Más allá del tono festivo, esta jornada quiere poner en valor el voluntariado como una forma de vida, como una manera de relacionarse con los demás desde la empatía, el compromiso y la escucha. Y entre las diferentes modalidades que impulsa la AECC, una tiene un protagonismo especial: el voluntariado testimonial. Se trata de personas que han pasado por un cáncer, o lo han vivido con familiares cercanos, y que deciden ofrecer su experiencia para acompañar a quienes están comenzando ese camino incierto y doloroso.
En España se diagnostican más de 280.000 nuevos casos de cáncer cada año, y muchos pacientes se enfrentan al miedo, la incomprensión o el aislamiento emocional. En ese contexto, poder hablar con alguien que ha atravesado lo mismo puede marcar una diferencia enorme. Marta Loring, coordinadora del voluntariado testimonial en la AECC de Madrid, explica que más de 250 personas forman parte de este equipo. “Son pacientes y familiares que han decidido compartir su experiencia para ayudar a otros. Esto da una perspectiva muy diferente, permite expresar miedos o dudas que a veces ni siquiera se comentan con la familia”, afirma.

Entre esas voces que decidieron tender la mano está Isabel María Pérez Bravo. Fue diagnosticada con leucemia aguda linfoblástica y recibió el apoyo de dos testimonios clave, uno en cada fase de su enfermedad. “Tenía la necesidad de ver a otra persona que hubiera pasado por un trasplante, que no hubiese tenido secuelas muy graves y que pudiese seguir con su vida", relata. Para ella, no se trataba solo de escuchar, sino de encontrar una imagen posible de futuro. “Me aferré a esos testimonios. El hecho tener un testimonio realista y esperanzador, el de una persona de carne y hueso, delante de mí, comentándome que era posible salir y que podía llegar a tener una vida normal, me dio muchísima esperanza”.
“Me acompañaron tantas mujeres que siempre se lo agradeceré. Gracias a ellas fui capaz de ver el camino por el que iba a salir”
Ese paso, el de recibir ayuda y después ofrecerla, es lo que hace del voluntariado testimonial una cadena de apoyo continuo. María Blázquez, otra voluntaria, lo vivió en carne propia. Su diagnóstico llegó apenas 20 días después de perder a su madre, y al principio se sintió desbordada. “Me ayudaron mucho y me explicaron cómo había sido su proceso. Me hizo tener más fuerza, estar más positiva. Me hizo pensar que iba a ir todo bien”. Tiempo después, fue ella quien ofreció testimonio a otra mujer que también había perdido a su madre justo antes de ser diagnosticada. “No era el mismo tipo de cáncer, pero nos entendimos enseguida. Hubo mucha conexión. Fue muy especial para las dos. Me ayudó tanto que quise hacerme voluntaria y compartir mi experiencia con otras personas”.
Historias como la de Pilar Moro, paciente de cáncer de mama, revelan que este tipo de ayuda no solo beneficia a quien la recibe. Ella cuenta que en un momento clave de su tratamiento no sabía qué decisión tomar y que fueron otras mujeres, voluntarias antes que ella, quienes le ofrecieron claridad y consuelo. “Me acompañaron tantas mujeres que siempre se lo agradeceré. Gracias a ellas fui capaz de ver el camino por el que iba a salir”. Hoy Pilar es voluntaria testimonial y siente que ese acto de dar también enriquece a quien lo ofrece. “Me encanta ser voluntaria porque, si puedo hacer que alguien se sienta acompañado, que vea que no está solo, ya vale la pena. Compartimos sentimientos y experiencias reales. A veces lo que recibes como voluntaria es tan gratificante como lo que das”.
Otra voz que se suma a esta cadena solidaria es la de Sonia Pérez, paciente de melanoma con metástasis en los ganglios. “He pasado por un estadio tres. Ocurrió en 2019 y en 2020 estuve en tratamiento durante 18 meses con inmunoterapia. A pesar de que el apoyo familiar es fundamental, la Asociación Contra el Cáncer me ha ayudado muchísimo. La psicóloga de la asociación y, sobre todo, el voluntariado testimonial fue lo que más me ayudó". Pérez recuerda cómo el hablar con otra persona que ha pasado por lo mismo, "que conocía mis miedos y respondía a mis preguntas", se convirtió en una pieza clave. "Me sentía comprendida. Quería saber cómo me iba a sentar el tratamiento, si iba a sobrevivir, y si lo lograba, cómo sería mi vida después. Qué cambiaría a nivel físico y psicológico. Solo ella podía resolverme esas dudas, y me dio mucha seguridad”.
Inspirada por esa experiencia, decidió convertirse en voluntaria testimonial: “Ahora acompaño a pacientes que esperan las mismas respuestas que yo buscaba. A veces, con solo cogerles de la mano, esos miedos empiezan a desvanecerse. Es una cadena de solidaridad muy bonita".
El voluntariado de la AECC es uno de los más consolidados en España. Solo en 2023, la organización contó con más de 30.000 personas voluntarias en todo el país. En Madrid, la apuesta por el voluntariado testimonial ha crecido en los últimos años, sobre todo en los hospitales y espacios de atención psicológica, donde estos testimonios personales se convierten en herramientas de apoyo emocional tan importantes como una consulta médica.
La feria del sábado será una oportunidad para que la ciudadanía descubra de cerca esta red de personas anónimas que han hecho de su experiencia una fuente de apoyo para otros.