El diez por ciento de los restaurantes madrileños, una de las ciudades europeas con mayor densidad gastronómica, son chinos. ¿Por qué?
La respuesta me la proporciona Vanesa Diez Barriuso, directora de la Fundación Museo Jorge Rando. “Entienden la vida de forma muy parecida a nosotros”. Parece contraintuitivo, que se dice ahora para designar lo que no se ajusta literalmente a la evidencia, pero si te fijas, te das cuenta de que son ruidosos, familiares y tienen propensión a la espiritualidad.
Quizás esto último es lo que ha propiciado la conexión de Jorge Rando, (Málaga 1941) con China donde acumula seis exposiciones de su pintura. “Los chinos conocen a Rando mucho mejor que los españoles”, afirma Enrique Alonso García, miembro del Consejo de Estado. Varios miles de chinos han pasado por el Memorial de Qi Baishi, que viene a ser el Picasso chino, para entender, por el Art Sichuan de Chengdu, el Shenzhen, el Xuzhou, el Jinji Lake y el Jiushi Art de Shanghai, y han contemplado la representación de sus “Maternidades, los retratos que nos recuerdan la benevolencia y los desnudos que despojan de lo material para alcanzar la esencia”.

Aquí sin enterarnos.
En su séptima incursión a China, Rando ha recalado en Madrid. En el Centro Cultural de la calle General Pardiñas. Aquí ha presentado “La fuerza de la expresión,” una colección de sesenta obras , entre óleos y dibujos realizados desde los años setenta hasta hoy que podrán “degustar” los pequinenses en el Museo Nacional de Arte de China ( NAMOC) que, para entendernos, es el Prado español. Hasta allí llegarán los temas más representativos como Mariposas, Luz de la Flor, Naturalezas, Maternidades o Mininiaturas con las que el autor quiere representar la vida, el amor, el sufrimiento o la compasión. Valores que necesitan ser vistos a través de las formas y el color.

Esta espiritualidad convierte a Rando en un “filósofo de la pintura” que conecta con el sentido del arte en la tradición artística china. “Espiritualidad no es evasión, sino compromiso”. Puntualiza Díez por si a alguien se le va el santo al cielo. Por lo cual, llegamos a la conclusión que es más material de lo que algunos piensan.
El valor de lo pequeño
Rando empieza a pintar mariposas en 2019, un año antes de la pandemia de coronavirus. “La mariposa representa la relación del ser humano con la naturaleza”. “El artista busca lo extraordinario en lo ordinario”. Oigo estas palabras y no puedo evitar dar un salgo gigantesco y recordar a una vecina del barrio de Tetuán, recientemente fallecida, que edificó su reino alrededor de una humilde zapatería. El barrio entero acudió a su funeral porque entendió que cada media suela reparada contenía una declaración de amor. Jamás ví tan evidente la espiritualidad de la que se habla , en este caso referido a un artista internacional.
Cuando se habla de arte, las palabras te estallan en la cabeza si no eres un entendido, pero si te detienes, es algo más cotidiano de lo que parece. Es una emoción que te sale de dentro y el artista , Rando, es capaz de darle forma y plasmarlo en un lienzo.
La exposición que viajará al NAMOV supone un diálogo cultural y una “conexión emocional”, declaró la subdirectora del Centro Cultural de China en Madrid, Xu Tingting. Su presentación en Madrid forma parte de eso que Enrique Alonso denomina “El poder blando”, una suerte de diplomacia que aproxima a los pueblos.

El neoexpresionismo del malagueño Jorge Rando cruzará la ruta de la seda partiendo de Madrid.
Contará a los ciudadanos chinos mensajes que tienen que ver con lo pequeño, con aquello que contiene la esencia del ser humano. Cosas que ya saben y por eso les gusta tanto.