La musicoterapeuta estadounidense Hannah Slater comparte su experiencia en la aplicación de la terapia neurológica musical para el autismo y otras condiciones. Estudió piano clásico desde los 5 años y se graduó de musicoterapia en el Berklee College of Music de Boston. En 2012, Hannah se certificó como musicoterapeuta neurológica en la Universidad de Colorado. Ese mismo año realizó 1400 horas de prácticas en la prestigiosa clínica Neurologic Music Therapy Services of Arizona, en Phoenix. Después de las prácticas, fue contratada como terapeuta y directora de desarrollo clínico; trabajó ahí durante los siguientes años. Desde que reside en España, ha trabajado y colaborado con varias academias y fundaciones importantes en Madrid y Valencia como la Universidad Rey Juan Carlos, centrando su trabajo en el tratamiento del autismo y la comunicación alternativa.
La Federación Mundial de Musicoterapia presenta la musicoterapia como el uso profesional de la música y sus elementos (sonido, ritmo, melodía, silencio y armonía), como una disciplina terapéutica, que permite una intervención en entornos médicos, educacionales y cotidianos con individuos, grupos, familias o comunidades que buscan optimizar su calidad de vida y mejorar su salud y bienestar físico, social, comunicativo, emocional, intelectual y espiritual. Se trata de promover, mantener y restaurar la salud física, emocional y mental de las personas. La investigación, la educación, la práctica y el entrenamiento clínico en musicoterapia están basados en estándares profesionales conformes a contextos culturales, sociales y políticos concretos.
Hannah resalta cómo la música puede mejorar el movimiento, la comunicación y las habilidades cognitivas, adaptándose a las necesidades individuales y transformando vidas.
Desde el siglo XX, la musicoterapia ha experimentado una notable evolución, consolidándose como una disciplina terapéutica reconocida y utilizada en diferentes grupos de población, tales como niños con autismo y personas que padecen Parkinson. Durante la Segunda Guerra Mundial, su utilización tuvo un desarrollo significativo. La Organización Mundial de la Salud ha validado la musicoterapia como una disciplina terapéutica, lo que ha abierto diversas oportunidades para el estudio y el desarrollo profesional en este campo en varias universidades. Esta práctica no solo mejora la calidad de vida de las personas, sino que también tiene aplicaciones en sectores variados, incluyendo el autismo y el TDAH. Además, la musicoterapia se implementa con éxito en procesos de rehabilitación y abarca un amplio espectro de aplicaciones para distintas condiciones de salud. El objetivo es el de mejorar la salud mental y el bienestar emocional del paciente y aprovechar los efectos ventajosos en cuanto a la comunicación, el aprendizaje o las relaciones de la persona sometida a este tratamiento porque afecta a los sistemas sensorial, cognitivo y motor.
El impacto positivo de la terapia musical neurológica en la mejora de diversas habilidades en personas con condiciones neurológicas es abordado por Hannah Slater, quien se especializa en trabajar con niños y adultos que tienen autismo. La satisfacción que siente al observar los avances en las personas a las que asiste es una de sus principales motivaciones. Su enfoque se centra en potenciar el movimiento, la comunicación y las capacidades cognitivas. Además, Hannah menciona que su labor incluye ayudar a aquellos que enfrentan dificultades tanto en el movimiento como en la regulación emocional. También destaca el uso de la terapia musical para facilitar el desarrollo de habilidades comunicativas en individuos no verbales
La relación entre las emociones, la percepción corporal y la terapia musical es el foco de la entrevista, donde se subraya el impacto que estas interacciones tienen en el bienestar y la comunicación de los individuos. Se analiza también cómo una percepción corporal deficiente puede influir negativamente en el bienestar emocional y en la atención durante situaciones cotidianas. Asimismo, se plantea la cuestión de cómo la música afecta a cada persona de forma distinta, teniendo en cuenta sus preferencias y conocimientos musicales. La terapia musical neurológica y los protocolos empleados para interactuar con el cerebro y potenciar las habilidades individuales son mencionados en este contexto. Además, se destaca la relevancia del ritmo y la estructura temporal en la terapia, así como su papel en la organización de las funciones cerebrales.
La conversación con Hannah Slater aborda el papel de la música como un recurso para facilitar el aprendizaje y fomentar la conexión emocional en los niños. Según ella, la música improvisada se ajusta a las necesidades específicas de cada niño, lo que contribuye a su desarrollo y a su capacidad de expresión personal. "La música permite que diferentes regiones del cerebro se sincronicen para procesar mejor la información", destaca. Además, se emplea la estructura de las canciones para orientar actividades educativas, como caminar o hablar. No solo apoya el aprendizaje, sino que también estimula la creatividad y la expresión individual de los pequeños. Se reconoce que la música ha sido una parte integral de la humanidad y que en tiempos recientes se ha comenzado a utilizar de forma más consciente para el beneficio personal.