Desde hace más de cuatro años, el Hospital General Universitario Gregorio Marañón ha dejado atrás la monotonía del blanco en algunos de sus pasillos para llenarlos de color y creatividad. Este centro madrileño ha apostado por un proyecto singular, Humaniz-Arte, que convierte las pruebas diagnósticas de los propios pacientes en obras artísticas. Así, radiografías, resonancias o ecografías se transforman en piezas de arte conceptual que ahora decoran los espacios del hospital. La iniciativa busca ir más allá de lo estético: pretende suavizar la frialdad del entorno sanitario y ofrecer a pacientes, familiares y profesionales un ambiente más humano y acogedor.
La iniciativa surge de la colaboración entre el hospital y el artista Rafael Díaz, que ha trabajado con las imágenes del PET y TAC para interpretarlas en clave artística. Los resultados han convertido al servicio clínico en una exposición museística a la vez que han abierto un camino de esperanza para los enfermos y los familiares.
“Imagínate que entras a un hospital con un posible diagnóstico fatal. El ambiente suele ser inhóspito y frío. La idea era que lo primero que se encontraran los pacientes fuera que no están en un hospital, sino en un museo”, ha explicado Juan Carlos Alonso Farto, jefe de Servicio de Medicina Nuclear del Gregorio Marañón, a Madridiario. “Eso está muy estudiado: el color relaja”, ha detallado.
“Eso está muy estudiado: el color relaja”
Para algunos de los pacientes el impacto es tangible. Para Encarna, una mujer que lleva tres años en revisión y tratamiento oncológico,”lo más importante es curarse y si, además, estás en un sitio limpio, ordenado y encima hay unos cuadros que te iluminan la vista cuando estás con miedo, es muy positivo”. El hospital no deja de ser un lugar asociado al dolor y al miedo para los enfermos por lo que cambiar esa percepción con un entorno más cercano es “agradable y buena idea”.
Encarna, enfermera de oncología, coincide con Alonso Farto en destacar la fuerza del color dentro del hospital. Explica que la primera impresión del paciente no es solo el espacio físico, sino la armonía cromática que lo envuelve. “Es como cuando observas un cuadro abstracto: lo que recibes son los colores y la composición. Los tonos suaves transmiten calma, mientras que los más intensos aportan energía”, ha comentado. Para ella, la diferencia es evidente: los pasillos ya no son simples paredes blancas, sino lugares que transmiten serenidad y esperanza.
“Cuando fui a medicina nuclear, vi que habían puesto palabras que los pacientes querían ver. Una de ellas era la esperanza. Y para mí cobró sentido en ese momento”, ha recordado Encarna. “La esperanza es lo que no podemos perder: en que el tratamiento nos haga efecto, en que las pruebas salgan bien, en que la tecnología permita un diagnóstico preciso. Eso es lo que tenemos todos”, ha contado la paciente del Gregorio Marañón.
El arte que florece de las pruebas diagnósticas
El origen de la iniciativa se sitúa en 2019, poco antes de que estallara la pandemia. En pleno proceso de reforma del hospital, Alonso Farto conoció al artista Díaz, que por entonces preparaba una exposición en La Casa Encendida. Entre sus piezas destacaba un rosetón compuesto a partir de imágenes de pacientes con Alzheimer. Aquella obra transmitía una idea poderosa: “Los milagros del siglo XXI no se hacen en las catedrales, sino en los hospitales”, recuerda el jefe de servicio. A partir de ese encuentro, la sintonía entre ambos fue inmediata y dio pie al proyecto.
El Covid-19 paralizó el plan; pero un año más tarde, Díaz donó al Gregorio Marañón una copia de aquella obra que ilustraba la enfermedad neurodegenerativa. Desde entonces, gracias al apoyo de los fondos europeos, los pasillos de medicina nuclear muestran imágenes reconfiguradas a partir de pruebas diagnósticas. “Uno de los ejemplos es el de un paciente que tenía una metástasis hepática y se curó”, ha narrado Alonso Farto.
“Lo que me interesa es que los pacientes se sientan en un museo”
“Lo que me interesa es que los pacientes no se sientan en un hospital, que se sientan en un museo”, ha reiterado Alonso Farto. Y esa percepción es la que ha recogido también Encarna: “Cuando estás un poco angustiada, si hay un entorno agradable, eso te ayuda. Yo creo que estas iniciativas hacen más liviana la estancia en un hospital. Porque la gente no va al cine, va con miedo”, ha manifestado en primera persona.
Del bisturí al pincel
El médico y artista visual Rafael Díaz es el responsable de pintar de esperanza los pasillos del área de medicina nuclear de este centro hospitalario. Después de dos décadas en España, ha desarrollado un lenguaje propio al que denomina “esclimética”: un cruce entre ciencia, práctica médica y ética. “Considero que la forma en la que hago arte, funcionando pensamiento científico y práctica médica, es una nueva forma de un nuevo lenguaje visual”, ha asegurado el salvadoreño.
“Los hospitales son espacios hostiles y asépticos. La idea fue hacer obras de arte que ayudarán a los enfermos de medicina nuclear a entender sus procesos oncológicos, sus enfermedades y que transmitieran esperanza”, ha contado el artífice de la obra. Así es como las salas de diagnóstico y reposo albergan desde hace cuatro años algunas creaciones como ‘Transfiguración y Esperanza', donde se muestra la imagen de un tumor hasta su desaparición tras el tratamiento. Este conjunto artístico también incluye palabras y dibujos de los propios pacientes.
Rafael Díaz ha coincidido con el jefe de servicio de Medicina Nuclear del Gregorio Marañón. La neurociencia ha demostrado que el color puede elevar los niveles de dopamina disminuyendo los niveles de estrés. “Esperanza, porque esa es la palabra que más han repetido los pacientes”, ha manifestado. Para el autor, ese es el motor de la iniciativa: “La idea de este proyecto es transmitir esperanza”.