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¿Qué está pasando en el PP?

¿Qué está pasando en el PP?

viernes 18 de abril de 2008, 00:00h
Si algo ha caracterizado hasta la fecha al Partido Popular era su imagen de unidad y cohesión. Desde hace bastantes años, esta formación política parecía una balsa de aceite, donde una voluntad superior –la de José María Aznar- guiaba los pasos de sus dirigentes y nadie se movía ni un milímetro de la posición oficial. Cierto que desde siempre se han vivido algunos enfrentamientos personales, del tipo Aguirre-Gallardón, larvados y en la sombra durante algún tiempo y que afloraban progresivamente hasta hacerse visibles. Pero no dejaban de ser anécdotas en un vasto mar de aparente calma y tranquilidad. Mientras en otros partidos se escuchaban voces disonantes, aquí nadie destacaba en el coro.
 
Pero ahora las cosas parecen haber cambiado, y mucho: ya no se trata de un enfrentamiento fratricida, seguramente sin solución posible salvo la ruptura total. Ahora, la misma dirección del partido se ha convertido en el pim-pam-pum de esta particular feria. Donde antes sólo había ortodoxia y unanimidad, ahora hay división; el bloque compacto que siempre sugería el PP ha resultado ser como los legos, desmontable en piezas más pequeñas; resulta que el coro tenía solistas.

No es bueno para ningún partido que sus disputas internas se aireen de puertas para afuera. Por la mala imagen que sin duda transmite esta situación, y porque debilita a su líder y dirigente en un momento en el que está, precisamente, más necesitado que nunca de un refuerzo. Pero es justo eso lo que se pretende, sospecho, con las actitudes que se ven y se oyen estos días: bajarle de nivel, situarlo en el mismo peldaño en que pudiera estar cualquier otro militante o militanta con intención de sustituirle en la dirección popular.

Lo cierto es que por razones estratégicas o por simple torpeza, el PP ha tomado un rumbo que lo acerca inequívocamente al de otras formaciones, como el PSOE o la propia Izquierda Unida. Partidos que nos tienen acostumbrados a los ciudadanos a la periódica exposición pública de sus trapos sucios. Y aunque la transparencia siempre es buena, y los procesos democráticos internos terminan reforzando a un partido, el paisaje no siempre es edificante.
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