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Vista aérea de una de las edificaciones de la Villa Romana de Valdetorres (Madrid).
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Vista aérea de una de las edificaciones de la Villa Romana de Valdetorres (Madrid). (Foto: Comunidad de Madrid)

La Villa Romana de Valdetorres, declarada Bien de Interés Cultural

lunes 01 de junio de 2026, 18:50h
Actualizado: 01/06/2026 19:14h

La Villa Romana de Valdetorres, situada en Valdetorres de Jarama, ha sido declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por la Comunidad de Madrid en la categoría de Zona Arqueológica. El enclave está considerado uno de los ejemplos más destacados del modo de vida romano tardío en el centro peninsular.

El Consejo de Gobierno ha aprobado esta protección oficial para un yacimiento incluido en el Plan de Yacimientos Visitables de la región y situado a orillas del río Jarama. El asentamiento fue construido a finales del siglo IV y pudo estar ocupado hasta los primeros años del siglo V.

La villa se levanta sobre la segunda terraza del río Jarama, en el norte de la Comunidad de Madrid, en un territorio que ya en época romana tenía un importante valor estratégico.

La zona actuaba como espacio de paso entre el valle del Duero y la depresión del Tajo, articulada por vías naturales como los valles fluviales y los puertos de montaña de la Sierra.

En este entorno rural, con acceso a tierras fértiles, agua, rutas comerciales y control territorial, se situaban enclaves clave para la organización del territorio, como Complutum, la actual Alcalá de Henares, Mantua y Titulcia.

A partir del siglo III, las villas romanas se consolidaron como centros de producción agrícola y como expresión del poder económico y social de las élites. La de Valdetorres no fue solo una explotación agraria, sino también residencia, taller y almacén.

Sus espacios se organizaban en torno a la pars urbana, destinada a la vida residencial; la pars rustica, vinculada a trabajadores y sirvientes; y la pars fructuaria, dedicada a almacenes, graneros y producción.

Un yacimiento de planta octogonal

Uno de los elementos más singulares de Valdetorres es su edificio principal, una estructura de planta octogonal que constituye una rareza dentro del mundo romano. Este diseño centralizado, regular y simétrico recuerda a construcciones como la Vila Brisa de Milán o el Macellum de Gerasa, en Jordania.

El núcleo mejor conservado corresponde a la pars urbana, organizada mediante un anillo de habitaciones alrededor de un peristilo o patio central. Cuatro grandes salas cuadrangulares se abren a este espacio mediante puertas y se rematan en ábsides ultrasemicirculares.

Según los arqueólogos, las pequeñas estancias triangulares situadas junto a estas salas pudieron funcionar como dormitorios, mientras que los espacios cuadrangulares habrían actuado como salones y los ábsides como comedores.

La entrada principal se situaría probablemente en el noroeste y daría acceso a una zona de transición hacia el peristilo. En el extremo opuesto se ha identificado un área que podría haber estado destinada a baños y corrales.

La construcción se realizó con técnicas sencillas, como cimientos de cantos rodados unidos con cal, paredes de mampostería irregular y cubiertas sostenidas con vigas de madera. En los derrumbes se han encontrado tejas curvas y clavos que apuntan a este tipo de estructura.

Entre los hallazgos más llamativos del peristilo figura un horno de vidrio cuya cronología sigue abierta al debate. Algunos especialistas lo sitúan en época romana, mientras que otros lo vinculan a una reutilización altomedieval del espacio.

De su hallazgo a la recuperación del enclave

La historia reciente de la villa comenzó en 1977, cuando Andrés Caballero identificó los primeros indicios arqueológicos. El hallazgo fue confirmado por Luis Caballero, técnico del Museo Arqueológico Nacional, que pronto advirtió la relevancia del lugar.

Un año después comenzaron las primeras excavaciones, dirigidas por Luis Caballero junto a los arqueólogos Javier Arce y Miguel Ángel Elvira. Fue entonces cuando se documentó por primera vez la singular planta octogonal de la residencia, dando inicio a una investigación que se prolongaría durante décadas.

Tras aquellas campañas iniciales, nuevas intervenciones entre 2006 y 2010, y especialmente entre 2018 y 2022, permitieron limpiar, consolidar y acondicionar el espacio para hacerlo visitable.

Durante estos trabajos se restauraron muros, se reprodujeron pinturas murales y tramos de opus signinum, y se acondicionaron elementos decorativos del peristilo, como estatuas y basas.

También se identificaron nuevas estructuras vinculadas a la zona de servicios, donde vivían trabajadores y sirvientes, así como restos asociados a almacenes y graneros.

En las zonas norte, noreste, este y sureste del yacimiento se localizaron habitaciones, muros y hoyos de poste pertenecientes a construcciones más humildes. También se identificó un edificio rectangular al nornoroeste del octógono, posiblemente relacionado con la zona de servicios, y varias inhumaciones en el entorno.

Esculturas, marfiles y materiales de lujo

La Villa Romana de Valdetorres destaca también por la riqueza de sus hallazgos. Entre los más relevantes figura una colección escultórica de gran calidad artística, compuesta por al menos 13 esculturas de mármol negro, blanco y jaspeado.

Estas piezas representan animales, divinidades y héroes, entre ellos un tritón, un esculapio y un arquero. Aunque están fechadas en los siglos II y III, aparecieron en una villa posterior, lo que se interpreta como muestra del refinamiento y la capacidad económica de su propietario, que pudo importarlas desde Italia o Asia Menor.

A esta colección se suma un conjunto excepcional de más de 400 piezas de marfil y hueso tallados, entre placas decorativas, elementos arquitectónicos, brazaletes, broches y una ficha de juego con el número V.

La calidad técnica y estética de estos objetos convierte a Valdetorres en uno de los yacimientos más relevantes del occidente del Imperio Romano en el ámbito de la eboraria.

También se han recuperado cerámicas comunes y de lujo, como terra sigillata hispánica y de importación, herramientas metálicas, monedas de distintas épocas, restos de estuco y mosaicos, además de elementos constructivos. Muchos de estos materiales aparecieron en niveles de derrumbe, protegidos del expolio posterior a la caída del Imperio.

Con su declaración como BIC, la Villa Romana de Valdetorres refuerza su protección como testimonio excepcional del mundo rural romano en la cuenca del Jarama. El yacimiento permite comprender la evolución de las élites tardorromanas, que en un contexto de crisis urbana encontraron en el campo un espacio para mantener su poder, su producción económica y su estilo de vida.

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