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Las dos caras de enero

lunes 11 de enero de 2016, 07:48h

Acaba de empezar el año como corresponde, según costumbre todavía generalmente aceptada por todos, cada mes de enero. Sin embargo, 2016 parece ya un año viejo. Prematuramente cansado. Quizá es porque este 2015 se resiste a abandonarnos al menos en tantas cosas que han quedado pendientes y aún se apoya pesadamente sobre su sucesor como esos amigos que se han pasado de copas e insisten en reiterarnos sus cuitas. Tampoco es una novedad. Enero es un mes que tiene al menos dos caras como ya anticipó Patricia Higsmith. Llega con el ímpetu de su lozanía pero también con las cuentas que han quedado pendientes. El año viejo siempre es un moroso. No hay que fiarse del todo de enero pues es un ilusionista en busca de audiencia. En las calles, como una bruma, pesa la melancolía de ilusiones aún tiernas. Al mismo tiempo, parecen cernirse ignotas amenazas que se confunden con las sombras todavía largas y hambrientas de este invierno tardío.

Seguro que el año nuevo nos dará más de una alegría aunque sea para compensar su repentina hosquedad inicial, pero hay que ver cómo ha empezado en tantas cosas que nos han provocado preocupación y desánimo. De nuevo las amenazas terroristas que parecen ensayar futuras tragedias; playas que arrojan cadáveres de personas sin destino; de nuevo mujeres muertas a traición por hombres que nunca tenían que haber conocido. Si no bastaba con esto, desde la civilizada Alemania, irrumpió una enloquecida violencia sexual machista organizada. Matones pandilleros que no amaban a las mujeres como ya advirtió el malogrado Stieg Larsson. Eso es lo peor, el trasiego cruel de la crueldad humana.

En otro orden, o desorden, de cosas, seguimos sin saber qué va a pasar en nuestra casa después de habernos encontrado papeletas electorales en el roscón de Reyes. Todos parecen presos de sus palabras durante esa campaña electoral que habíamos quedado en que ya había terminado hace un mes. Y ahora nadie quiere desdecirse. Como lo de Cataluña. Eso es ya como “La historia interminable” del añorado Michael Ende por mucho que Artur Mas haya exhibido su truco final fingiendo que se ha ido y poniendo en su lugar a un señor de extraño flequillo y apellido, eso sí, mucho más complicado. El caso es facilitar las cosas. Pues eso, “a más a más”. Así que como Rajoy ha salido para repetir las mismas advertencias como era de esperar, este nuevo año electoralmente hablando puede convertirse en un bucle digno del Harold Ramis de “Atrapado en el tiempo” Cosas de enero. Es tal la ambigüedad de este mes, que hasta la trama de la novela de Highsmith “Las dos caras de enero” se adaptó al sofocante verano.

Pedro Sánchez viajó al país vecino. A Portugal, no Francia, que allí no están para bromas. Fue a que le leyera las cartas su colega Antonio Costa pues Rappel está ya ocupado en Gran Hermano Vips, sin duda una de las pocas noticias tranquilizadoras del año que empieza. No supo advertirle de la que se avecinaba. Sánchez parece ignorar que, al menos hoy en día, el que de verdad sabe tirar las faltas por encima de la barrera y por la escuadra no es el portugués CR7 sino el argentino Messi de Cataluña. Sánchez parece nervioso e irritado y lo transmite a pesar de su sonrisa un tanto crispada. No es para menos porque se ha pasado las Navidades discutiendo con la familia política cuando suponía que ya le bastaba con regañar con Rajoy. Al presidente en funciones ahora se le discuten faltas menores como su manera de bailar en una fiesta pija de Nochevieja en su tierra natal. Bailaba Rajoy un tanto despistado, sí, como si las gafas nuevas aún no estuvieran bien ajustadas, pero bailaba en “su Gran Noche” como le cantaba Raphael. Quizá Rajoy, por algo es gallego, ya presentía lo que iba a ocurrir efectivamente en la noche del 10D. Porque ahora más que nunca puede que esté convencido de que si esto no se arregla, no va a ser él quién más salga perdiendo. Al final, todos acabaremos consultando el Horóscopo.

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