'Mujeres haciendo barrio' recoge los relatos biográficos de 32 mujeres esenciales para el movimiento vecinal madrileño. A través de sus historias, el libro, editado por la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid, rinde homenaje a aquellas vecinas que, con su esfuerzo y compromiso, han contribuido a mejorar sus barrios y fortalecer el tejido comunitario. El libro, ilustrado por la artista Zaida Escobar, visibiliza el papel fundamental que han desempeñado estas mujeres en la transformación de sus entornos, muchas veces desde la sombra.
Una de las protagonista de esta publicación es Amelia Romero, más conocida por sus vecinos como Mely (88 años). Nos recibe en su casa de Aravaca con sus tres libros sobre la mesa y pidiéndonos que la tuteemos, mientras se pregunta por dónde empezar a contarnos su larga historia.
Nació en Bárcena Pie de Concha (Cantabria). Su padre era el maestro del pueblo, pero, tras ser perseguido por el régimen franquista y siendo condenado a muerte, tuvo que escapar fugándose de la provincia por las montañas y llegando a tierras asturianas. Allí también fue reprimido por sus ideas por lo que, como otros muchos compatriotas, la familia de Mely decidió emigrar a Venezuela, donde “había dos millones de españoles”. Llegó a Caracas en el año 55, aunque no fue hasta dos años más tarde cuando pudo vivir de nuevo con su padre y sus hermanos en el país latinoamericano. Sus hermanos debían finalizar el servicio militar antes de poder marcharse de España, mientras que a su padre le denegaron el pasaporte que le permitiría residir otra vez con su mujer y sus tres hijos en la ciudad venezolana.

Tras este hecho anecdótico surge el título de la primera obra de Amelia, 'Tú, rojo: maestros republicanos'. Epifanio Romero había sido encarcelado y tras dos años retenido en España y alejado de su familia, un amigo le consiguió una entrevista con Carlos Arias Navarro, ministro de Gobernación y director de la Dirección General de Seguridad. Tras esa reunión con el dirigente político, Arias Navarro prometió que le facilitaría la marcha del país; sin embargo, “el subalterno le dijo a Don Carlos que mi padre era un rojo, así se lo espetó”, cuenta de manera muy expresiva Mely. Al final, Epifanio consiguió la documentación necesaria para partir a Venezuela y, a pesar de sus ideas antagónicas, mantuvo una amistad con el político español.
Tras vivir en Venezuela durante más de 10 años, Amelia Romero, escritora y activista, volvió a España con su marido, un hombre italiano que conoció en el exilio de su padre y que también tendría un papel fundamental en su enérgica trayectoria en cuestiones sociales. “Yo allí trabajé, me enamoré, me casé y nacieron mis hijos”, cuenta emocionada la autora. En su llegada, ella y su familia se instalaron en la localidad de Pozuelo de Alarcón, pero pronto se mudarían a Aravaca. En los años 60, el municipio se encontraba aún en proceso de formación: “Las calles estaban sin asfaltar”. Para abordar ese tipo de cuestiones de la mejor manera posible, Mely Romero y su marido se unieron a la Asociación Vecinal Osa Mayor de Aravaca.
Mely dirigió la asociación de vecinos durante 16 años. Destacan tres acontecimientos fundamentales durante su liderazgo vecinal, representados a través de imágenes en la portada de su tercer y último libro 'Historia y memoria de la Asociación de Vecinos Osa Mayor de Aravaca'. Uno de ellos, la lucha vecinal que consiguió la retirada de cables de alta tensión en el municipio, que conllevó a su vez que se replegarán de todas las localidades de la Comunidad de Madrid. En segundo lugar, el mantenimiento de la farola en la plaza de la Corona Boreal, que representa un símbolo del empeño de los vecinos de Aravaca al no dejar que su lugar de encuentro fuese escriturado de manera fraudulenta después de la Guerra Civil. “La plaza del pueblo hubiera desaparecido. Allí era donde se celebraban los actos, tenía mucha historia. Llegamos hasta celebrar allí corridas de toros. Después de la guerra, todo estaba quemado, pero la farola seguía estando”, explica Amelia Romero.
Pero el momento más significativo para Amelia en la asociación fue la labor que llevaron a cabo para mantener vivo el recuerdo de Lucrecia Pérez, asesinada el 13 de noviembre de 1992 por un grupo neonazi en Aravaca, el primer crimen considerado delito de odio en España. La lucha de la Asociación Osa Mayor fue incombustible y, de hecho, fueron sus miembros los que alertaron a las autoridades del clima violento que se palpaba en la localidad antes del asesinato de la trabajadora dominicana. Mely Romero reseña el crimen de Lucrecia Pérez en su segundo libro: 'Lucrecia. Crimen y memoria'.
La combativa historia de Prado de la Mata
Otra de las trayectorias que guarda la publicación de la Fravm es la de María del Prado de la Mata, de 73 años, lideresa de la Unión de San Cristóbal durante más de 27 años. Cuando le proponemos la hablar de su historia bajo el pretexto del Día Internacional de la Mujer, le parece un placer. Su infatigable labor por el barrio de San Cristóbal de los Ángeles, en el distrito de Villaverde, es otra de las vivencias que merecen la pena ser divulgadas . Sin embargo, ella no sólo hizo historia dentro de esta agrupación vecinal, también ocupó el cargo de vicepresidenta de la Fravm, nunca desempeñado por una mujer desde la época de la Transición. Asimismo, fue concejala del Ayuntamiento de Madrid por el grupo Izquierda Unida desde el año 2011 hasta 2015, siendo la encargada de resolver las problemáticas de género, luchando por la búsqueda de una equidad entre hombres y mujeres.
Prado de la Mata ya era miembra de la Asociación Vecinal de San Cristóbal de los Ángeles y socia del AMPA del colegio de sus hijos cuando la iglesia organizó una asamblea que abordaría la coyuntura a la que muchos barrios marginales estaban sometidos: la compra-venta de droga y el aumento del consumo de heroína. Así empezó su labor en la lucha vecinal y, al exigir un centro cívico juvenil como alternativa de ocio en el barrio, ella y tres vecinas más demandaron su entrada en la Unidad de San Cristóbal. En este punto, sin embargo, se toparon con la oposición de la junta directiva de la asociación en aquel momento, que dimitió tras el ingreso de las tres mujeres vecinas del barrio. “Dimitieron porque éramos mujeres”, expone la ex presidenta de la agrupación.
En la Unidad de San Cristóbal ella se hizo cargo de los asuntos que, de manera habitua, eran tratados por los hombres, urbanismo y vivienda. Se convirtió en una experta en la materia y consiguió que su barrio se declarara Área de Rehabilitación Preferente, logrando la financiación necesaria para que la calidad de vida en el distrito de Villaverde fuese incrementándose. Durante los años de su presidencia, los miembros de la Unidad de San Cristóbal lograron que el metro llegara a Villaverde, la construcción de un polideportivo y un centro de salud, la rehabilitación de algunas viviendas y la urbanización del barrio. “Nadie nos regaló nada, todo fue a base de lucha y muchas veces con trabas por ser mujeres”, ha asegurado Prado de la Mata.
En 2020, Prado de la Mata decidió dejar su mandato para “dejar paso a la gente joven” aunque ratifica que “colabora siempre que puede” con la Unidad de San Cristóbal, la asociación a la que perteneció más de 30 años.