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A leches con el agua

A leches con el agua

miércoles 09 de abril de 2008, 00:00h
Actualizado: 14/04/2008 08:47h
Anda el agua ligeramente descolocada y con una crisis de identidad que está a punto de llevarle a pedir hora en el psiquiatra.
Ella, que hasta hace nada circulaba por el territorio nacional con la despreocupación del que no entiende de empadronamientos, se encuentra de un tiempo a esta parte conque, a la vuelta de cualquier recodo, hay un propio que le pregunta aquello de "y tú de quién eres" o que intenta, tras dejarla llegar al mar y previo paso por una desaladora, llevársela en barco a un puñado de kilómetros de donde estaba en un principio.

Por si toda esta operación no fuera suficiente para provocar  desequilibrios emocionales en cualquiera, la pobre agua del grifo se encuentra además con la sorpresa de que los restaurantes madrileños la quieren elevar de categoría social hasta el nivel de la mantequilla del aperitivo y del bollo de pan, cobrándola en su formato "jarra de la de toda la vida" a un euro la pieza, o lo que es lo mismo, a mil veces el precio al que la cobra el Canal de Isabel II.

Se rumorea que desde que se conoció la noticia, sus primas con apellidos de rancio abolengo como Vichy Catalán o Solán de Cabras andan haciéndole la vida imposible para no tener que competir en la carta con semejante plebeya .

Ante tal cúmulo de despropósitos, no es de extrañar que este simpático elemento escasamente valorado siempre y cuando nos brote de la alcachofa de la ducha por las mañanas y la factura se pague al mes- si los grifos funcionaran con el sistema parquímetro y hubiera que soltar la pasta cada vez que abrimos un grifo, otro gallo cantaría-, esté empezando a vengarse de nosotros de la única manera que sabe, osease, cayendo en todos los rincones del mapa menos en donde se necesita.
Merecido lo tenemos por liantes.
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