El paso del tiempo va difuminando lo vivido en los momentos más intensos de la pandemia, en los que miles de personas mayores afrontaron estos días de confinamiento en soledad. Su conexión con el mundo se redujo, en no pocas ocasiones, a las visitas y llamadas del personal del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD). "Dimos tranquilidad a las familias y muchos mayores sobrellevaron la situación gracias a nuestra ayuda", sostiene Raquel Virumbrales, coordinadora del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) del distrito de Puente de Vallecas, que ha sido reconocido por el Ayuntamiento de Madrid por su labor durante la crisis provocada por la COVID-19.
Clece gestiona este servicio del Ayuntamiento de Madrid en ocho distritos de la capital, cuya plantilla incluye a más de 4.000 auxiliares que atienden diariamente a 23.000 usuarios. Solo en el distrito de Puente de Vallecas, más de 900 trabajadores del SAD durante el periodo de cuarentena trabajaron para asistir a los más vulnerables, y el Ayuntamiento de Madrid reconoció esta entrega en un acto en el que intervino el concejal del distrito en funciones, Borja Fanjul. "No podemos dejar de agradeceros que para las personas mayores y dependientes fuisteis su soporte, su puente con el mundo. Fuisteis las manos y los ojos de una administración que sabe que sois el pilar del sistema de cuidados", destacó el dirigente.
Raquel Virumbrales explica a Madridiario la complejidad de organizar un teletrabajo entonces impensable, de proteger a las empleadas ante un virus desconocido y de mantener motivado al personal ante la tragedia. "Como aquello no recuerdo nada. Intentábamos reforzar el ánimo del equipo hablando todos los días. Esto salió porque todas nos unimos y fuimos trabajadoras sociales más que nunca", manifiesta la coordinadora del SAD vallecano. Las auxiliares, resalta, se comportaron como "auténticas luchadoras".
El número de usuarios se redujo esos días, según explica Virumbrales: "Muchos tenían miedo de que entrara cualquier persona a su casa". Ghiwa El Soufi, auxiliar de ayuda a domicilio, asistió a personas que no tenían familiares o que estos estaban lejos de Madrid. Sobre todo, le demandaban hacer la compra para evitar salir a la calle y le pedían que la dejara en la puerta. "Sentía que estaba haciendo algo importante porque muchos no tenían contacto con nadie más que conmigo. Cuando me veían, respiraban", recuerda.
A los que optaron por no recibir a las auxiliares en casa no se les dejó desatendidos. Según aclara la coordinadora del SAD del distrito de Puente de Vallecas, las llamadas se multiplicaron de forma exponencial: "Las ayudantes de coordinación tenían un listado de usuarios a los que llamar todos los días sí o sí y comprobar si estaban bien y si necesitaban algo". Hasta la hora que fuese. Una preocupación que, como asegura Virumbrales, se convirtió en bidireccional: "Los propios mayores nos llamaban también a nosotras y estuvieron superpendientes de que estuviéramos bien".
Alicia Cazorla, de 86 años, siguió recibiendo a "su" Magdalena durante la cuarentena. "Que Dios me la bendiga porque no me faltó ni un día", agradece esta usuaria del SAD. La auxiliar que la atiende, a la que quiere como “una hija más", repite, le ayuda desde hace ya más de ocho años con las tareas del hogar, y durante la pandemia se convirtió en su única compañía. "Yo sola, en una casa tan grande, cuando siempre ha estado llena con mis cinco hijos, mis 10 nietos y amigos... Eso no se olvida en la vida porque estuve dos años sin verlos", expone. Sin embargo, allí estaba Magdalena para cumplir con sus funciones reforzando el vínculo tan especial que ambas mujeres han construido durante tantas horas juntas. "Algunas veces le decía que parase de trabajar y se sentara conmigo a charlar un poco porque se me iba a olvidar incluso hablar. Eso era mi mayor consuelo", confiesa.
Ascensión, la auxiliar del SAD que atiende a Antonia González en su domicilio de El Pozo, es, como asegura esta usuaria, "una más de la casa, como si fuera de la familia". De lunes a viernes, la asiste en la ducha, le cocina y le lleva la compra. "Hace todo lo que puede en la hora y media que está, y con pandemia y todo cuando ha podido venir nunca ha faltado", asegura. Apenas se ausentó unos días, enferma por la COVID-19. Una actitud por la que Antonia muestra su gratitud: "Me tenían que haber llevado al homenaje, aunque fuera en brazos, para poder hablar de ella porque se lo merece".
La coordinadora del SAD del distrito de Puente de Vallecas afirma, además, que este reconocimiento del Ayuntamiento de Madrid "ha sido muy valorado" por toda la plantilla. Por su parte, la auxiliar Ghiwa El Soufi reivindica su profesión como un servicio esencial: "Hay mayores que no tienen a nadie y simplemente quieren ser escuchados, o que les ayudemos a salir a la calle porque no pueden hacerlo por sí mismos".