En el conglomerado de pisos que forman el distrito de Usera, un pequeño estudio da a una calle común. Podría pasar desapercibido entre lo mundano, pero en su interior esconde toda una maquinaria que funciona sin parar, como la de un reloj. Cuando se abren sus puertas, da la sensación de que el 'barrio chino' se ilumina con los colores del arcoíris. Como en sus obras. Hablamos con Óscar San Miguel Erice, más conocido como Okuda, que atiende a Madridiario rodeado de sus últimas creaciones para repasar su dilatada trayectoria.
Cuadros en proceso de edición, esculturas que ya se han exhibido en varios países y hasta un museo en una sala polivalente que utilizan para exposiciones. En este recinto, Okuda lo tiene todo. Hasta un Porsche que él mismo coloreó para conmemorar el 75 aniversario de la marca. Dice que él se atrevería a sacarlo a la calle, pero que no sabe conducir. También nos cuenta el proyecto que ahora se trae entre manos: un videojuego, además de las nuevas equipaciones que recientemente ha diseñado para España en los Juegos Paralímpicos de París 2024. “Me encanta que por fin hayamos diseñado una camiseta que representa los colores”, confiesa, y añade que está “muy contento de que la camiseta se haya inspirado en mi ‘Estrella del Kaos’, que simboliza que cada uno tiene que hacer su camino, es decir, que hay infinidad de caminos que cada uno tiene que construir según lo que quiera”.
Nacido en Santander y crecido “en un bar de barrio al que iban todos los universitarios y las prostitutas”, pasaba las tardes con los niños, jugando al fútbol o patinando. “El hecho de haber estado mucho en la calle ha hecho que acabe pintando en la calle”, confiesa, aunque lo cierto es que en sus obras suele mostrar “el estado de ánimo”, “la diversidad y la libertad”, así como “el sentido de la vida y el existencialismo”, no tanto sus vivencias. “Mi obra se puede clasificar por épocas, pero no por nada que me haya pasado en la vida”, atestigua, y al escucharle hablar, uno se da cuenta de que toda su vida gira en torno a su obra: “Mi obra es una extensión de mí mismo y al revés, todo lo que tiene que ver con mi vida general es una extensión de mi obra”.
La primera referencia que tuvo fueron algunos graffitis que había en las calles de su tierra natal, además de los cuadros que le enseñaba en bocetos un cliente del bar. Y, aunque es considerado un artista callejero, afirma que su inspiración viene más del arte clásico “que del street art”: “De hecho, muchas de mis obras son reinterpretaciones de obras clásicas”. Entre ellas, destaca 'El Jardín del Kaos', que tiene como referencia 'El Jardín de las Delicias', de El Bosco. En ella, existe una dualidad entre “lo que vemos, tocamos y vivimos frente a lo que pensamos, sentimos y expresamos”.
En cuanto a la simbología de sus obras, la mezcla de animales y humanos, es decir, el llamado teriomorfismo que tanto predomina sus trabajos, tiene un porqué: “Esa inspiración viene de conocer un poco todas las religiones y todas las maneras de entender la relación entre los humanos y los animales”. En las religiones asiáticas y africanas, hay mucho respeto por la especie animal. “De alguna manera le pongo siempre el pico por liberarla, es decir, una mujer pájaro fuera de la jaula”, aclara.
El color para simbolizar todas las razas en una
Pero este no es el único elemento que predomina en sus proyectos. “Sobre todo lo que más aparecen son mujeres gruesas, por ir en contra de los cánones”, cuenta Okuda, que admite que “ha habido muchos años en los que la mujer ha tenido que ser de una determinada manera, y luego otros tantos años atrás en los que el hombre firmaba las cosas que hacía la mujer”. Además, esta forma de dibujar a la mujer, le parece “mucho más pictórica”. Los cuerpos humanos rellenos de ladrillos aluden a la “pertenencia al sistema capitalista”, de modo que “las pieles de ladrillos son un poco vivir en este sistema”. Y afirma que al color le da una importancia abismal para poder “simbolizar todas las razas en una, todas las culturas en una”, y la importancia de “valorar todas las tradiciones culturales para la evolución del hombre.
Sin embargo, han sido varias las obras que han cambiado el rumbo de su trayectoria, haciéndolo conocido en todo el mundo. En España, la famosa “Iglesia Kaos Temple”, en Llaneras (Asturias), fue la primera que le dio voz al polifacético artista por varios motivos: “Sobre todo porque se juntaban tres mundos: el lenguaje contemporáneo, un edificio clásico (la iglesia) y el skate”. Y, por supuesto, no se olvida del faro de Ajo, que a pesar de la polémica que suscitó el proyecto, es el segundo monumento más visitado de Cantabria, después de las Cuevas de Altamira. En el entorno internacional resaltan los murales que realizó en los edificios gigantes de Toronto, París, Kiev y Moscú, que contaban con 25 pisos.

Para todos sus trabajos, cuenta con un equipo humano que le ayuda y que ha adquirido la forma, el estilo y la ejecución del artista. Su madre también está presente en algunas de sus creaciones. Ella participa en las obras que denomina “bordados”. “Son telas que voy trayendo del mundo y lanas que hemos generado en una gama de colores, lo que hago es la traducción literal de mi pintura a los bordados, dibujo todo el lienzo en crudo y, mientras viajo, mi madre y mi hermano lo van cosiendo”. “Los bordados transmiten más diversidad y más igualdad y una especie de collage simboliza todas las banderas”, expresa, añadiendo que lo que más feliz le hace sentir es cuando atardece y se encuentra pintando en una planta 25 “y tengo una visión de la ciudad única y puedo moverme libremente con la grúa como si estuviera volando de alguna manera”. “La sensación de estar cambiando el skyline de la ciudad con una nueva pintura icónica es muy potente, aunque cuando acabo una exposición y la inauguro es como parir un hijo”, concluye.
"Cuando acabo una exposición y la inauguro es como parir un hijo"
Elementos del Surrealismo y del Pop-Art convergen para dar forma a un arte inclasificable. “Al final es un lenguaje también muy digital, aunque todo esté hecho a mano”, describe, afirmando que “la geometría, como yo la planteo, ha salido de mí de una manera orgánica”. “Me he dado cuenta de que mi cabeza, a pesar de tener el círculo cromático muy metido para colorear obras, la geometría también está muy inmersa y, como fractalizo todo, de alguna manera responde a un sistema casi matemático”, entonces “eso es una especie de surrealismo pop, pero casi digital”.
Cuando le preguntan cuál es su mejor proyecto, siempre dice que está por venir. Uno de los últimos en la Comunidad de Madrid, 'Paisajes que te observan’, es un gran mural que decora el colegio Miramadrid de Paracuellos de Jarama. Casi 30 años creando y la cabeza de Óscar no ha parado ni un instante. Lo que más le estimula son los aviones, por la cercanía con las nubes. Le gustaría que en el mundo del arte le recuerden “como alguien que puso su corazón en todo lo que tenía alrededor, en beneficio no sólo de generar nuevas obras, sino también de equilibrar los grandes proyectos con temas sociales”. Al salir de su estudio solo se puede desear que no se le acaben nunca las ideas.