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El rito de la Lotería de Navidad

Por Ángel del Río
viernes 13 de noviembre de 2020, 11:13h

La lotería es el juego de la ilusión, la esperanza imperturbable de conseguir un premio, aunque sea modesto en su cuantía. Pero la especial de Navidad es, sobre todo, una tradición, casi un rito, una costumbre si la cual estos días serían distintos. Puede pasar de moda el cántico callejero de villancicos, el sonido de las panderetas y las zambombas, pedir el aguinaldo de puerta en puerta o enviar christmas de papel, pero la tradición que nunca falla, es comprar la lotería de Navidad, haciendo que la estadística sobre dinero invertido en este juego, se supere cada año.

Pero este sorteo de 2020 no va a ser lo mismo, porque, sin haber jugado, nos ha tocado el “gordo” del coronavirus, que lejos de ser un premio, es un castigo. El rito de la lotería de Navidad se ve trastocado por las circunstancias de la pandemia. Comprar décimos o participaciones para intercambiar con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los de la peña, del partido, del sindicato o del gimnasio, ha sido algo inherente a esta época del año, casi un hábito de obligado cumplimiento, por mucho que nos doliera el bolsillo.

Este año no va a ser lo mismo. No parece muy apetecible hacer cola ante la administración de lotería habitual. No merece la pena esperar largo tiempo con la mascarilla puesta y guardando la distancia de seguridad. Luego quedaría reunirse con los amigos para intercambiar esa lotería, siempre y cuando no sean más de los permitidos. Algo parecido puede ocurrir con el intercambio en el ámbito familiar. Tampoco va a ser normal acercarse al bar, la frutería o el restaurante de confianza, para comprar el número que siempre adquirimos por estas fechas, sobre todo porque, puede, que el bar, la frutería y el restaurante hayan cesado en su actividad por culpa de la crisis de la maldita pandemia.

Es posible también que este año, desaparezca la tradición de vender papeletas para la rifa de una tentadora cesta, al poseedor de la que tenga el número coincidente con el del “gordo” de la lotería, y cuya recaudación estaría destinada a financiar el viaje de fin de curso, especialmente porque nadie es capaz de asegurar que podrá organizarse ese viaje.

¿Y qué será de los vendedores ambulantes de lotería?, esos que se ganaban el pan y el turrón en estas fechas.

La lotería de Navidad es, sobre todo, un rito, que este año se verá modificado por las circunstancias extraordinarias que vivimos, y sólo deseamos que nos toque el reintegro a la normalidad.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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