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Que los miserables no nos cambien el voto

Que los miserables no nos cambien el voto

sábado 08 de marzo de 2008, 00:00h
Todo estaba preparado para el fin de la campaña electoral pero nada sucedió según lo anunciado. Unos miserables, que  esperaron escondidos la llegada del ciudadano vasco Isaías Carrasco para acabar vil y cobardemente con su vida, trastocaron todos los planes y los últimos mítines no llegaron a producirse. El silencio se hizo el amo de la pista y los gritos de tristeza fueron acallados con la decisión de suspender toda actividad en busca del voto.

Podrían haberse transformado los últimos encuentros de los candidatos con sus seguidores en actos cívicos en defensa de nuestra libertad y de rechazó a la violencia. Podría haberse extendido por todo el territorio nacional el eco del silencio de los no violentos en cada uno de los finales de campaña del PP de Rajoy, del PSOE de Zapatero, de la IU de Llamazares y de los demás partidos democráticos que aspiran a estar representados en las próximas Cortes Generales. Fue un leve error de nuestra clase política,  que desconfía de sí misma y por eso impone el fin de todo lo electoral, porque sabe que siempre habrá más de uno que quiera sacar los píes de tiesto de la ética política para arañar algún voto a traición.

Recordando que en un solo día de campaña electoral hasta cuatro mujeres cayeron a manos de su terrorista machista particular y que a nadie se le ocurrió suspender la actividad,  reflexiono y  pienso que, si no hubiesen irrumpido estos miserables,  habríamos votado el 9-M a la opción elegida para meter en el sobre electoral.

Ahora que no podemos dar marcha atrás en el tiempo y que el dolor por el asesinato del socialista vasco es grande, respondamos votando a quien pensábamos votar.
A veces, otros miserables, los que buscan en la miseria propia o ajena parte de su alimento, recurren a discursos miserables en los que incitan a descubrir qué candidato puede verse beneficiado por el asesinato. La hija de Isaías ha pedido que nadie utilice la muerte de su padre para sacar beneficio y que demos el último adiós a la víctima desde la urna de cada uno de los colegios electorales de toda España. Que los aprovechados queden en silencio y que el silencio de los que rechazamos la violencia suene tan fuerte que pueda llegar al último votante. Que los miserables no nos cambien el voto.
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