Pese a reconocer el "marco positivo" -aunque "insuficiente"- que supone el proyecto elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en torno a la recuperación ambiental del río Manzanares a su paso por Getafe, la Plataforma Ecologista Madrileña ha alzado la voz ante los posibles impactos negativos para la fauna y la flora que, de llevarse finalmente a cabo, este podría traer consigo.
Entre las actuaciones tildadas de "preocupantes" y cuya legalidad se pone además en tela de juicio destaca la ampliación de la red de caminos y pasarelas. Una iniciativa que los activistas consideran "incompatible" con la normativa vigente en el Parque Regional del Sureste, donde se enmarca este entorno, pues supondría favorecer el uso público como "zona de ocio y recreo" de lugares hasta la fecha inaccesibles y que ostentan, para más inri, "gran valor ambiental".
Sirviéndose del paso del proyecto diseñado por la Dirección General del Agua por la necesaria fase de consulta pública, los colectivos que integran la Plataforma Ecologista Madrileña -ARBA, Asociación Ecologista del Jarama El Soto, GRAMA, Jarama Vivo y LIberum Natura- han presentado ya una batería de alegaciones encaminadas a "priorizar la función ecológica del sistema".
"Queremos priorizar la función ecológica del sistema y no su empleo como zona de ocio y recreo. El Manzanares ya tiene suficientes sendas, caminos y pasarelas, pero el proyecto contempla ampliarlas hasta una longitud total de 16,8 kilómetros y cinco pasarelas sobre el río, lo que requiere eliminar, cortar o talar bosque de ribera (…). Los objetivos de conservación de estos espacios deben estar siempre por encima", explica a este digital la portavoz del colectivo, Nines Nieto.

"El Manzanares ya tiene suficientes sendas, caminos y pasarelas"
La también coordinadora de Ecologistas en Acción en la Comunidad de Madrid apunta asimismo a otras consecuencias, por supuesto, "perjudiciales" de implementar finalmente el proyecto. Principalmente, la "amenaza" a especies de aves en peligro y que habitan estas áreas, tales como el milano negro. Esto, asegura, no resulta tolerable en la medida en que se trata de una zona "sensible" y catalogada "de protección" como "reserva natural".
"Hay que tener en cuenta que cualquier actuación de este tipo que se pueda desarrollar en el entorno puede atraer a miles de potenciales usuarios para pasear, correr, andar en bici... Ya hay suficientes kilómetros para esto en la región. Hay que tenerlo en cuenta”, añade Nieto en conversaciones con este digital. Todo, zanja, para “mantener el ecosistema vivo”.
En paralelo, los ecologistas consideran que el documento "se queda muy corto" o, directamente, "ni trata" aspectos "importantes" relativos a la recuperación del régimen hidrológico original, una de sus reivindicaciones más longevas. A tal fin, defienden, se deberían llevar a cabo "crecidas controladas”, tanto con carácter "ordinario", con periodicidad anual, como "extraordinario", cada varios años. O lo que es igual, “permitir salidas de aguas desde -el embalse de- El Pardo para que el río pueda extenderse a lo ancho” y, en último término, “restablecer sus márgenes” primigenios.
Este método, continúan, traería asociado otros beneficios para la población de los municipios más próximos. El fundamental, que "ayudaría a recuperar los hábitats degradados" y a "asegurar la sostenibilidad a largo plazo del ecosistema fluvial". También contribuiría a evitar remansos de agua que son empleados por distintas especies de insectos como la mosca negra para dejar sus larvas: “Las crecidas permitirían arrastrar muchas de estas larvas, reduciendo las probabilidades de picotazos en las zonas de ribera”. Para muestra, dicen, la reducción de las picaduras a raíz de las riadas ocasionadas por Filomena en 2021. “Pero esto ni lo menciona”, lamentan.
"Evitaríamos picaduras en las zonas de ribera"

En el apartado de aspectos positivos, desde la Plataforma Ecologista Madrileña destacan asimismo la eliminación de construcciones en las cercanías de Perales del Río, en el término municipal de Getafe, la recogida de residuos o la retirada de escolleras y motas en puntos concretos. Este último aspecto, sin embargo, debería, al menos a ojos de los activistas, extenderse. O lo que es igual, no limitarse a “apenas un kilómetro” del recorrido total.
"Estas defensas fueron construidas en el pasado para estabilizar las orillas y proteger a las fincas colindantes de las crecidas del río, pero han generado una alteración morfológica del río y mermado las funciones ecológicas del mismo. Aunque se pretende actuar sobre más de un kilómetro de motas y escolleras, se pasa por alto las existentes aguas arriba de la EDAR Sur, así como en la margen derecha por debajo de la misma", concluyen los activistas.
Pese a la consulta en torno a las alegaciones presentadas por la Plataforma Ecologista Madrileña, Madridiario no ha recibido respuesta por parte del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que encabeza Sara Aagesen.