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Los tres jardines de Sorolla

Los tres jardines de Sorolla

miércoles 11 de enero de 2006, 00:00h
En el corazón de Madrid se esconde una joya verde: los jardines de la Casa Museo del pintor Joaquín Sorolla, diseñados por el mismo a principios del siglo XIX.
En pleno corazón de Madrid, rodeado de asfalto y altos edificios, se mantiene una joya verde: el jardín del Museo Sorolla, o mejor dicho, los tres jardines que rodean la casa del pintor valenciano y que él mismo proyectó. En 1908 Joaquín Sorolla viajó a Sevilla por un encargo de la familia real y quedó prendado de los jardines de inspiración hispano-musulmana. Quiso reproducir en su parcela de la calle General Martínez Campos de Madrid algunos hitos de la jardinería andaluza, aunque los motivos italianos salpican todo el conjunto.

En el número 37 de la calle General Martínez Campos se levanta un hotel rodeado de 800 metros cuadrados de jardín. Es la casa que el pintor valenciano mandó construir en 1910 y que hoy alberga su obra completa. El espacio verde que rodea la finca puede considerarse una sala más del museo, porque Sorolla, apasionado por los paisajes naturales, acometió la empresa de diseñar el mismo y con exquisito mimo los jardines de la casa. El proyecto incluía la creación de tres espacios a diferentes niveles, separados por escalones y con diversas inspiraciones. Los elementos decorativos, como las fuentes, columnas, la pérgola o las esculturas fueron adquiridas por el propio Sorolla en diferentes lugares de España.

La conversión de la casa del pintor en museo ha permitido conservar no sólo los luminosos óleos del artista sino su diseño del jardín que fue restaurado entre 1987 y 1990. Según explica el director del Museo Sorolla, Florencio de Santa-Ana, uno de los principales problemas de este espacio verde es la luz. "Es un jardín que debería estar lleno de plantas de flor", se queja el director, "sin embargo no hemos conseguido nunca una plantación estable y seguimos experimentando con diversas plantas, porque apenas llega la luz del sol". Este es un problema con el que Sorolla no se enfrentó a principios del siglo XIX, cuando los castaños de indias alineados en la calle General Martínez Campos no habían sido plantados y las casas de nueve plantas adosadas a los lados del museo no habían sido construidas. Mantener un jardín andaluz en pleno corazón de Madrid en el siglo XXI es un reto complicado.

El jardín está dividido en tres espacios. Sorolla trazó el primer jardín inspirándose en el Jardín de Troya o del Laberinto de los Reales Alcázares de Sevilla. De él tomó el diseño de la parte inferior de la fachada de la casa, y el de la fuente central. Enriqueció este espacio con tres escudos, en el muro oeste, y un banco de azulejería trianera, además de columnas con esculturas encima, de inspiración italiana. El segundo jardín es el que más problemas le suscitó a Sorolla, porque quiso encajar una pérgola típica en la jardinería italiana que no casaba con la imitación granadina que pensó para este espacio. Este segundo espacio está inspirado en el Jardín de la Ría del Generalife y acentúa su carácter granadino con los arrayanes traídos de la Alhambra y el pilar o fuente, comprado por el pintor en Granada.

HerreroFinalmente el tercer jardín introduce dos elementos dispares enfrentados: una pérgola de origen italiano y una alberca sevillana coronada con unas figuras alegóricas del artista Francisco Marco Díaz Pintado. El saliente redondo del salón de la casa y una escalera de azulejería crearon una una planta irregular que impidió a Sorolla diseñar un jardín de tradición árabe. Además los jardines andaluces nunca exhiben esculturas con representaciones humanas. Por lo que el jardín de Sorolla se permite innumerables licencias que le alejan de de los jardines hispanoárabes puros. La plantación de todo el espacio verde finalizó hacia el 1917.

Este rincón vegetal conserva muchos de los árboles plantados en época del pintor. Por sus caminos se descubren especies como la acacia, el árbol del amor, moreras, cipreses, un espléndido magnolio, pitos pórum o un laurel. Sorolla plantó naranjos en un origen, de los cuales no queda ninguno, aunque un pequeño limonero reciente se mantiene en una maceta. Además se han plantado parras, nísperos, camelias y en la alberca asoman macetas de adelfas. Según explica Florencio de Santa-Ana el jardín está abierto al público en general en las horas de apertura del museo y es utilizado en los meses de primavera y verano para realizar talleres culturales para niños. Además, está en proyecto un ciclo de jazz que tendría como escenario los jardines de Sorolla en las noches de verano.
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