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Feria del chocolate Pinto
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Feria del chocolate Pinto (Foto: Ayuntamiento de pinto)

El legado industrial con aroma a cacao que aún perdura en Pinto

Por Pablo García Sanz
domingo 26 de octubre de 2025, 08:00h
Actualizado: 02/11/2025 12:45h

En el centro de la Península Ibérica, Pinto fue durante más de siete décadas el corazón del chocolate en España. Aunque hoy el municipio es más conocido por su oferta medioambiental, su potente capacidad hotelera o por el paso del Tren de la Fresa, en esta localidad no olvidan que fue el hogar de la primera gran fábrica de chocolate movida por vapor en todo el país: la Compañía Colonial.

Fue el 1 de agosto de 1866 cuando los motores de esta emblemática factoría se encendieron por primera vez, inundando la ciudad de un intenso olor a cacao. Detrás de aquel proyecto estaba el empresario francés Jaime Méric Saisset, quien decidió trasladar su producción desde Madrid aprovechando la conexión ferroviaria de Pinto con la costa de la península.

La fábrica se convirtió en un motor económico, social y ahora cultural. En su día llegó a emplear a más de 500 personas, lo que representa una cifra impactante, teniendo en cuenta que la localidad contaba en aquel entonces con apenas 2.000 habitantes. Además, la familia Méric no solo generó empleo, también se volcó con la ciudad, participando de manera activa en el desarrollo de las infraestructuras de Pinto, como la construcción del nuevo matadero municipal.

La Compañía Colonial no fue una chocolatera más. Fue proveedora de reyes, papas y emperadores. Su prestigio traspasó fronteras, aunque donde realmente dejaron huella fue en Pinto, un pueblo que todavía recuerda a la familia Méric con un busto en su honor ubicado en la chimenea de la antigua fábrica.

Justo Almendrote, referente del presente

El recién nombrado embajador gastronómico de la ciudad es una de las figuras que en el presente sostiene la recuperación del legado chocolatero del municipio.

Almendrote cuenta a Madridiario que, aunque lo que realmente le enamoró del chocolate fue su versatilidad. Aún recuerda que su olor inundaba todo el municipio durante su infancia: “Me enganchó el producto, su capacidad para moldear, crear y experimentar. Recuerdo Pinto como un lugar que olía a chocolate”.

Una de las principales aportaciones del pastelero en la localidad es sin duda el Ombligo de Pinto, creado en 2020. La idea surgió de una conversación informal con uno de sus antiguos alumnos, Guillermo Cortero, que más tarde sería concejal del municipio. Buscaba crear un postre con sentido, representativo y duradero. Y lo lograron: un bizcocho de zanahoria, que rinde homenaje al Pinto hortelano, fresa en honor al paso del Tren de la Fresa en la ciudad y, por supuesto, chocolate en recuerdo de la histórica fábrica. Todo ello coronado con un nombre redondo “ombligo” en referencia a la forma del postre y la localización geográfica del municipio.

Ombligo de Pinto

El pastelero reconocido con multitud de galardones, además ha compartido generosamente la receta del Ombligo de Pinto con las pastelerías del municipio para que pudieran comercializarlo libremente: “No quería que fuera solo mío. Es algo de Pinto para Pinto”.

"Es algo de Pinto para Pinto"

La aportación de este dulce fue reconocida también de forma institucional con el nombramiento de Justo como Embajador Gastronómico de Pinto, lo que ha tenido un especial significado para el pastelero: “Yo ya he ganado muchos premios, pero esto es distinto. Es mi pueblo. Para mí eso lo es todo”.

Justo Almendrote

El chocolate como reclamo turístico

Em la actualidad, desde el Ayuntamiento se trabaja por potenciar esta tradición, no tan conocida fuera de Pinto, con campañas locales en fechas señaladas como San Valentín, el Día del Padre o la Feria de Chocolate, celebrada cada septiembre con recreaciones históricas, catas, teatro y productos artesanos.

Para el futuro también hay planes. La próxima creación de una Guía Hostelera del Chocolate, en la que se incluirán pastelerías y restaurantes que apuesten por platos elaborados con cacao, promete ser un atractivo turístico para visitantes interesados en probar la oferta gastronómica de Pinto. Y en el centro de todas las iniciativas, el Ombligo de Pinto, por supuesto. Protagonista en cada pastelería de la ciudad, no solo se ha convertido en un bocado que resume la historia de su municipio, también en una receta que alimenta el paladar y el orgullo de un pueblo que un día fue epicentro del chocolate en España.

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