El terremoto que en los últimos días sacudió con crudeza los entresijos del PSOE-M ha dejado a Juan Lobato con sus huesos fuera de cualquier mando en el seno de la formación. Ni secretaria general, ahora en manos del también ministro Óscar López, ni portavocía en la Asamblea, cuyo timón pasa por quien antaño fuera su mano derecha en Vallecas, Jesús Celada. Un debilitamiento más que evidente a su figura y que, sin embargo, no parece que vaya a excluirle también, al menos por el momento, de su condición de diputado regional. Tampoco, por ende, como senador por designación autonómica. Su intención pasa, de hecho, por la permanencia en ambas cámaras. Algo que viene reforzado por el carácter personal e intransferible de tales actas.
El futuro, en cualquier caso, es incierto. Más aún en un contexto tan cambiante -y polarizado- como el actual, con un ala crítica al sanchismo fraguándose en la retaguardia socialista, engrosando filas a la espera del momento idóneo para asaltar el trono de Ferraz. Ningún escenario resulta, en definitiva, del todo imposible. Y Lobato lo sabe. "En política no se puede descartar nada", respondía, acorde a este razonamiento, al ser preguntado esta misma matinal por una futurible carrera hacia las primarias de la formación con vistas a las elecciones autonómicas de 2027 en el programa Espejo Público de Antena 3.
"No -estoy pensando en el medio o el largo plazo-. Ahora cada uno tenemos que estar centrados en la tarea política que tenemos. Cada uno en nuestro ámbito de responsabilidad. Yo, en este caso, en el Senado, que es donde tengo unas tareas asignadas. Y a partir de ahí... Hombre, claro, mi compromiso es muy claro. Todo el mundo sabe que asumo las responsabilidades como militante y como referente que he sido del partido en Madrid. En cada proceso futuro yo voy a estar ahí. Al igual que lo he estado en el pasado lo estaré en el futuro, planteando lo que creo que es bueno para Madrid", argumentaba ante las cámaras el ya exsecretario general de los socialistas madrileños.
Unas palabras matizadas acto seguido para dejar la puerta más que abierta a una candidatura alternativa a la oficial, aquella que venga apoyada por la dirección federal, en los próximos comicios: "Decidí dar un paso al lado en el liderazgo del partido en Madrid, pero mi compromiso y convicciones siguen intactas. La tarea que tenemos por delante de hacer pedagogía en España y en Madrid sobre la importancia de un proyecto socialdemócrata moderno es muy importante. Estoy ahora mismo en el Senado, con tareas ahí relevantes. Es mi compromiso (…). En política no se puede descartar nada a dos o tres años vista. Fíjate lo que pasa en dos meses...".
La secretaria general del partido a escala nacional sería, sin embargo, otro cantar. Y es que Lobato es perfectamente consciente de lo complejo que resulta encabezar o siquiera proponer oposición alguna a Pedro Sánchez en el presente. "Ahora mismo hay un liderazgo muy claro en el PSOE que orgánicamente tiene todo el apoyo. Acabamos de tener un congreso hace una semana y yo creo que ahí no hay ninguna duda de que Pedro Sánchez estará hasta el momento en el que él decida dedicarse a otra".
"Pedro Sánchez estará hasta que él decida dedicarse a otra cosa"
Una vez Sánchez tome la decisión de dar un paso a un lado y abandonar la política, la hoja de ruta contemplada por Lobato pasa por avanzar hacia un PSOE "moderno" y "dinámico", pero "con los valores intocables de siempre". O lo que es igual, un Partido Socialista en el que "aportar matices", "otros puntos de vista" e incluso discrepar sea considerado una "fortaleza" y no un signo de "debilidad".
"Hay esta sensación, y pasa en todos los partidos, de que si hay gente que aporta matices, otros puntos de vista, que tiene otra visión sobre algunas cosas, propuestas alternativas o complementarias, como si fuera un síntoma de debilidad cuando yo creo es todo lo contrario. Creo que no hay mayor fortaleza para una organización democrática, ambiciosa, moderna, que tener gente que pueda aportar diferente y que ayude a complementar un proyecto de país, más en España que es un país tan diverso, donde hay gente que piensa tan distinto". Blanco y en botella.
También ha tenido tiempo Lobato para justificar de nuevo su decisión de registrar ante notario las conversaciones de WhatsApp en torno al presunto fraude fiscal de la pareja de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González Amador, con Pilar Sánchez Acera. A su parecer, tales pruebas ratifican que ambos actuaron "bien", acreditando que la información provenía de los medios de comunicación y no de la Fiscalía general del Estado y librándoles de cometer un delito vinculado a la revelación de secretos.
Asume no obstante que tal comportamiento haya podido ser interpretado como una "deslaltad" por parte de otros cuadros del partido y descarta que la maniobra inicial haya podido representar una suerte de "trampa" a su persona orquestada desde La Moncloa.
"No. Una cosa es el medio por el que venga y otra es que sea una trampa. Si en vez de ser prudente y decir 'pero esto de dónde viene' le doy a imprimir y saco ese documento, seguramente el que estaba imputado con un delito de cárcel de hasta cinco años y con una inhabilitación de mi puesto de trabajo, que soy técnico de Hacienda del Estado, sería yo. Si a lo mejor le pasa a otro que no es abogado o que no viene de la Agencia Tributaria... En la Agencia Tributaria la norma número uno es datos privados son absolutamente confidenciales y de carácter reservado. Entonces cuando me entra eso, me saltan las alarmas", zanjaba contundente.
"Trampa" que no habría dado resultado de modo alguno fruto de lo precavido de un Juan Lobato empeñado en defender que el mail que mostró meses atrás en el Pleno de la Asamblea no era el que le había enviado la propia Sánchez Acera, sino el publicado con anterioridad en El Plural.