Esta vez tocaba enfrentarse al otro vecino del sur, el Getafe, al que el Madrid recibió con Lucas de vuelta en el lateral derecho –la presunta suficiencia de jugar en casa lo permite– y Rodrygo en la delantera. Con posesión, Mbappé en la izquierda y Brahim en la derecha formaban el 4-3-3. En defensa, Brahim bajaba un bloque para transformarlo en 4-4-2. Clásico y rústico como el estilo de Bordalás que plantó un jardín –mejor debería decir un bosque– de jugadores de contención en varias alturas. “Esto es fútbol, papá”.
La derrota del Barça en Montjuic contrapesó el sopapo de Anfield, y el partido del Madrid se pareció más a sus últimas versiones en Liga (buenas) que a su tónica habitual en esta Champions (más que mala).
Sin llegar a generar ocasiones claras, el dominio local era patente. El primer susto corrió a cargo de Rodrygo que, tras un gran desplazamiento de Ceballos, se coló en el área y calló estrepitosamente al recortar a su par en lo que pareció un penalti claro. La repetición desengañó al directo: el extremo del Madrid se trastabilló con el defensa cuando este intentaba recoger las piernas. Sigan.
El primer saque de esquina inauguró una batalla entre Rüdiger y Nyom, incapaz de disimular sus agarrones. Hernández Hernández le amonestó pronto y, a partir de ahí, ni el árbitro ni el aficionado les quitó el ojo de encima en cada córner. Fuera donde fuera el balón, siempre acababan rodando como peonzas. El penalti se veía venir y llegó. Pitable, pero más suave que otros que nunca se sancionan. El defensa franco-camerunés fue el chivo expiatorio de la ineptitud acumulada de los árbitros al juzgar estas acciones.
Mbappé, que erró en Liverpool, le cedió el balón a Bellingham, que convirtió desde los 11 metros con mucha clase (30’). El Bernabéu vuelve a cantar ‘Hey Jude’ y el inglés recupera la sonrisa, sabedor de que reafirma su dominancia. No salió al campo tras el descanso, dicen que mareado por un golpe que se llevó en un choque con el portero. Le sustituyó un apático Güler.
Pocos minutos después del primer gol, el propio Bellingham recibió en el centro del campo y, en dos toques, lanzó a Mbappé al contraataque. Kylian controló mal y perdió la ventaja en carrera, pero mientras todo el madridismo maldecía su inexplicable torpeza, sacó un disparo desde fuera del área que se coló tras rebotar en el poste (38’). Libération! Basta una imagen para explicar la importancia del evento: Ancelotti, cuya reacción al noventayramos no pasó de engullir medio paquete de chicles, sacudió los puños con una rabia inédita en él.
Importante, digo, pero no trascendente. Lo habría sido sólo con haber materializado el par de ocasiones claras que tuvo en el segundo tiempo. Pero esa ansiedad –¡esa maldita ansiedad que le atenaza!– volvió a ganarle la batalla. Primero, la cruzó demasiado después de regatear a Soria (la pelota se paseó rozando el poste, burlándose de su suerte) Luego, remató al muñeco un balón largo que cazó como un guepardo. Y más tarde, en el último suspiro del partido, se giró, regateó, filtró a Güler y no fue capaz de empujar el pase atrás entre los tres palos. Queda un día menos para el desbloqueo mental.
Quitando estas ocasiones, buena parte de la segunda parte del Madrid fue desastrosa. Otra vez, el equipo decidió que la mejor forma de sostener la ventaja era entregarse al sesteo (el horario acompañaba) y casi paga las consecuencias. Ni siquiera un excelso Ceballos, que debe ser el pivote indiscutible del equipo al menos hasta el final de temporada, fue capaz de sostener el control del partido.
El Geta se hizo con el balón y entre los cambios de Bordalás y la dimisión del rival acabó zarandeando el panorama. Uche, al poco de entrar, remató al palo en un escorzo que le descosió las fibras. Después, Patrick disparó un balón al que la (mala) fortuna hizo rebotar primero en el larguero y luego en el palo. Un gol azulón habría sazonado un final algo insulso.
¡Hay que ver cómo es el fútbol! La debacle del Clásico fue un puñetazo directo al estómago en el duelo por la Liga y la confirmación de una crisis ineludible. Sólo un mes después, el Real Madrid está a sólo un punto del líder con un partido menos.