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Por una región solidaria y con ciudades refugio

jueves 14 de diciembre de 2017, 10:26h

Hace un año, Zana nos recordaba con horror su viaje en patera desde Agadir, en Marruecos, hasta la costa de Canarias. Una travesía que comenzó a pie desde Costa de Marfil y finalizó con una de las tres precarias embarcaciones, gestionadas por las mafias, hundida en medio de un mar muy agitado. Zana es la evidencia de que la realidad supera a la ficción. Consiguió llegar a la península y convertirse en un nuevo madrileño, de Villaverde, y vallecano de trabajo. Pero la mayoría de las historias no suelen terminar así.

Según ACNUR (agencia de la ONU) actualmente hay 66 millones de personas desplazadas de sus países; hasta el 3 de diciembre, un total de 164.779 personas habían llegado a territorio europeo, siendo España el país al que más han llegado este año: 25.141 entre tierra y mar. Desde 2014, cada año mueren más de 3.000 personas en las aguas del Mediterráneo.

Tanto los gobiernos europeos como la sociedad hacen dos sordos ante esta tragedia. Sociedades que despiertan cuando una imagen, como la de un niño ahogado en una playa, inunda redes sociales y medios de comunicación. Como sindicalista e internacionalista y como debería hacer cualquier ser humano con humanidad, hay que denunciar el cinismo y la hipocresía de los gobernantes que se niegan sistemáticamente a garantizar el derecho al asilo y los derechos humanos de las personas refugiadas.

En este escenario, la pasada primavera, CCOO de Madrid participamos en la conformación de los “municipios comprometidos con el refugio” junto a UGT, partidos políticos de izquierdas, organizaciones no gubernamentales y veinte ciudades, además de la capital. Ahora, en el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos, hemos presentado el documento “Refugio y municipalidad”.

Este trabajo se fundamenta en tres ejes: sensibilización de la sociedad, reclamar políticas públicas y alentar la participación ciudadana, incluida la movilización y su incidencia política.

Nadie puede negar el papel clave de los ayuntamientos, que finalmente son las administraciones más cercanas a la ciudadanía y las que tienen que dar respuesta rápida y eficaz más allá de interminables burocracias. Por ello, hay que exigir que se dote de más recursos a los ayuntamientos para que puedan hacer efectiva la inclusión real de las personas refugiadas. Además se hace imprescindible una mayor implicación y coordinación con las comunidades autónomas.

Los municipios comprometidos con el refugio y las organizaciones que participamos en la iniciativa somos muy diversas pero estamos demostrando una gran capacidad para relativizar problemas y ser absolutamente radicales, en el sentido de actuar yendo a la raíz de la situación, con unidad y aportando los conocimientos que cada cual poseemos.

Por ello, desde la vertiente más laboral del asunto, considero muy relevante concienciar a las personas refugiadas sobre sus derechos. No se nos escapan las dificultades que sufren en una primera fase las personas inmigrantes y refugiadas nada más llegar a una tierra nueva de la que desconocen todo, incluido el idioma. Ahora bien, es importante que estas personas dejen de sobrevivir y puedan vivir. Y para vivir es imprescindible que se impliquen en sus derechos, incluso sembrar la semilla del activismo sindical.

Aunque el contexto es diferente, las Comisiones Obreras organizaron desde mediados de los años sesenta a decenas de miles de personas que abandonaban su tierra de origen y se dirigían, tantas veces con una mano delante y otra detrás, a las grandes ciudades en busca de un trabajo para poder vivir.

Fueron esas miles de personas organizadas las que conquistaron todos los derechos laborales, e incluso empujaron definitivamente el final del franquismo. Si fuimos capaces entonces podemos ser capaces ahora. Insisto en lo que dije el pasado mes de mayo, cuando aventurábamos otro verano repleto de imágenes trágicas de personas que huyen del hambre, las guerras y la falta de libertad.

El populismo nacionalista y xenófobo merodea inquieto por Europa. La mejor medicina es la solidaridad. Imaginemos que tenemos que salir con nuestras familias huyendo de bombas, que nos torturan, que perdemos hijos, hijas, familiares, cónyuges…, que tenemos que huir para salvar la vida y que si nos devuelven a nuestro país nos espera la pena de muerte. Hay pocas opciones. Hay que recordar que los españoles tuvimos que huir de una guerra civil de la que todavía quedan heridas. Si muchos países no nos hubieran abierto sus puertas, probablemente hoy no estaríamos aquí.

Jaime Cedrún es secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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