¿Grafiteros, delincuentes o artistas?
lunes 21 de abril de 2008, 00:00h
Actualizado: 28/04/2008 16:47h
Han cambiado el movimiento del paisaje urbano por el sosiego de las habitaciones de un hotel. Estamos en la número 301 del Room Mate situado en Vázquez de Mella. Aunque ya hay trasiego de huéspedes, la inauguración oficial será el 15 de noviembre, fecha en la que 24 de las 75 habitaciones este hotel y su vestíbulo habrán sido decoradas con grafitis.
Si sus edades son variadas —rondan de los 24 a los 35 años—, también lo son sus estudios. Desde Ingeniería de Caminos a Bellas Artes, pasando por Economía, Publicidad y Diseño. Con tal heterogeneidad, no es de extrañar que cuando se reunieron por primera vez en el hotel para plantearse la decoración, las ideas fluyeran como la pintura de sus aerosoles.
Serían, si nos ponemos a ello, capaces de dar color a esos barrios de Madrid que están grises, aquellos en los que el territorio tiene un orden diferente, aquellos en los que la mayoría del tiempo de vida de la gente está en la calle.
Sin embargo, la actuación municipal es contradictoria: mientras genera normas necesarias para castigar a los que “ensucian” la ciudad y agreden el medio ambiente y el arte no pone en marcha y en valor el arte contemporáneo del grafiti con los protagonistas, profesionales artistas que también quieren hacer valer sus obras. Seis millones de euros al año, equivalentes a 1.000 millones de pesetas, es lo que se gasta cada ejercicio el Ayuntamiento en limpiar de pintadas de las paredes, vallas, escalones y cierres de comercios de la capital. Se propone una nueva ordenanza de limpieza urbana, en la que se recogerán medidas aplicables en esta guerra contra los grafitis que quiere iniciar el gobierno local.
Asimismo, indicó que se sancionará a los que realicen pintadas en la vía pública, monumentos, estatuas o mobiliario urbano, con el objetivo de mejorar el embellecimiento, limpieza y calidad de vida en las ciudades. Las sanciones van desde los 300 a los 6.000 euros para los 'grafiteros'.
Otros pensamos que se debería actuar no solo desde la prohibición, no concebirlo como delito. Denles fachadas, murales, exposiciones, orienten desde la escuela. Informen y formen sobre el cuidado de la ciudad, trabajen el sentido de pertenencia.
¡Si Picasso levantara la cabeza, estaría con ellos!
En este tema hay otras opiniones que hay que considerar. “Se trata de un acto que representa para ellos un sentimiento de pertenencia al grupo, a la banda, al territorio, amén de un sentimiento de seguridad y confianza entre los que considera iguales y no diferentes a él”.
Nada hay más fascinante para un joven grafitero, y en particular para un joven adolescente grafitero, que saber que se han aprobado medidas coercitivas que endurecen las sanciones si son sorprendidos rayando las paredes, las casas, los edificios públicos y privados, las bardas, etcétera.
Pues bien, considero muy difícil saber y afirmar si endureciendo las sanciones se disminuirá o se erradicará a los jóvenes grafiteros. Lo que sí puedo afirmar es la fascinante sensación que los jóvenes, y en particular los jóvenes, y en particular los jóvenes adolescentes, experimentan cuando logran hacer lo que está prohibido y sancionado por la ley, más cuando se trata de un acto que representa para ellos un sentimiento de pertenencia al grupo, a la banda, al territorio, amén de un sentimiento de seguridad y confianza entre los que considera iguales y no diferentes a él.
Efectivamente, quien conozca este mundo sabe perfectamente que lo prohibido se busca, en este contexto; sabe perfectamente que cualquier joven que logre la mejor pintada, en el mejor lugar, y cuanto más alta la valla mejor, dentro del grupo tendrá reconocimiento e incluso se convertirá en modelo de comportamiento a seguir.
Estoy totalmente de acuerdo en que algo se tiene que hacer contra las conductas delictivas juveniles, de ninguna manera apruebo que se dañe propiedad alguna con grafiti o cualquier cosa. Sin embargo, seria deseable saber qué espacios y oportunidades les estamos ofreciendo hoy a los jóvenes de los barrios más vulnerables de Madrid. Es importante señalar también si pueden disfrutar de espectáculos deportivos y musicales para los jóvenes a precios asequibles.
Pues bien, sí a la disciplina en los jóvenes, sí al trabajo, la cultura, el ocio y el deporte, sí a la salud, la educación y el empleo para todos ellos. Pero tal vez propuestas como talleres en colegios y centros culturales, trabajar con el grafitero adolescente desde las actitudes, crear un centro de difusión y formación de muralismo, negociar un reglamento para la ocupación de los espacios de la ciudad, y revalorizar el arte urbano como expresión de arte contemporáneo pudieran ser propuestas a considerar.
Milagros Hernández Calvo
Concejala del Ayuntamiento de Madrid y trabajadora social