Mi madre, con deterioro cognitivo moderado, está aislada con Covid en la planta 12 del Hospital Doce de Octubre. Ingresó en la planta 15 el 12 de abril con PCR negativa el día del ingreso. Cogió la Covid en su estancia en dicha planta. Estoy con ella aislada para cuidarla 23 horas al día, descargando al personal sanitario de que se ocupen de ella en cuanto a vigilancia de las posibles incidencias que se pudieran presentar, como que se pueda quitar las gafas de oxígeno, la vía y posibles disneas. También le doy de comer.
La hora restante de las 24 horas me bajo a comer y a descongestionarme de la tensión que soporto.
Es la tercera vez que advierto en el control de enfermería de la planta que por favor echen un ojo a mi madre en ese rato en el que me ausento y es la tercera vez que cuando vuelvo, una hora más tarde, me la encuentro desnuda, desaturada, agresiva por la pérdida de oxígeno. No se la puede controlar y hoy, al menos, le han tenido que poner un mórfico.
Quiero denunciar la falta de empatía de los sanitarios de esta planta con los enfermos. Mi impresión es que para ellos no son enfermos, solo números. Y, en ese caso, deberían dedicarse a otras labores.
En la planta Covid hay actualmente 24 pacientes. Se tarda en recorrer el pasillo de cada planta medio minuto. ¿Es tan difícil hacer rondas con frecuencia o al menos con los enfermos de riesgo como mi madre?
María Soledad García Moro