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La terapeuta ocupacional y profesora imparte una sesión de yoga adaptado a las personas usuarias del SAD de Atende.
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La terapeuta ocupacional y profesora imparte una sesión de yoga adaptado a las personas usuarias del SAD de Atende. (Foto: José Ant. Velasco)

Yoga adaptado: una ventana al bienestar de las personas mayores

martes 21 de octubre de 2025, 07:33h
Actualizado: 29/10/2025 09:03h

En una amplia sala luminosa, con música suave y un ambiente tranquilo, un grupo de personas mayores sentadas en sillas colocadas en círculo respira al unísono. No hay prisas ni metas que alcanzar, solo movimiento consciente, sonrisas y la sensación de bienestar que brota del cuerpo. Así transcurre una sesión de yoga adaptado, una práctica que ha incorporado Atende, filial de Clece, en el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) del Ayuntamiento de Madrid.

Con miles de años de historia, el yoga ha demostrado ser mucho más que una disciplina física. En su versión adaptada para personas mayores, se convierte en una herramienta terapéutica y accesible, ayudándolas a mejorar su movilidad, equilibrio y calidad de vida. Con cada respiración y cada gesto, los mayores redescubren su capacidad de moverse, relajarse y disfrutar del presente.

“La práctica de yoga normalmente se suele hacer de pie o en el suelo sobre una esterilla. En este caso, como tratamos con personas con mucha diversidad funcional, adaptamos las posturas para practicarlo sentado. Quien lo puede hacer de pie se levanta, pero normalmente lo hacemos en silla”, explica Rocío Platero, la terapeuta ocupacional y profesora de yoga que imparte esta clase de en torno a una hora de duración. “Debido al nivel de atención que exige y la fatiga que genera, la práctica con personas mayores tiene que ser más pausada porque necesitan más descanso e instrucciones más lentas”, comenta Platero.

Beneficios que van más allá de lo meramente físico

Participantes de la sesión de yoga adaptado

Las sesiones suelen combinar estiramientos suaves, ejercicios respiratorios y momentos de relajación. “El yoga adaptado favorece mucho el contacto con el propio cuerpo, tomar conciencia de cómo está, qué molesta o qué puedo mover”, relata la profesora de yoga incidiendo en que “toda esa parte de prospección tiene muchos beneficios”.

Profesionales del ámbito geriátrico defienden que la práctica continuada de esta actividad entre las personas mayores proporciona mayor flexibilidad y fuerza muscular, gracias a movimientos que estimulan las articulaciones sin forzarlas. Asimismo, mejora el equilibrio y la coordinación, habilidades clave para prevenir caídas. Además, reduce el estrés y la ansiedad, ya que las técnicas de respiración favorecen la calma mental.

"En la última práctica hemos introducido el elemento de la pelota para tener un foco externo de atención y que no sea un yoga tan meditativo ni tan dirigido a conectar con el interior”, traslada la profesora. “Gran parte de estas personas, al estar solas en casa, ya tienen mucho tiempo para conectar consigo mismas, así que tratamos de realizar la práctica de una manera un poco más divertida”, añade.

El fortalecimiento del vínculo social es otro beneficio importante del yoga adaptado para mayores. Al practicarse de manera colectiva, compartiendo un espacio de convivencia y apoyo entre iguales, “se animan unos a otros generándose esa conexión de grupo", apunta Rocío. Por extensión, mejora la autoestima de las personas mayores participantes “porque ven que son capaces de llevar a cabo la práctica”.

Una práctica que favorece el envejecimiento activo y saludable

Las sesiones combinan estiramientos suaves, ejercicios respiratorios y momentos de relajación

Más allá del ejercicio físico, el yoga adaptado se ha convertido en una actividad para fomentar el envejecimiento activo que estimula la mente, mejora la concentración y favorece la serenidad entre las personas usuarias del SAD, que buscan mantener su vitalidad y autonomía. Al finalizar la sesión, los participantes coinciden en manifestar su satisfacción.

Iluminada García presume de haber hecho “algo de ejercicio” a lo largo de sus 85 años de vida, así que esta actividad le ha resultado fácil. “Yo me he visto bien, pero hay personas que son un poquito más mayores que yo y no están acostumbradas o no han hecho gimnasia nunca y les puede haber costado un poquito más de trabajo”.

Hace hincapié en que los movimientos que realizan en la clase son “lentos, suaves y muy fáciles”, procurando mover todo el cuerpo. “Los hemos hecho con una pelota de tenis, para que nos sirviera de punto de referencia”, añade sobre una sesión en la que, según explica, también les enseñan a respirar. “Te quedas muy relajada”, afirma.

Ella misma eligió apuntarse a la actividad porque siempre le ha gustado el deporte. Iluminada se muestra convencida de que la actividad física para la gente mayor es imprescindible: “Trato de hacer todo lo que puedo dentro de mis limitaciones, voy a taichí, a sesiones dirigidas a mejorar la psicomotricidad y procuro andar todos los días una hora. A mí lo que me gusta es poder moverme por mí misma, aunque tenga que ir más despacio debido a mis problemas en la vista”.

Pese a las dudas que albergaba, a Eulalia Ráez, de 66 años, la convenció su hija para que probara el yoga adaptado. “Pensé que no iba a saber hacerlo, pero ella me dijo que era bueno para mí y me animó, así que me apunté”, confiesa.

Para esta usuaria del SAD, el yoga adaptado consiste en “hacer algunos ejercicios suaves con los brazos” y agacharse con la pelota “hacia una pierna y hacia otra para terminar con la relajación”.

Remarca que, en la sesión, todos los participantes son capaces de seguir las instrucciones sin tener que reunir unas condiciones especiales. “Hay que tener un poquito de control, aunque a mí la pelota se me escapó porque tengo una dificultad en el lado derecho del cuerpo”, recuerda. Por eso, la terapeuta le ofreció una pelota más grande con relieve “que tenía más agarre”, adaptando la actividad a sus limitaciones.

No escatima en elogios para Rocío, por “su trato, su cercanía y esa forma de hablar tan suave que relaja”. Aunque no ha practicado deporte en su vida, el yoga no le resulta desconocido. “Sigo clases por la tablet desde casa, pero es distinto, me gusta más aquí, es menos agresivo. Además, prefiero que la clase nos la dé ella, que nos pone música suave y relajante”. La experiencia le ha resultado tan grata que ya está preguntando cuándo será la próxima sesión para apuntarse.

"Es una práctica que suele gustar mucho, tanto a nivel físico como a nivel emocional, porque salen muy relajados”, certifica Rocío. “Tenemos previsto incluirla dentro de nuestra rutina de actividades dirigidas a la promoción de un envejecimiento activo viendo la buena acogida que tiene entre las personas mayores”, asegura.

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