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Yo, presidente

Por María José Cavadas
jueves 20 de noviembre de 2025, 14:03h
Actualizado: 20/11/2025 14:14h

Lo primero que me viene a la cabeza cuando alguien se sienta a mi lado en el autobús es quién será. No su nombre ni apellido, sino si será un asesino a sueldo, por ejemplo, o un vendedor ambulante. No hay manera de distinguirlo.

Tristán, seudónimo que engloba a los tres autores de Yo, presidente (ed. Penguin), ha seguido un planteamiento parecido, pero al revés. Ellos saben quién es el desconocido del que hablan, a qué se dedica y de lo que es capaz.

Luis Cueto, José Manuel Calvo y Mario Garcés tienen información para estar sobre aviso.

El desconocido que dibujan a lo largo de la novela les es familiar. Han desayunado juntos y hasta han brindado por alguna victoria. Es uno de los suyos; incluso podría ser el compañero de pupitre. De ahí que le conozcan tan requetebién.

Se llama Humberto, pero el nombre no dice nada. Podría llamarse Pepe o Constancio.

Cuentan que fue un estudiante “regu”, que dejó los estudios cuando olió que podía hacer carrera en la política, que se enamoró cuando le tocó y que tuvo un suegro que le abrió camino en ese mundo. Esto sí que fue random, como se denomina ahora al azar.

Calvo, poco amigo de las conspiraciones porque piensa que la sociedad es demasiado compleja como para explicarla de un plumazo colocando una conspiración aquí y allá, debió disfrutar al comprobar que el suegro, tan fundamental en la carrera de Humberto, apareció de manera fortuita. Como suelen aparecer los suegros.

¿A quién no le ha pasado un acontecimiento random en su vida? A mí me tocó una olla exprés hace años y todavía me quedan restos de sorpresa en la cara.

La conjunción de los tres autores no es tan casual. Estaban en la misma baldosa. Se dedicaban a la política, aunque bajo distintas banderas. Por esas casualidades de la vida, tan aleatorias como el viajero que te toca en el asiento del bus, un día conectaron y se pusieron a escribir de sus cosas: de los interiores de los partidos políticos.

No hablan de ninguno en particular. “Los partidos son un ecosistema y en el interior no se diferencian en nada”, afirma Calvo.

Humberto incluso cambia de partido sin alterarse, como quien alterna el grifo del agua fría y la caliente. El suegro es un cacique que ha “enchufado” a unos y a otros, y en esa madeja de favores reside su poder. “Es un inmoral, un tránsfuga por naturaleza. Solo le motiva el poder”, asegura Mario Garcés. Humberto se sumerge en el ecosistema y, paso a paso, para pasmo del lector, llega a lo más alto.

¿Se arrepiente de las marrullerías y traiciones del camino? Preguntan en la sala donde se presenta el libro. “A veces duda, pero solo un momento”, responde Luis Cueto.

La madeja de intereses está tan perfectamente tejida que, incluso si quieres marcharte asqueado, no te dejarán. “Quienes te rodean necesitan que sigas para sobrevivir ellos”, insiste Cueto.

Humberto deja la conciencia en el perchero y se adapta perfectamente. Si hay que sacrificar a alguien, cero problema; si hay que cambiar de bando, ni gota de acidez en el estómago. Pone cara de paisaje cuando le viene bien y solo mueve un músculo cuando le conviene.

Tristán, o lo que es lo mismo Calvo, Cueto y Garcés, lo conocen divinamente. Se han sentado mil veces con él en el escaño, pero han necesitado 381 páginas para describirlo.

Portada del libro "Yo, presidente" de Tristán Paniagua, Luis Cueto y José Manuel Calvo

A estas alturas el lector se hace dos preguntas:

  1. ¿Es posible que alguien así llegue a presidente? Respuesta: sí rotundo.

  2. ¿Cuál es la salida?

Yo, presidente es un diagnóstico. “Hemos abierto una cortinilla para que el ciudadano pueda ver qué hay dentro”, explica Cueto, pero no parece que haya muchas esperanzas de cambiar las cosas.

Bueno, sí, coinciden los tres. Puede que llegue un momento en que la sociedad dé un puñetazo en la mesa y las cosas cambien. La esperanza está en la sociedad porque los partidos “no se van a regenerar”.

Yo, presidente escandaliza. Quizá porque retrata el interior de la política sin ropaje alguno. Y al ciudadano de a pie se le hace difícil soportar tanta simpleza.

Mario Garcés (Jaca, 1967), inspector de Finanzas del Estado, fue subsecretario del Ministerio de Fomento entre 2016 y 2018 y diputado en el Congreso entre 2019 y 2023.

Luis Cueto (Madrid, 1961), funcionario del Estado, ha sido director de Recursos Humanos del Ministerio de Justicia, subdirector general del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y coordinador general y concejal del Ayuntamiento de Madrid entre 2015 y 2023.

José Manuel Calvo (Madrid, 1984), doctor arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, fue concejal del Ayuntamiento de Madrid y delegado de Desarrollo Urbano Sostenible entre 2015 y 2023. En la actualidad se dedica a la consultoría en Ineco como gerente de Planificación Urbanística.

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