En la madrugada de este domingo 27 de octubre, todos los relojes digitales en España experimentarán un cambio automático: cuando alcancen las 03:00 horas, retrocederán a las 02:00. En cuanto a los relojes no digitales, como los analógicos tradicionales, tocará ajustarlos al día siguiente.
Esto se debe al cambio al horario de invierno, una medida que se aplica de manera obligatoria a los países de la UE desde 1980, pero que cada año suscita más interrogantes sobre su utilidad.
Historia del cambio de hora en España

El primer cambio de hora oficial en el país tuvo lugar el 15 de abril de 1918, cuando se adoptó la hora de verano y a las 23:00 horas los relojes se adelantaron 60 minutos. Aun así, en los periodos que van de 1920 a 1925 y de 1930 a 1936 se mantuvo el horario de invierno para todo el año.
En 1940, España eliminó el cambio de hora y adoptó el horario de Europa Central (GMT+1), al igual que Francia, Portugal y Gran Bretaña. Sin embargo, estos países volvieron a su horario anterior después de la Segunda Guerra Mundial, mientras que España mantuvo el horario central europeo.
La situación continuó sin cambios hasta que décadas después llegó la crisis del petróleo, ya en los 70. El principal argumento de los promotores del cambio de hora era el ahorro energético que este suponía, y con la escasez de combustible que golpeó Europa en esos años, muchos países decidieron implementar este cambio horario, entre ellos, España.
Finalmente, la Comunidad Económica Europea aprobó la directiva del cambio de hora en 1980, que se debía avalar cada cuatro años. Esta última obligación dejó de ser necesaria en 2001, pero España la mantuvo con la promulgación del Real Decreto 236/2002.
A pesar de todo, muchos ciudadanos y países europeos nunca han estado conformes con la imposición del cambio de hora. A raiz de ello, en 2018 la Comisión Europea planteó la posibilidad de eliminar esta ley para el año siguiente.
No obstante, las discrepancias entre los países miembros pospuso la aplicación de la medida para 2021, y como no se alcanzó ningún acuerdo definitivo, el trámite quedó estancado y lleva en esa situación desde entonces.
¿Es posible suprimir el cambio horario?

A día de hoy no parece que se pueda acabar con el cambio de hora en el futuro cercano. Primero de todo, el artículo 5 del Real Decreto 236/2002 establece que cada cinco años se debe publicar de manera obligatoria el calendario de los cambios horarios.
El calendario publicado en España más reciente, con fecha en 15 de marzo de 2022, establece que el último cambio de hora tendrá lugar el 25 de octubre de 2026, y es por ello que, por lo menos hasta esa fecha, a los españoles nos tocará cambiar las agujas del reloj dos veces al año.
Es preciso destacar que la inacción de la Unión Europea en esta materia choca de frente con la voluntad de los ciudadanos de eliminar la ley. En 2018 la UE lanzó una iniciativa para suprimir los cambios horarios, de manera que cada país pudiera decidir si conservar la hora de invierno o de verano.
El resultado fue contundente: el 84 por ciento de los europeos, e incluso el 93 por ciento de los españoles, votaron a favor de la propuesta, lo que supuso una victoria aplastante para los partidarios de la reforma.
A pesar de estos resultados, el bloqueo de la directiva europea ha paralizado toda posibilidad de modificación al reglamento, una situación que en estos momento no parece que se vaya a desatascar. El futuro de la medida es incierto, pero lo que está claro es que mientras no se pronuncie la Unión Europea, los Estados miembros tienen las manos atadas.
Ventajas y defectos del modelo actual

Como se ha dicho antes, la principal razón que movió los países europeos a adoptar dos horarios distintos es el ahorro energético. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el cambio de hora puede llegar a generar un ahorro del 5 por ciento en iluminación.
Esto equivaldría a unos 300 millones de euros, de los cuáles 90 millones corresponderían al potencial de hogares españoles, y los 210 restantes serían de edificios del sector terciario y de la industria. Aun así, este ahorro solo sería posible en la medida que se haga un consumo energético responsable y eficiente.
Es por ello que algunos expertos no comparten del todo la utilidad del cambio de hora, ya que el estudio del IDAE no tiene en cuenta factores como los comercios y empresas con horario nocturno, cuyo gasto eléctrico no se vería alterado, y sobre todo los hogares españoles. Estos serían los más afectados ya que, al anochecer una hora antes, una familia normal necesitaría gastar electricidad nada más volver del trabajo o de la escuela.
Por otro lado, también se critica el cambio horario por sus efectos sobre la salud. Según la Sociedad Española de Sueño, "El cambio de horario, aunque solo sea de una hora, altera el tiempo de exposición al sol durante el día y desequilibra al reloj interno, que tarda varios días en reajustarse".
De hecho, el cambio de hora provoca un impacto considerable en nuestro reloj biológico, y este desajuste puede causar irritabilidad, insomnio, fatiga o dificultad para la concentración. Además, las secuelas suelen perjudicar más a ciertos grupos de la población, como los niños, los ancianos, y las personas que padecen trastornos del sueño.
En definitiva, y viendo la imposibilidad de esquivar el cambio de hora obligatorio, los expertos recomiendan varias medidas previas para mitigar sus efectos: ajustar de forma gradual la hora de comer y dormir; evitar el uso de pantallas y dispositivos móviles antes de acostarse, así como la ingesta de cafeína, bebidas energética y alcohol; y lo más importante, mantener una rutina estable para evitar desequilibrios físicos que comprometan el reposo nocturno.