Durante los últimos días, Madrid ha vivido un intenso debate tras la aparición de dos jabalíes cruzando el río Manzanares a la altura del Puente de Segovia. El vídeo, grabado por un viandante, ha corrido como la pólvora en redes sociales, generando dos bandos muy definidos: quienes han celebrado el suceso como un símbolo de la recuperación ecológica del río renaturalizado y quienes han advertido de los riesgos de permitir que fauna salvaje se acerque tanto al entorno urbano.
En X (antiguo Twitter), el contraste ha sido evidente. “Me acaban de pasar este vídeo… La riqueza natural en el río sigue creciendo desde que se renaturalizó”, ha señalado un usuario visiblemente entusiasmado con la escena. Al otro lado del espectro, otros ciudadanos han mostrado su inquietud: “Es súper buena idea que jabalíes puedan entrar a la zona urbana, sobre todo habiendo un parque frecuentado por niños y para el paso de bicis… veremos cuántas alegrías nos dan”, ha escrito otro internauta con ironía. Un tercero ha sido incluso más tajante: “Los jabalíes son animales SALVAJES. Pueden transmitir enfermedades o incluso matar a una persona. Hay que ser muy pero que muy imbécil para pensar que es buena idea tenerlos danzando por una ciudad”.
El vídeo, de apenas unos segundos, ha mostrado a dos ejemplares jóvenes atravesando con tranquilidad el cauce del río y perdiéndose después entre la vegetación del parque.
Un fenómeno “excepcional”, según ecologistas
Para entender el alcance real del suceso, este medio ha consultado a Erika González, miembro de Ecologistas en Acción. González ha explicado que la presencia de los dos animales no debe interpretarse como un síntoma de una colonización estable, sino más bien como un hecho aislado. “Lo que ha ocurrido se debe a la propia estructura ecológica del río Manzanares. El tramo renaturalizado funciona ahora como un corredor verde, algo que no había sucedido durante décadas. Por eso se han visto más mamíferos en los últimos años, desde zorros hasta alguna nutria. Pero lo de los jabalíes es muy probablemente un episodio esporádico”, ha señalado.
La portavoz también ha contextualizado la aparición relacionándola con el Pardo, donde las poblaciones de jabalíes son abundantes y desde donde podrían haber llegado ocasionalmente al cauce del Manzanares. “No estamos hablando de una manada que haya decidido instalarse; seguramente eran dos ejemplares dispersantes explorando territorio. Igual que ocurrió con aquella zorra que vimos en las islas de vegetación hace un par de años”, ha recordado.
A pesar del revuelo, la experta ha insistido en que la presencia puntual de fauna salvaje es “un indicador de éxito” del proceso de renaturalización: “Si esto ocurre es porque el río vuelve a funcionar como un ecosistema continuo. No lo vería como una amenaza, sino como el reflejo de que el Manzanares está recuperando su papel ecológico”.
No obstante, también ha señalado que el jabalí no es un animal típico de ambientes fluviales y que, por tanto, es improbable que su presencia se vuelva habitual: “Puede volver a ocurrir, pero no es un hábitat óptimo para ellos. No es previsible que se vuelvan residentes”.
Una ciudad en transformación ecológica
El episodio, más allá del impacto viral, ha reabierto el debate sobre hasta qué punto la renaturalización del río puede implicar un mayor contacto entre la fauna y los ciudadanos. Desde que el proyecto se puso en marcha en 2016, los técnicos han observado un retorno progresivo de especies: aves acuáticas, peces autóctonos, reptiles y pequeños mamíferos que habían desaparecido durante décadas de canalización.
Entre los hitos más celebrados se ha incluido la aparición de nutrias, consideradas un bioindicador de aguas bien oxigenadas. “Si la nutria ha vuelto, es porque el sistema funciona”, ha reiterado la portavoz ecologista. Pero también ha admitido que el éxito de la restauración ecológica implica nuevos retos en materia de convivencia urbano-natural.
Mientras algunos vecinos han recibido la aparición de los jabalíes con entusiasmo, otros han mostrado preocupación: temen que estos encuentros puedan volverse frecuentes y pongan en riesgo la seguridad en las zonas de paseo, deporte y ocio infantil.
La Comunidad de Madrid recuerda su plan de control
En medio del debate y con los nuevos focos de peste porcina africada (PPA) que se están dando a lo largo de la región, la Comunidad de Madrid ha querido tranquilizar a la ciudadanía, recordado que posee un Plan de Control Poblacional de Jabalíes que estará vigente hasta 2030. Según la nota de prensa oficial, este plan busca reducir riesgos para la salud pública, minimizar accidentes de tráfico y evitar daños en agricultura, ganadería y espacios naturales.
Aunque la nota de prensa va más enfocada a zonas donde es más habitual encontrarse con animales de esta especie, la Comunidad ha explicado que desde abril mantiene activas medidas excepcionales, como la declaración de comarca de emergencia cinegética temporal en áreas con alto riesgo de accidentes por atropello. En el resto del territorio, se continúa con los controles habituales establecidos por la normativa cinegética.
El plan incluye esterilización de hembras, capturas controladas, repelentes y sistemas eléctricos disuasorios. En los últimos años, Madrid ha incrementado notablemente las capturas, pasando de 6.000 ejemplares anuales en 2016-2017 a más de 9.000 en las últimas temporadas. El Gobierno regional también ha reforzado su colaboración con otras comunidades, como Cataluña, para frenar el avance de la peste porcina africana, enviando equipos especializados para la localización y retirada de ejemplares infectados.
Un control que está enmarcado dentro de la alerta de la peste porcina africana, y no por su aparición en el río Manzanares. Desde el Ejecutivo madrileños han subrayado que no se ha detectado ningún caso de esta enfermedad en la región y que mantiene vigilancia estrecha en todas las explotaciones ganaderas.