Cuando entras en la página web del histórico Club de Natación Jiménez (CNJ) sorprende un curioso mensaje: “Querida familia del Club Natación Jiménez: con enorme tristeza queremos comunicaros que, tras más de 60 años compartiendo pasión por la natación, el CNJ cesará su actividad de forma definitiva el próximo 30 de junio”.
Así, en un breve, pero emotivo comunicado, el CNJ pone punto y final a una trayectoria de más de seis décadas que lo convirtieron en un referente deportivo y social de Hortaleza. Fundado en 1966 por Antonio Jiménez, campeón de España en natación, el club fue mucho más que una piscina: fue escuela, familia y hogar para generaciones y generaciones de nadadores hortalinos.
Tras el fallecimiento del fundador, la familia de Jiménez tomó las riendas de la gestión hasta el cierre definitivo. “Nos quedamos con la cantidad de niños que hemos educado en el deporte, dándoles lo mejor de cada uno de nosotros... La transmisión de valores que les acompañarán toda su vida, ayudándoles a ser personas de bien. Niños y adultos que tendrán unas vidas basadas en la disciplina, el respeto y la superación”, confesaba Charo Jiménez, viuda del fundador del club, que no quiso dar más declaraciones a este digital sobre los motivos de su cierre por ser un tema doloroso “a nivel sentimental” para ella y su familia.

Desde su nacimiento, miles de niños pasaron por sus instalaciones en la avenida de los Madroños para aprender a nadar, competir o convivir. Algunos llegaron a defender el club en campeonatos nacionales e incluso internaciones; otros como David Aresté decidieron enseñar la disciplina y valores del club a otros nadadores convirtiéndose en entrenadores.
Aresté descubrió la natación casi por casualidad. En su infancia jugaba al fútbol en Paracuellos, donde vivía, pero durante unos cursos de verano le insistieron en que tenía buenas cualidades para el agua. Animado por sus padres, que conocían a familias con hijos en el Club Natación Jiménez, se presentó a la prueba de nivel con apenas diez u once años. Poco después se incorporó al equipo de competición, iniciando una trayectoria que marcaría toda su vida.
Con el tiempo, dejó de ser solo nadador para convertirse en parte del staff técnico. En 2007 comenzó a trabajar como socorrista y monitor, y años más tarde asumió el cargo de director técnico del equipo de competición, coordinando a los entrenadores, gestionando las relaciones con la federación y acompañando a varias generaciones de deportistas en su crecimiento dentro y fuera del agua.
El CNJ estaba dividido en dos pilares: por un lado, las escuelas de natación, con centenares de niños y adultos que aprendían a nadar cada año; por otro, el equipo federado de competición, que llegó a tener alrededor de 90 deportistas en activo.
El golpe duro que sumergió el club
El principio del fin llegó con la tormenta de Filomena en enero de 2021. El temporal hundió el tejado acristalado que albergaba la piscina olímpica, el gimnasio, la cafetería y los vestuarios. La vida del club se sostuvo a duras penas gracias a la piscina de verano, a la que se colocó una cubierta provisional para que pudieran entrenar aquellos deportistas federados, ya que la escuela infantil tuvo cerrar durante las obras.
Pero no todo pudo recuperarse. Parte de las instalaciones quedaron dañadas y nunca se repararon del todo. “Había una zona vallada, justo encima de la sala de máquinas, que quedó sin arreglar”, recuerda el técnico deportivo del club.

Con las deficiencias estructurales y los elevados costes de mantenimiento, el club entró en una situación económica crítica. Al tratarse de una entidad privada, no podía acceder a las ayudas públicas que sí reciben los clubes sin ánimo de lucro o de gestión municipal, tal y como cuenta Aresté.
La noticia del cierre se empezó a rumorear en primavera. “Primero nos dijeron que iban a cerrar un par de meses para hacer obras en esa zona vallada que no había llegado a arreglarse, incluso se habló de un ERTE temporal. Pero en mayo ya nos confirmaron que era definitivo”, asegura.
El 30 de junio fue el último día que el Club de Natación Jiménez abrió sus puertas, poniendo así fin a su historia entre ‘chapuzones’.
El legado continúa
Aunque el CNJ cesó su actividad, su filosofía no ha desaparecido. En cuanto se confirmó el cierre, parte del cuerpo técnico, entre ellos Aresté, se movilizó para que los nadadores no se quedaran sin equipo.
Se llegó a un acuerdo con el colegio Mater Immaculata, en Arturo Soria, cuya piscina gestiona la empresa Randori Sport. Allí se trasladaron muchos de los deportistas del Club Natación Jiménez.
El nuevo club mantiene la esencia, aunque no el nombre. Por cuestiones legales y económicas no se pudo continuar con la marca original. Pero sí con su espíritu: la mascota siempre fue un cocodrilo, y ahora el equipo se llama Alligators.
“La idea inicial era mantener el nombre y tan solo trasladar la actividad a una nueva instalación. Al final es un club histórico que todo el mundo conoce. La familia estaba de acuerdo, pero luego al mantener contacto con sus abogados nos dijeron que eso era imposible por las deudas que ya tenía el club. Entonces decidimos crear un nuevo equipo e intentar mantener los mismos valores, pero sin cometer los mismos errores para no llegar al mismo sitio”, reconoce Aresté.
El terreno de la avenida de los Madroños queda ahora pendiente de decidir. Su calificación urbanística, dotacional privado deportivo, limita las posibilidades de futuro. En una zona envejecida y sin gran demanda, levantar un gimnasio no parece viable.
Mientras tanto, Hortaleza pierde un emblema. El Club de Natación Jiménez cierra un ciclo, pero deja tras de sí una herencia que seguirá viva en el recuerdo de miles de nadadores y, ahora, en cada brazada de los Alligators.