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Orgullo de María Luisa Suárez Roldán, abogada

jueves 10 de enero de 2019, 08:03h

Con 98 años, el pasado 4 de enero, nos abandonaba María Luisa Suárez Roldán, una triste noticia compensada por la cantidad y calidad de personas que han homenajeado su figura con emotivos y certeros relatos: Unai Sordo, Enrique de Santiago, Cristina Almeida, Manuela Carmena, Héctor Maravall, Rafael Fraguas… Como secretario general de las Comisiones Obreras de Madrid quiero también referirme a esta mujer valiente, pionera de los despachos de abogados laboralistas de CCOO y comunista. Porque su memoria tiene que mantenerse viva para alumbrarnos a los sindicalistas y a quienes día a día se enfrentan en los juzgados a las injusticias que padece la clase trabajadora, las personas más débiles, las más desfavorecidas.

Esa trayectoria es la que llevó a CCOO de Madrid a premiarla al poco de echar a andar la Fundación Abogados de Atocha, en 2005, en la que fue una de sus ultimas apariciones públicas. Tuvo otros reconocimientos en vida como la medalla al Mérito del Trabajo, otorgada en 1986 y la de la Cruz de San Raimundo de Peñafort, patrón de los juristas.

En la actualidad puede resultar inimaginable la lucha y el trabajo de María Luisa Suárez Roldán bajo el franquismo. Tal como ella misma nos relataba en 2009 en una entrevista realizada en Madrid Sindical fue allá por el año 1944 la única mujer de su promoción de Derecho en licenciarse. Estudió por libre e iba a los exámenes sola, rodeada de hombres, a pesar de lo cual nunca se sintió “un bicho raro”.

Aseguraba María Luisa que no tuvo mayores problemas porque iba por la vida sin avasallar, preguntando y en una actitud nada sectaria. Por ello fue una mujer abogada muy respetada en los juzgados y en el Colegio de Abogados.

María Luisa conoció la República, pasó por la Institución Libre de Enseñanza y fue alumna de Antonio Machado. Aquellas experiencias de adolescencia marcaron su alma y su corazón de convicciones democráticas y por ende antifranquistas una vez que la zarpa guerra se atravesó en su vida como en la de toda España.

Como nos ha recordado Cristina Almeida, María Luisa se incorporó al Colegio de Abogados cuando pocas mujeres lo consiguieron, mujeres como Luisa Elena del Portillo, María Temo Nuñez o Concha Sierra, auténticas pioneras que fueron abriendo la senda a una siguiente generación de mujeres abogadas como propia Almeida, Manuela Carmena, Paquita Sauquillo, Ángela Cerrillos o Cristina Peña.

Muchas de ellas engrosarían las filas del Partido Comunista de España, donde ya militaba clandestinamente María Luisa, que desde el principio de su actividad profesional no tuvo la minuta como objetivo de su labor. Una mujer leal con sus principios que, como ha rememorado Manuela Carmena, pasó los últimos tiempos de su vida en una residencia municipal para situaciones de emergencia sin dejar de trasladar a la alcaldesa reivindicaciones de las trabajadoras del establecimiento.

Fue hace más de cincuenta años, en 1965, cuando María Luisa puso en marcha junto a José Jiménez de Parga, Antonio Montesinos y otros compañeros el legendario despacho laboralista de la Calle de la Cruz, 16 de Madrid. Un despacho tan bien conocido por la clase trabajadora como por la policía que permanentemente lo vigilaba. Por ese despacho fueron aprendiendo tantas y tantos jóvenes abogados de las clandestinas Comisiones Obreras que en pocos años montaron una red de treinta bufetes, entre ellos el de Atocha, 55, trágicamente conocido por el sanguinario atentado terrorista perpetrado por los fascistas.

Previamente, en 1962, María Luisa participó hasta donde pudo en la defensa de Julian Grimau, finalmente fusilado. Y digo “hasta donde pudo” porque aquella ignominia franquista, aquel pariré jurídico se realizó por medio de un consejo de guerra en el que no se permitía intervenir a abogados civiles. Sobre este episodio, Cristina Almeida explica que Maria Luisa lloró por no poder defender a Grimau, igual que lloraba por los años de prisión que el Tribunal de Orden Público, el terrorífico TOP, imponía a presos políticos y sindicalistas.

Pero esas lágrimas también se transformaban en orgullo en momentos para ella inolvidables, como el que nos narraba en Madrid Sindical, cuando en una ocasión fue a visitar a los presos de CCOO en huelga de hambre en la cárcel de Carabanchel. Reclamó ver a todos pero no le llevaron ante su presencia a Julián Ariza. El director le dijo que ni él podía salir, ni ella podía entrar a verle. María Luisa amenazó al director con no moverse de ese despacho hasta no ver a Julian… “Señora, se está poniendo usted muy pesada”, espetó el director y logró pasar. Y con precisa memoria recordaba cómo “tras un recorrido inolvidable hasta la sexta galería, al cabo de unos minutos, apareció Julián sujetado por dos funcionarios para que pudiera mantenerse en pie”. Ariza le dijo que no se preocupara, que todo era debilidad y precisaba volver a la cama. Eran los tiempos en que verdaderos presos políticos realizaban verdaderas huelgas de hambre.

“Ya de vuelta por los pasillos, entre aquellos sonidos sobrecogedores, que eran como señales de tristeza dentro de la tristeza misma, llevaba conmigo una satisfacción infinita, por haberme salido con la mía, por mis compañeros. Me sentía orgullosa”, nos relató en primera persona María Luisa, en aquellos días en los que la Gran Recesión había aparecido en nuestro país.

Sobre ese inicio de la crisis, los primeros despidos en masa, la pérdida de libertades…, tenía muy claro que “la primera premisa es unirse, porque sin unión no somos nadie”.

María Luisa Suárez Roldán fue lucha y activismo compaginado con elegancia, dignidad e inteligencia. Se nos ha ido en silencio, sin estridencias, en el polo opuesto de la vanidad. Con esa humildad de la que, paradójicamente, sólo una persona con convicciones arraigadas puede hacer gala. Una luchadora que siempre vivió en Madrid y que por ello la alcaldesa ha asegurado acertadamente que un parque o una calle llevará su nombre en su recuerdo.

Hemos reconocido y agradecido su lucha, su compromiso y el extraordinario papel que jugó en la reorganización del movimiento obrero en CCOO en plena dictadura. Y sobre todo, hacemos un ejercicio de memoria para trasladar al presente los valores y la forma de enfrentar la injusticia y la lucha por la libertad y la democracia de personas imprescindibles como Maria Luisa.

Lo necesitamos en el momento actual de regresiones y de intentos de vuelta al pasado. Fue posible avanzar en el periodo más negro de la dictadura franquista, hoy es posible avanzar en igualdad para blindar los derechos y las libertades democráticas amenazados por una derecha que vuelve a las andadas.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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