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11-M: Recuerdo y dignidad contra el olvido y la mentira

miércoles 11 de marzo de 2020, 20:07h

Nada ha podido evitar, ni podrá evitar, que el 11 de marzo haya vuelto a sentir la punzada de la tragedia en Madrid. Dieciséis años después, el pasado se hace presente y vuelvo, volvemos, a revivir el espanto, el caos, la muerte…, También la dignidad de una ciudad entera y, en contraposición, la mentira de unos gobernantes inmorales.

La prevención ante la epidemia por el coronavirus nos ha llevado a suspender el acto conmemorativo que cada año realizamos CCOO de Madrid junto a UGT, la Asociación 11 M Afectados del Terrorismo y la Unión de Actores. Pero esa ausencia de reencuentro y acompañamiento a las familias de las víctimas no es óbice para que nuestro recuerdo siga vivo, para que Madrid no olvide.

Lo lamentable es que se haya mantenido el acto en el Bosque del Recuerdo y la derecha, con el señor Casado a la cabeza, lo haya aprovechado como todos los años para manipular, desviar la atención y ocultar sus vergüenzas pasadas. Los actos del 11-M son para recordar y acompañar a las víctimas del terrorismo yihadista que sigue actuando y matando por todo el mundo, no otra cosa.

Aquella jornada dejó también como lección que la demagogia no es la solución ante momentos de crisis como el que vivimos hoy a causa del famoso virus. Entonces, como ahora, son necesarias razón, temple y solidez de Estado; no mentiras, enfrentamiento e intereses espurios.

El mal gobierno de José María Aznar nos hizo ir a rebufo de los intereses de George Bush para convertir a España en objetivo del terrorismo yihadista. Fue el atentado más sangriento de Europa. Desde los bombardeos fascistas de la Guerra Civil, Madrid no sufría un ataque contra la población civil tan terrible. Casi simultáneamente, entre las siete y treinta y seis de la mañana y las siete cuarenta, en plena hora punta, se sucedieron diez explosiones casi simultáneas en cuatro trenes de cercanías. 193 muertes y más de 2.000 personas heridas. Pánico y solidaridad de toda una ciudad con las víctimas dieron paso a un estado de depresión compartida de la que se tardó en salir varias semanas. Y a uno de los episodios de solidaridad de la ciudadanía y de extraordinario funcionamiento de los servicios públicos gracias a la entrega y profesionalidad de su personal, de nuestra reciente historia.

En aquellos trenes iba Madrid, que es decir el mundo entero. Dejaron su vida estudiantes y trabajadores, fundamentalmente trabajadoras, de lugares tan alejados pero unidos en nuestra ciudad como Rumanía, Ecuador, Bulgaria, Polonia, Perú, Colombia, República Dominicana, Honduras, Marruecos, Ucrania, Francia, Brasil, Chile, Cuba, Filipinas, Senegal y Guinea-Bissau.

Y el mundo entero sigue padeciendo las consecuencias de aquella irresponsabilidad. La guerra de Afganistán y la invasión de Irak dio alas a un extremismo que, según el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, el primer mes del año 2020 se cierra con un balance de, al menos, 108 atentados en los que han muerto un total de 744 personas. Estos países han sido: Afganistán, Siria, Irak, Pakistán, Filipinas, Egipto, Libia, Mali, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Camerún, República Democrática del Congo, Somalia, Kenia, Mozambique, Rusia, Francia y Reino Unido. Estos datos corresponde exclusivamente a terrorismo yihadista.

La actitud de Donald Trump imponiendo políticas unilaterales “de paz” en lugares como Palestina y Afganistán o abandonando a los kurdos de Siria con el solo objetivo de hacer campaña ante las elecciones presidenciales de noviembre, deberían imponer una política común exterior en la Unión Europea. Una política que fuera más allá del bilateralismo español o francés con países del Magreb como Marruecos o Argelia para que hagan de tapón hacia Europa en el violento Sahel (Malí, Chad, Niger, Burkina-Faso y Mauritania). La yihad está renaciendo en esta zona como muestran los datos de la International Crisis Group (ICG), que aseguran que en 2019 fueron asesinadas 4.779 personas en Malí, Níger y Burkina Faso en acciones militares, paramilitares y extrajudiciales, un 86 por ciento más que en 2018.

La Unión Europea mira hacia otro lado y se olvida de los Derechos Humanos ante los miles de personas que se agolpan en la frontera entre Turquía y Grecia intentando sobrevivir. La urgencia del momento que vivimos en España y especialmente en Madrid no puede hacernos obviar lo importante. Las Comisiones Obreras rechazamos radicalmente el terrorismo y las doctrinas fundamentalistas que lo promueven y organizan. Pero también denunciamos las causas que siembran el campo donde germina el terror. Porque también es terror el que sufren los inmigrantes que diariamente se ven forzados, por un sistema capitalista salvaje, a jugarse la vida cruzando el Mediterráneo para buscar un trabajo, para buscar una oportunidad de vida huyendo de la miseria, de la persecución política o religiosa o sencillamente de las bombas.

Europa tiene que parar las ínfulas del neofascismo que en España representa Vox, heredero directo del franquismo y alumno aventajado de Aznar a la hora de alentar la crispación y argumentar con mentiras. Los representantes de este partido en Madrid han pedido retirar el monumento a las víctimas del 11 de Marzo de la Estación de Atocha por considerar que no es digno. A pesar de ello, su parte exterior ya está iluminada y el próximo mes de abril abrirá sus puertas. Este monumento se terminó de construir en 2007 y es fruto de la colaboración institucional entre el Ayuntamiento de Madrid y el Gobierno de España, a través de Renfe y Adif.

Aquellas compañeras y compañeros asesinados, quienes fueron heridos, los familiares que han sufrido la pérdida de un ser querido y luego el calvario por la conspiración de la derecha política y mediática, viven en nuestro corazón y nos empujan a seguir trabajando sin cejar por la clase trabajadora.

Por ello, ante esta grave crisis sanitaria, está pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud, las Comisiones Obreras de Madrid, hoy como hace dieciséis años, abogamos por la responsabilidad, el raciocinio y la unidad en beneficio de toda la población, porque es sabido que la clase trabajadora y los más desfavorecidos son quienes terminan padeciendo las miopías partidistas.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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