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Aprender a aprender

jueves 30 de abril de 2020, 08:11h

Y así como quien no quiere la cosa... ¡Último día de Abril!

Y tantas ganas teníamos de buenas noticias, que no sabemos si las fases de la desescaladason una buena noticia, mala o regular. Primero porque no las hemos entendido muy bien y además, no sé si nos ha dejado peor de lo que estábamos... Unas fases sin fechas, no da mucha confianza, la verdad. Creo que nuestra convivencia con el COVID 19 se prevé larga. Estamos ante una desescalada incierta. Y por eso, ya no podemos a hablar de cómo será nuestra vida en futuro, sino que lo tenemos que hacer en presente. Porque nuestra vida ya es diferente.

Si nos hubieran dicho hace menos de dos meses que nuestra vida iba a ser esta, no lo hubiéramos creído. Es más, cuando empezó toda esta pesadilla de enfermedad, drama, confinamiento, y pérdida de libertad, nos veíamos incapaces de muchas cosas y sin embargo, no nos quedó otro remedio que asumirla. Y al final, hasta nosotros estamos sorprendidos de nuestra capacidad de adaptación. Y aunque no nos hubiéramos parado a pensarlo antes, la vida es eso, adaptarnos. Puedes elegir no adaptarte, pero sería como negarte a aprender.

La vida es principalmente aprendizaje y el día que dejamos de aprender, es porque estamos muertos. Y Ahora nos toca centrarnos en un aprendizaje vital: el de aprender. Es verdad que cada uno somos lo innato, pero también somos aprendizaje, ese que nace con la vida. Desde que respiramos, ya estamos aprendiendo. Y es curioso ver como hay personas que eligen no aprender, pero en este momento, esa no es una opción. Necesitamos aprender qué vale la pena aprender, qué queremos aprender. Y para eso y para evitar frustraciones, es muy importante saber lo que ya no tendremos, bien porque lo hemos perdido, porque no nos hace falta o porque ya no habrá posibilidad de tenerlo.

Aprender a salir a la calle.

Aprender a quedar en un bar o a ir a un concierto

Aprender a viajar.

Aprender a comprar.

Aprender a trabajar o a buscar trabajo.

Aprender a distanciarnos. Y este aprendizaje nos puede venir bien para tomar distancia de quien no nos conviene y hasta ahora no nos habíamos atrevido.

Aprender a relacionarnos de manera diferente. Es posible que con menos roce, pero no por eso con menos cariño.

Aprender a valorar a las personas y también lo que tenemos, sin centrarnos en lo que nos falta.

Aprender a decir lo que no nos gusta y exteriorizar lo que nos encanta.

Aprender a reconocer errores y pedir perdón.

Aprender a canalizar nuestras emociones que estos días se han visto desbordadas.

Aprender a vivir sin los que ya no están.

Aprender a no condicionar nuestra felicidad a un futuro.

Aprender a que cada día, ya no será un día más, sino un regalo para exprimir.

Aprender a quejarnos menos y agradecer más.

Aprender a dejar fluir, a sonreír, a mirar, a expresar lo que sentimos sin miedo.

¡Aprender a aprender a VIVIR!

Por eso, cuando esto pase que pasará... Recordaremos que hubo un virus que se metió, en nuestras casas, en nuestras relaciones, en nuestros trabajos, en nuestras emociones, en nuestras costumbres y nos puso nuestras vidas patas arriba para que no las supiéramos controlar. Y nos confundió hablándonos de futuro incierto y de nueva normalidad. Pero justo en ese momento despertamos. Y nos dimos cuenta de que no se trataba de que nada iba a ser igualsino, de que ya, nada era igual. Y fue entonces, cuando nos dimos cuenta que teníamos que empezar un nuevo aprendizaje, el de Vivir para Aprender. Porque si aprendíamos sólo a sobrevivir corríamos el riesgo de perder el interés por la vida.

Esther Ruiz

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