El 11 de abril de 1925 -Sábado de Gloria- se inauguraba el teatro Pavón, de la calle Embajadores, 9. Contra viento y marea ha llegado a convertirse en centenario, estando más vivo que nunca. Su primer siglo ha estado marcado por los estrenos de revista, el teatro propagandístico de la Guerra Civil, el cine, los cierres, el cambio de propietarios y las temporadas a cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Doña Francisca Pavón
En el año 1924 doña Francisca Pavón, un inversora inmobiliaria con, al parecer, buen nivel económico, encargó al arquitecto Teodoro Anasagasti el proyecto de un teatro a construir en el solar que poseía en la calle Embajadores, con vuelta a la de Dos Hermanas. La señora Pavón era viuda y no se le conoce ninguna relación anterior con el mundo teatral. Tampoco fue empresaria de su teatro, sino que lo tuvo siempre en arrendamiento. El año 1933 traspasó la propiedad a sus hijos. Ella falleció en 1937. Teodoro Anasagasti fue uno de los grandes arquitectos teatrales del siglo pasado, proyectando, entre otros, el Monumental Cinema y el Real Cinema. Para el Pavón se inspiró en la arquitectura modernista, sobre todo en la fachada, que estaba coronada por un torreón de tres metros de altura. Ya se pensó para que fuera cine y teatro. El aforo inicial era de 1.280 localidades. Actualmente es mucho más reducido tras varias reformas.

El maestro Luna
La primera empresa que arrendó el nuevo teatro estaba encabezada por el compositor Pablo Luna y el primer actor y director Ramón Peña. Para la velada inaugural eligieron la zarzuela El asombro de Damasco y la versión musical de Don Quintín el amargao, de Arniches, con partitura del maestro Guerrero. El 11 de abril fue una gran fiesta en el barrio del Rastro porque los Reyes acudieron a la gala inaugural, cuya recaudación se destinó a la Asociación Matritense de la Caridad. Tras los primeros espectáculos presentados por esta compañía lírica -que volvería en la segunda temporada- pasaron el nuevo Pavón las del teatro Apolo, del Martín, la de Manrique Gil o la de Rosario Pino. Y también empezarían las proyecciones cinematográficas.

La copa Pavón
Entre las razones del Pavón para entrar en la historia teatral se encuentra la convocatoria de un certamen que llamó la atención de la prensa: La Copa Pavón de Flamenco. La primera edición se convocó el mismo año de la apertura, comenzando las eliminatorias el 25 de agosto. Un jurado integrado por reconocidas personalidades del flamenco acabó otorgando la primera copa al sevillano Manuel Vallejo. Volvió a convocarse el año 1926 con mayor expectación y un plantel de concursantes que acabarían por convertirse en estrellas de este arte. La segunda copa la ganó, no sin polémica, Manuel Centeno. Y tras esa segunda edición, no volvió a hablarse del concurso. La actual empresa parece que está interesada en resucitarle. El Rastro-Embajadores-Lavapiés es un barrio de honda raigambre flamenca.
Hasta la proclamación de la II república, por el Pavón siguieron pasando compañías de todos los géneros. No faltó ni un juvenil Enrique Rambal, que ya descollaba con grandes montajes, aunque las dimensiones del Pavón no le permitieron presentar los más espectaculares. El estallido de la Guerra Civil modificaría la línea programática del teatro. Pero ese será el siguiente capítulo.