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El "impunebús"

Por Ángel del Río
martes 18 de abril de 2017, 17:01h

“¿Podemos ir al límite con nuestra demagogia populista?”, le preguntó Pablo Iglesias a su compañera de todo, Irene Montero. Y ésta le respondió: “Podemos”.

Dicho y hecho. Se subieron al autobús, no al público, sino al alquilado, cuyas fachadas exteriores habían sido decoradas con los caretos de tipos manifiestamente corruptos; otros, presuntos; alguno más, sin tacha, y como había espacio, otros del “por si acaso”. Los promotores le llaman, el “tramabús”; los de enfrente, el “trolabús”, y los del medio, el “impunebús”, porque goza de absoluta impunidad muicipal, por mucho que vulnere el Reglamento de Circulación, la ordenanza de Movilidad y la ley de Seguridad Vial. A ver quién es el valiente que se atreve a denunciar al “podemosbús” por tantos incumplimientos, porque si el Ayuntamiento no ordena que lo hagan, nadie se va atrever, y es el que el vehículo en cuestión, que hace la ruta Circular podemita por Madrid, puede hasta circular por la izquierda. Nadie se atrevería a obligarle a circular por la derecha.

Póngase usted, amigo lector, a fletar un autobús portando la cara de el vecino que lleva años sin pagar la cuota de la comunidad de propietarios; la del tesorero al que pillaron metiendo una factura sin justificar en el capítulo de gastos, o la del soltero del quinto, que vuelve de madrugada, empapadito en alcohol, canturreando con alma de soprano: “Súbeme la radio…”. Imagínese a un autobús fletado por usted, parando en cualquier espacio no habiliado, o entorpeciendo la circulación. Pruebe usted a realizar esta experiencia, y ya verá como tiene a una legión de escrupulosos servidores públicos, enviados por la autoridad municipal, extendiendo recetas, para que usted pague las multas correspondientes.

Dicen que al presidente venezolano, Nicolás Maduro, se le saltaron las lágrimas, cuando vio la imagen del “tramabús” bolivarano, surcando las calles del Madrid de Rajoy, a través del canal único bolivariano. Le recordaba aquellos tiempos en los que él era conductor de autobuses y con gran pena tuvo que abandonar el oficio para ejercer de escudero de Chaves y después aceptar con sacrificio, la corona de espinas de la presidencia del país. Con lo feliz que hubiera sido conduciendo el autobús del amigo Pablo.

El “tramabús” de Podemos hizo su primer recorrido, al que sólo faltó la alcaldesa, Manuela Carmena, cortando la cinta inaugural, parando en varios puntos, presuntos templos de corrupción, y en los que también estuvieron en su día afines a Pablo Iglesias, y de forma especial, emblemática, paró en la calle de Génova, a la puerta de la sede del PP, y a poco estuvo la gaviota de distraerles, desde las alturas, una cagada.

Se trataba de hacer un recorrido por esos puntos negros de la honestidad, por esos lugares del robo y la vergüenza, exhibiendo los caretos de presuntos y de condendos por meter la mano. Y con este objetivo, muchos echamos de menos que el “tramabús” no se detuviera delante de la sede de la embajada de Venezuela.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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