El 18 de julio falleció Pascual García, periodista navarro, escritor y muy buen amigo. Hace muchos años, el también buen amigo y excelente periodista Paco Frechoso me llamó por teléfono y me dijo que una buena persona que trabajaba, como él, en El Mundo iba a ser destinado al Parlamento de Vallekas (Asamblea de Madrid) para hacer información regional.
Parece ser que pasaba de escribir sobre política nacional (partidos políticos) a dedicarse a escribir en la sección de Madrid. Se hizo una criba y los más críticos fueron depurados. Frechoso, otro de los castigados por el periódico, entonces de Pedro J. Ramírez, me pidió que le echara una mano en todo lo que necesitara Pascual (Paski para mi desde el primer día). Yo, que llevaba en la sede parlamentaria de Vallekas (mi lugar de nacimiento) desde que se trasladó a este barrio desde su ubicación en San Bernardo, le acogí desde el primer día con alegría e ilusión (los consejos de Frechoso siempre me han sido de gran utilidad) y ahí empezó nuestra amistad.
A los dos nos unía la K de Vallekas y Paski, el amor por los demás y la gente que se mueve en los márgenes de la sociedad. Fue un gran periodista, solidario y amigo de sus amigos. Pasamos muy buenos momentos en la Asamblea de Madrid, donde hizo buenos amigos, también entre la clase política. Se dio cuenta rápido que yo cojeo de la pierna izquierda, y yo percibí a la primera que el también giraba hacia ese mismo lado. Antes del inicio de las sesiones plenarias, algunas veces, yo le enseñaba las calles por las que deambulaba en mi juventud y tomábamos el café después de comer en bares donde olía a hachís y marihuana. Otras veces, después del Pleno parlamentario, nos íbamos a los bares cercanos a la redacción de El Mundo. Me presentaba a amigos y conocidos de su periódico y visitábamos bares que aparecían en sus novelas. Conoció a mis amigos (El Frances, El Batichelo y El Terror) y compartimos buenos momentos todos juntos en bares de Vallekas y en mi casa de Rivas.
Le echaron de El Mundo a través de un ERE y siguió colaborando en proyectos que levantó Frechoso (otro represaliado). Los tres nos veíamos de vez en cuando y siempre había risas y fraternidad y consejos de Frechoso. Ya nos veíamos menos, pero casi siempre recibía un mensaje mío el 7 de julio (San Fermín).
Recibí la mala noticia de su fallecimiento a través de un mensaje de Frechoso, quien también me informó hace unos días del homenaje que recibiría el 25 de octubre en la sala Cánovas del Congreso de los Diputados. Me costó aparcar pero lo conseguí. Accedí y me dirigí al lugar señalado, que estaba a la izquierda de la entrada. Había seis o siete escalones que subir y acceder a la sala Cánovas. Es decir, una barrera para una persona que deambula con muletas, y una considerable deficiencia en materia de accesibilidad en la sede de la soberanía nacional. Me dijeron que podía haber entrado por otro lugar que da acceso a la citada sala sin tantos impedimentos. Es decir, por la puerta de atrás, como las chachas en la etapa de Franco.
Conseguí alcanzar la meta gracias a la ayuda de los demás, entre ellos, Aníbal Malvar, escritor, columnista y buen amigo de Paski, además de un payo muy gracioso.
Entramos en la sala y comenzó el acto. Se subieron al estrado para rendir homenaje a Paski, entre otros, además de Frechoso y Malvar, Anabel Díez, Manolito Sánchez, Raimundo Castro, Rodolfo Serrano y Amaya, la compañera, kolega y esposa del fallecido. Tuvo una emotiva intervención que nos hizo llorar a más de uno con recuerdos que nos venían a la cabeza.
Fue un bello acto de homenaje a un personaje con un gran corazón y empático. Nos reunimos unas docenas de personas para recordar al finado en un Congreso no muy accesible y de pronto resucitó, se nos apareció a través de las palabras dedicadas por todos los que le querían.
Te queremos, Paski.