Después de certificar la clasificación como primera de grupo en la anterior jornada, ayer era el turno del equipo B. Sólo Laporte – necesita ritmo, sensaciones – repitió en el once inicial de España, que no hizo un partido tan brillante como los dos anteriores. Una obviedad que no quita un ápice de mérito al hecho de ganar cómodamente a una Albania a la que sólo le valía una victoria para tener opciones y que, además, jugaba de local. El Espirit Arena de Düsseldorf estaba lleno de queleshes y águilas bicéfalas.
Que Oyarzábal y Ferrán no están en el mejor momento de su carrera no es un dato relevante para intuir que se iba a echar de menos a Nico y a Jamal. Se perdía calidad y regate pero también chispa y verticalidad. Es necesario tener cracks para ganar una Eurocopa, pero la clave de la superioridad de esta España no está tanto en la individualidad sino en lo bien que funciona el equipo. Esa presión alta, coral, que permite recuperar tantos balones en campo rival, la supieron hacer también “los suplentes”. Vivian demostró una solidez muy vasca atrás y Merino dirigió bien el medio junto a Zubimendi, que confirmó que es un centrocampista con muchos recursos. Por la derecha, Navas se convertía en el español más mayor en disputar una Eurocopa y, por la izquierda, Grimaldo dejaba ver que es más futbolista que Cucurella, aunque ya no tenga hueco en el equipo titular. El más destacado del primer tiempo fue Dani Olmo, que volvió después de veinte malos minutos contra Croacia y se resarció con una gran asistencia. Pase entre líneas de Laporte para el jugador del Leipzig que se gira y encuentra, al hueco, el desmarque de Ferrán. A un toque, con la zurda, al palo largo, gol. 0-1.
El partido no cambió demasiado después del descanso. España siguió siendo superior y tuvo un par de ocasiones pronto, pero Albania se desmelenó e hizo trabajar algo más a la zaga española. Justo antes de que se terminara de romper el partido, Joselu estuvo a punto de hacer el gol del campeonato con un remate de media chilena que rozó el palo. Después de aquella, muy pocas ocasiones de España y ningún disparo entre los tres palos.
Ya sin nada que perder, Albania empezó a encadenar arreones y se perdió el control en el centro del campo. Sólo faltaba por debutar Fermín, que entró al partido algo errático. Se vio en el joven culé la precipitación del que está demasiado ansioso por reivindicarse. Decidió mal un par de jugadas al borde del área y se le fue larga una conducción en un contraataque que prometía. La entrada al campo de Armando Broja fue lo que cambió la dinámica del partido, y Albania empezó a pisar área con frecuencia. Un despiste al defender una falta que los albaneses sacaron con picardía obligó a Raya a hacer una gran parada. La selección balcánica encontraba espacio en los costados pero España fue capaz de achicar todos los balones que entraban en área propia.
De la Fuente dio entrada a Morata pero no se notó mucho, ni para bien ni para mal. Al delantero no le llegaron demasiados balones. A Lamine, cómo no, le bastaron veinte minutos para dejar varios destellos y un control-regate de jugador elegido. Eliminó a dos defensas con un toque y luego fue demasiado generoso, forzando un pase donde no lo había.
El empuje de Albania no fue suficiente para encontrar el gol y el partido acabó con el mismo 0-1 con el que se había llegado al descanso. Pleno de victorias de la selección y cero goles encajados en tres partidos. Las sensaciones no pueden ser mejores para afrontar la fase eliminatoria, a la espera de conocer quién de los mejores terceros será su rival en octavos.