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La buena gente

miércoles 10 de junio de 2020, 10:45h

Otra semana que llega a mitad de semana.

Y ya sabemos más o menos que es eso de la Nueva Normalidad. Esa manera de llamar a lo que va a venir después del Estado de Alarma y va a tener hasta un Real Decreto Ley. Y la verdad es que la expresión se las trae, porque si es nueva como va a ser normal. Y además ¿Qué es lo normal? Bueno, mejor no entrar ahí que me lío. Vamos a dejarlo en que ya está más cerca el nuevo después, que no deja de ser una continuación de lo que tenemos ahora pero con responsabilidad y libertad de movimientos.

Y la realidad y por desgracia la normalidad, es que cada día mueren personas a las que nos les tocaba irse. Que se van demasiado pronto y no por COVID 19. Hay muchas enfermedades que cada día se encargan de recordarnos que están ahí. Y no se trata de luchas, ni de héroes, ni de valientes. Son personas que mueren víctimas de enfermedades que arrebatan vidas sin piedad. Y una de esas personas murió ayer, Pau Donés. Un ejemplo de coraje y vitalidad lleno de sensibilidad. Que puso letra y música a nuestros sueños y a nuestros sentimientos. Que supo exprimir la vida. Que dio visibilidad al cáncer desde que se lo diagnosticaron ayudando así a tantas personas. Que mucho antes de los aplausos, agradeció desde el primer día a “los ángeles que le cuidaron” por su cariño y profesionalidad. Que a pesar de tanto sufrimiento siempre tuvo una sonrisa y fue un ejemplo de vida. Que nos recordaba que la vida es un regalo. Y que fue generoso hasta el final de sus días y nos regaló una última canción “Eso que tú me das”.

Y esto me hace pensar, que entre tanto ruido, entre tanto odio, entre tantos gritos, entre tantos malos... También hay mucha gente buena. Y Pau Donés, debió serlo y lo seguirá siendo siempre. Gracias a sus canciones y a su recuerdo será eterno. Qué bonito que todo el mundo tenga un buen recuerdo tuyo. Que hayas pasado por la vida dejando huella y siendo tan querido.

La buena gente. Esas personas que te aportan luz en los días oscuros. Esos que desenredan nudos donde hay madejas. Esas personas que sabes que son buenas aunque no lo lleven escrito en una pancarta ni hablen de si mismas. Esas personas que dan sin esperar recibir. Que escuchan. Esas personas que no juzgan, que su bondad es altruista. Esas que siempre encuentran tiempo porque sus necesidades quedan relegadas.

Esas personas generosas, que no preguntan, que simplemente están y están siempre. Esas que saben la importancia de un gesto, de una palabra de ánimo, de un abrazo, de una caricia, del cariño. Esas que te hacen sentir bien sólo por el hecho de tenerlas a tu lado. Esas que no las tienes que descifrar. Esas que leen tus penas con solo mirarte incluso sin verte. Esas que ayudan sin que se lo pidas. Esas que sufren los problemas ajenos como propios. Esas que viven la felicidad de los otros como la suya o más. Esas que empatizan. Esas que no conocen el rencor ni los reproches. Esas que te hacen bonita la vida. Esas a las que no sólo le importas cómo estas, sino cómo te sientes. Esas que si estás mal no te dejan ni de día ni de noche. Esas que respetan y conocen tus silencios. Esas que se preocupan por ti de manera sincera. Esas que no te sueltan de su mano. Esas que te quieren como eres.

Por eso cuando esto pase que pasará... Recordaremos que hubo un virus que originó una pandemia mundial y que nos trajo una nueva enfermedad que se sumó a las que ya conocíamos y mataban a diario. Y lo hacían indiscriminadamente y se llevaban a quienes no les tocaba. Y arrebataban vidas de gente buena. Gente que además de un maravilloso legado dejaron un buen inolvidable recuerdo y en su despedida todo eran palabras de cariño, admiración y agradecimiento... Y eso nos hizo ver que en un mundo más acostumbrado a hablar que a escuchar, a recibir que a dar, a exigir en lugar de agradecer, a quejarse en vez de valorar, a reprochar en lugar de perdonar también había buenas personas. Y que muchas veces pasaban desapercibidas, pero sabíamos que existían porque nos daban felicidad y hacían que nos sintiésemos mejor. Y fue cuando nos dimos cuenta de que entre tanta oscuridad había buena gente que brillaba y que éramos afortunados por tenerlas a nuestro lado.

Esther Ruiz

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