Tengo un recuerdo en mi cabeza, 16 de octubre de 1999, en ese momento me encontraba en Londres, cosas de la vida, por esa misma casualidad en la televisión retransmitían un partido de rugby, la selección nacional de Escocia se enfrentaba, ante mi sorpresa, con la selección española en el estadio de Murrayfield, en Edimburgo.
Me senté en el sofá para poder ver el encuentro, reconozco que todavía no tenía mucha idea de este deporte, como podéis imaginar Escocia nos estaba regalando un increíble partido con la consiguiente paliza en el marcador, pero cuando faltaban pocos minutos para que el pitido del arbitro marcara el final, la penalización de un golpe de castigo contra Escocia dejaba el balón dentro de la línea de 22 escocesa, el comentarista dejo claro que era una buena oportunidad para que los españoles pudieran patear a palos y poder anotar borrando el cero de nuestro marcador, sin embargo los jugadores españoles se reunieron y sorprendentemente renunciaron a esa opción decidiendo jugar a la mano. No entendía muy bien la situación hasta que de repente pude ver como el público escoces se levanta de sus asientos para aplaudir la decisión de los españoles. En ese momento entendí este deporte, no importa el marcador sino el espíritu con el que peleas cada metro del campo para conseguir marcar. Lamentablemente no pudimos marcar, pero aquel día me enamoré del rugby, un deporte que forja a las personas y que hace que disfrutes de las emociones de un partido.
Ahora, después de 27 años, España ha conseguido su clasificación para el Mundial de Australia de Rugby en el 2027, tras las victorias contra las selecciones de Países Bajos y Suiza. El regreso de España a la competición mundial describe un largo camino, lleno de decepciones, obstáculos y controversias de un sistema de gestión del organismo internacional del rugby que siembra constantes dudas. España tuvo sus opciones de clasificarse mucho antes en los anteriores mundiales, pero la mala gestión y errores en el proceso de convocatoria de jugadores nos dejo fuera de poder disfrutar de nuestro rugby en el gran espejo de los mundiales.
El nuevo enfoque de la Federación Española de Rugby, con un gran trabajo en el deporte base, donde las categorías inferiores de la selección se están labrando un espacio en el difícil mundo del rugby internacional, y por supuesto ganándose el respeto de los rivales, así como su reconocimiento.

Las mejoras técnicas son evidentes con jugadores que disfrutan minutos en competiciones europeas, con más entrenadores de nivel, clubes mejor gestionados y sobre todo una escuela que crece en número de niños. Lo mejor de todo es que el crecimiento del rugby no solo se centra en los hombres, pues si de algo ha podido presumir nuestro rugby en los últimos años es de una selección nacional femenina ganadora del campeonato de Europa y que si no fuera por que la competición más destacada del balón ovalado el Seis Naciones Femenino es una competición privada tendría ganado con creces el derecho a competir con los otros seis mejores equipos del continente.
El equipo nacional dirigido por Pabla Bouza esta formado por un grupo de jugadores muy jóvenes, con buen nivel técnico, pero sobre todo con una gran capacidad de mejora y crecimiento, lo que nos permite soñar con un gran futuro, esperemos que se refleje en el crecimiento del rugby nacional, en especial para que nuestra liga nacional crezca y nuestros equipos puedan a su vez participar en competiciones internacionales de alto nivel.
Por el momento disfrutemos de un sueño cumplido y empecemos a recorrer este largo camino hacia el mundial de Australia paso a paso, quizá y solo quizás algún día podamos soñar que seamos el séptimo equipo para un “Siete Naciones”, será un sueño, pero para eso están, para cumplirlos.