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Conmigo o contra mi

martes 09 de junio de 2020, 12:07h

Nuevo día de la cuenta atrás. Otro día que suma en la resta.

Y cuando termine el día sabremos qué es lo nuevo que han pensado para nosotros en el Consejo de Ministros. Y por primera vez en tiempos de COVID 19 se van a ver las caras todos ellos, pero de verdad, sin pantallas de por medio. Parece ser que hoy van a darle forma a esa “Nueva Normalidad”, a ese nuevo después que quieren para nosotros a partir del 21 de Junio. Espero que sea algo más que un eslogan y más teniendo en cuenta que el último “Salimos más fuertes” no ha sido muy acertado. Ni hemos salido, ni mucho menos más fuertes y por desgracia, ni todos han llegado. En fin ¡Ya veremos con qué nos sorprenden!

Y nos decían que de esta pandemia íbamos a salir mejores y más solidarios... La verdad, es que si me han leído anteriormente, yo no tenía mucha fe en eso. Principalmente porque puede que todos tengamos algo bueno, no lo dudo, pero en muchos casos creo que es más una ilusión que una realidad. O será que no creo mucho en lo universal, en el todos o ninguno. Creo que es algo más personal y dependerá de la intención que tenga cada uno. Sacar lo mejor, así en general, no lo termino de ver, ni de nosotros ni de los que nos dirigen. Porque no somos capaces de ponernos de acuerdo ni en los que nos une. Es más, creo que no vemos o no queremos ver ni la cantidad de cosas que nos unen o que al menos, nos deberían unir.

Tampoco me quiero ir al otro extremo y decir que esto ha sacado lo peor de nosotros. Pero lo que si tengo claro, es que somos cada vez más intolerantes, que estamos más radicalizados. Ahora cualquier acto se transforma en una lucha visceral, incapaz de ponerle algo de sentido común. Somos adversarios, estamos divididos en bandos, es como si cada uno de nosotros lleváramos una etiqueta. Ahora no hay término medio, no sabemos discrepar. No está permitido pensar diferente. Ahora estás conmigo o contra mí.

Y nuestros políticos y los opinadores de todo nos alientan a que así sea. Cómo podemos tolerar que nos mientan, que hablen de muertos de una comunidad o de otra. De un Gobierno o de otro. Pero dónde hemos llegado. Ya no respetamos ni la memoria de los nuestros, ni a sus familiares. Consentimos que se pongan medallas y saquen pecho con miles de muertos y un drama social y económico como nunca antes lo habíamos vivido. Si lo hacen los míos aunque esté mal lo hacen bien, si lo hacen los otros aunque esté bien, está mal ¡Así estamos!

Y lo más peligroso de todo, discrepar es situarte en el bando enemigo. Ahora por menos de nada eres un facha, un fascista. Ser demócrata sólo está permitido a unos pocos, a los que piensan igual. No se puede ser liberal y no querer que te impongan el pensamiento único y ser progresista, eso es sólo privilegio de unos pocos. Como si alguien tuviera la verdad absoluta y te diera un “carné de demócrata”. Utilizamos con tanta ligereza palabras tan graves que hace que las banalicemos hasta perder su sentido.

Nos manipulan y nos dejamos. Nos enfrentan y nos dejamos. Nos confunden y nos dejamos. Quieren que no tengamos criterio y hasta lo están consiguiendo. Y lo peor de todo, quieren que nos odiemos y nos odiamos... En la confrontación somos más fáciles de manejar, porque perdemos el sentido común, porque todo es visceral. Todo son mensajes efectistas y van tan rápido y con tanta intensidad que nos hacen incapaces de ver los matices, incluso de ver la posibilidad de que otro, aunque no sea de los míos, tenga razón. No sabemos convencer porque lo que realmente queremos es vencer.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que nos asoló y que por un momento vivimos en un oasis de solidaridad. Pero que lejos de sacar lo mejor de nosotros y de nuestros gobernantes nos dividió aún más. Y fue entonces cuando “estabas conmigo o contra mí”. Y justo en ese momento despertamos y empezamos a pensar que igual nos querían así, enfrentados. Pero que no lo podíamos consentir, porque ya estábamos cansados de volver a los bandos que tanto sufrimiento habían provocado en España, como para volverlos a resucitar.

Esther Ruiz

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