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El parque de Tierno

El parque de Tierno

Por Carmen M. Gutiérrez
viernes 30 de mayo de 2008, 00:00h
Todos los parques dan vida a las ciudades, pero el Enrique Tierno Galván vino a simbolizar el cambio en los usos del suelo en el sureste de Madrid a mediados de los ochenta. Además de sus extensas praderas, llaman la atención las privilegiadas vistas de la ciudad que ofrece.
Cuando el alcalde Enrique Tierno Galván plantó el primer árbol del parque que lleva su nombre, Evelia fue a verle hasta Arganzuela. El espacio verde, previsto en el Plan General de Urbanismo de 1985, se iba a llamar parque del Planetario, debido a la construcción simultánea del observatorio astronómico. Pero tras la muerte del mítico regidor un año más tarde la ciudad decidió ponerle su nombre como homenaje.

Ahora, veintiún años después de su inauguración, Evelia ha vuelto a este parque con una de las visitas guiadas a los espacios verdes de la ciudad que ha programado el Ayuntamiento para esta primavera. Así lo relata junto a la estatua de Tierno Galván que preside la plaza de la parta más alta del parque y a la que unos espontáneos le han colado en la mano flores de los arbustos que la decoran.

Detrás de la estatua, enmarcada en una columnata semicircular, se encuentra uno de los miradores del parque. Pueden verse a lo lejos las cúpulas de la ciudad vieja y en un primer término los restos de la gran actividad industrial que albergaba la zona hace unas décadas, como la antigua estación de Delicias, convertida ahora en Museo del Ferrocarril, o una alta chimenea metálica que hace años que no funciona.

Pero no es el único rincón del parque que permite contemplar los variados horizontes de la capital. Los barrios del sureste se divisan desde el antiguo Cerro de la Plata, lugar que recibió ese nombre por el color de la carbonilla procedente de los trenes de vapor que se depositaba en forma de montaña. Como este montículo hay otros en el Tierno Galván que albergan en su interior los escombros que antes degradaban la zona.

Desde la parte baja del jardín también se puede contemplar la estampa que ofrecen Villaverde y Vallecas, con el parque lineal del Manzanares y su Dama esculpida por Manolo Valdés al fondo, y las colinas del Cerro del Tío Pío.

Tras este mirador se encuentra uno de los estanques, con sus respectivos géiseres, que estructuran la parte sur del parque y que se encuentra unidos por una ría. Esta parte es la más frecuentada por los vecinos, sobre todo para salir a correr, montar en bici o pasear al perro.

La monitora que guía la visita no sólo explica la historia del lugar y las curiosidades que guarda. También se detiene junto a los árboles para que el grupo aprenda a distinguirlos y espera a que aparezca un pájaro carpintero de entre ellos después de oírlo piar. En el parque de Enrique Tierno Galván las especies vegetales más comunes son las distintas variedades de arces, las olorosas melias, los elegantes tilos, y los plátanos de sombra y sóforas que procuran atrapar la contaminación de las concurridas carreteras lo rodean.
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