tiempo que no pasa nada, porque si pasa. Pasa que estamos en la situación más dramática que hemos vivido jamás. Con miles de fallecidos. Miles de contagiados. Miles de negocios cerrados. Miles de puestos de trabajo perdidos. Miles de personas que no tienen lo más básico, ni para comer. Miles de millones de euros de pérdidas... ¡Todo lo malo se cuenta por miles!
Y en esta situación no vale “el mal de muchos”, que es verdad que el mundo entero está así. Pero como suele pasar en todos los aspectos de la vida, lo que te afecta es lo que te pasa a ti y a tu entorno más cercano. Y esta situación se está alargando demasiado y necesitamos ya un plan. Si no nos lo quieren contar entero, al menos que nos den una pista a la que nos podamos agarrar para ser capaces de no perder la esperanza, esa que necesitamos para vivir. Que seamos capaces de ver un rayito de luz entre tanta oscuridad. Que yo entiendo que no tiene que ser fácil, pero no se puede decir un día tras otro “nadie se va a quedar atrás” y que nuestro sentimiento sea “atrás no sé, pero fuera seguro”. Ante tanta incertidumbre, ya necesitamos algo de claridad, de cosas concretas, de no decir por la mañana una cosa, por la tarde otra y al día siguiente asegurar “esta vez si”. Porque no nos pueden decir que cuidado con los bulos y que terminemos por no creernos lo que nos dicen los tienen que dar seguridad.
No sé, me gustaría seguir siendo optimista y hablar de ilusión, de reilusionarnos, de no rendirnos, de soñar, de desear... De todas estas cosas que he hablado estos días y en las que, por supuesto sigo creyendo a diario. Pero me cuesta mucho entender tanta contradicción. Que nos animen a aplaudir a nuestros sanitarios, cuando muchos de ellos se están dejando literalmente la vida porque no se les facilitan los materiales básicos para su seguridad. Que hagamos una fiesta en los balcones con casi 23.000 fallecidos. Que ahora salgan los niños con sus padres a la calle, cuando hay miles de contagios diarios y aún no sabemos por qué. Que se hable de la “desescalada” y aún no sepamos ni cuál es el primer paso. Que se hable de la importancia de la prevención y no tengamos test y los que tenemos no funcionan. Que sean imprescindibles las mascarillas para salir y no haya ni dónde comprarlas. Que vean como un triunfo el descenso de fallecidos, cuando llevamos más de un mes sin salir de nuestras casas. Que nos digan que “este virus lo paramos unidos” pero nos sintamos desamparados. Que el “un día menos” como slogan es estupendo, pero difícil de creer cuando no vemos el final de la cuenta atrás...
No sé, son demasiadas dudas, demasiada incertidumbre.Y si, animarnos y no decaer puede estar en nuestra mano, pero hay cosas que se nos escapan. Y para no comenzar a sentirnos a la deriva, necesitamos ver la hoja de ruta ya.
Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que monopolizó nuestras vidas, incluso se llevó miles de ellas. Y que fue tan cruel e imprevisible que nos pilló con el pie cambiado y no éramos capaces ni de dar el primer paso sin tropezar. Pero que pese a la somnolencia en la que nos sumió, hubo un día en el que despertamos y nos cansamos de palabras vacías y discursos retóricos. Y pensamos en nuestro futuro. Y aunque sabíamos que nada era cierto, nos empezamos a plantear muchas cosas que hasta ese momento no nos atrevíamos a pensar. Y comenzamos a tener criterio. Y descubrimos que tener ilusión era necesario, pero que había llegado el momento de tener certezas.
Esther Ruiz
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

2 comentarios