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Derecho a vacaciones

A lo largo de la historia, la clase trabajadora ha ido conquistando derechos que, para algunos, parecían caídos del cielo. Sin embargo, muchas personas dieron su vida para que, por ejemplo, exista la jornada de ocho horas o…, el derecho a vacaciones.

La necesidad humana de descansar de la rutina se explica en la existencia misma del vocablo “vacación”. Deriva del latín “vacatio” o “vacationis”, y se refiere al descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios, según cita el Diccionario de la Lengua Española.

En el polo opuesto se encuentra el origen etimológico de la palabra “trabajo”. Según la Real Academia de la Lengua, su procedencia es del vocablo latino “tripalium”, cuyo significado era “instrumento de tortura compuesto de tres maderos”. Incluso la Biblia, en el Génesis, se refiere al trabajo como un castigo divino: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente…” Y sin duda, una tortura era el trabajo cuando las condiciones laborales eran de exclavitud o, prohibida ésta, de una explotación vil.

En la sociedades actuales el trabajo es su elemento vertebrador y los derechos laborales conquistadas por los trabajadores y trabajadoras, definen el grado de civilización y de progreso alcanzado por las mismas.

Y sí, nuevamente en esta crisis, de paro, de miedo… nos quieren arrebatar derechos peleados. Por ello, siempre conviene recuperar la memoria de las conquistas de la clase obrera.

Fue el 11 de julio de 1936, cuando el socialista francés Léon Blum instituyó en Francia la semana laboral de 40 horas. El escenario político y social de ese país, ante la acometida nazi, era entonces muy complejo; la política social de Blum despertó el optimismo de los trabajadores.

La Revolución Soviética, de la que ahora se cumplirá un siglo, también jugó un papel. Los empresarios franceses, que temían el estallido de una revolución, negociaron con el gobierno, y el 20 de julio de ese mismo año, el Parlamento otorgó a los trabajadores 15 días de vacaciones pagadas. A ello se sumó un descuento en el “boleto de vacaciones anuales” para el ferrocarril, transporte que movilizó a los primeros seiscientos mil trabajadores turistas de la historia. Un año después, en 1937, la cifra se triplicó.

En España fueron las Cortes Constituyentes de la Segunda República las que aprobaron, con el impulso del ministro de Trabajo socialista, Francisco Largo Caballero, una Ley de Contrato de Trabajo. En negro sobre blanco, quedaba legislado en nuestro país el derecho a siete días de vacaciones. Una ley que, por cierto, también protegía el derecho a huelga, ese que fue prohibido el 18 de julio de 1936 y que actualmente han vuelto a atacar procesando indiscriminadamente a sindicalistas.

En el escenario internacional, el 10 de diciembre de 1948, con el artículo 24 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el derecho a las vacaciones fue consagrado:

“Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”.

Así las cosas, la pasada semana, Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, nos quiso dar una lección de abnegada trabajadora al afirmar que “las vacaciones es una cosa muy buena, pero tiene que ser voluntario. Yo prefiero quedarme trabajando, porque no se me ocurre mejor sitio que estar aquí trabajando en la Puerta del Sol en lo que queda de julio y agosto”.

Quiero creer que esta declaración de Cifuentes ha sido realmente un mensajito de carácter interno para algún miembro de su partido, tigre del descanso, que puede que tanto abunden en el entorno de la sede de la calle Génova.

De no ser así, Cifuentes ha cometido una irresponsabilidad al intentar ejemplificar con su conducta no ya a su equipo, sino a toda una región como presidenta que es. Como presidenta que es, debería explicar a la ciudadanía que las vacaciones son un derecho, pero también una necesidad. Incluso para ella, que quizá ha sufrido un ataque de vanidad al considerarse imprescindible y…, nada más lejos.

Quiero creer que esta afirmación de Cifuentes nada tiene que ver con arrebatar derechos o incidir en el falso estereotipo de que en España disfrutamos de muchas vacaciones (22 días laborables). Según el Banco Mundial, Finlandia y Francia, garantizan 30 días; Reino Unido, 28; Italia, 26; Austria, Luxemburgo, Dinamarca, Eslovaquia y Suecia, 25; Alemania, Estonia, Islandia y Malta, 24… Es decir, ni de lejos encabezamos el pódium de las vacaciones.

Quizá Cifuentes no ha sido consciente de que con sus palabras también ha dado aliento a esos empresarios impulsores de precariedad y temporalidad. Empresarios que, bendecidos por las reformas laborales, privan a muchos trabajadores y trabajadoras de ese derecho conquistado con mucha sangre y sacrificio.

Me atrevería a recomendar a Cristina Cifuentes que se tome unas vacaciones, desconecte un poco y quizá en septiembre vea todo con mayor claridad.

Y no puedo por menos que recordar a la presidenta que esto de las vacaciones no es algo que surgió por arte de magia. Fue un derecho peleado y conquistado gracias a los trabajadores organizados. Sí. Gracias a los sindicatos de clase.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO de Madrid
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  • Derecho a vacaciones

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    6079 | Jose Luis - 09/08/2017 @ 12:30:58 (GMT+1)
    Gracias Jaime por recordarnos a todos que lo que una vez conseguimos, con esfuerzo, sangre y sudor, se nos arrebata a golpe de decreto de la manera mal infame y vil.
    Sra, Cifuentes, tómese unas vacaciones y done el mes de sueldo a una ONG, así no podrá sentirse culpable por cobrar si trabajar.
    !! Vacaciones de 25 días ya !!!!

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