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Luces y sombras

Por Fernando González
jueves 03 de diciembre de 2015, 07:57h

Doña Manuela Carmena apretó el botón y las luciérnagas navideñas alumbraron la penumbra en los cielos de Madrid. Inconscientes como vivimos de la fugacidad del calendario vital, siempre nos sorprende un fenómeno tan imprevisto como vistoso, aunque se repita cada año por estas fechas. Sobre nuestras cabezas cuelgan ya las luces que abrillantan la noche, incrustadas en escárpelas luminosas que jalonan el horizonte de nuestras calles y avenidas, punteando las ramas desnudas de los árboles urbanos, combinándose en diseños geométricos alegóricos, simbolizando las alegrías pasajeras que caducarán en muy pocas semanas.

Cuando el día se despide, en aquellos lugares que no han sido agraciados en el reparto de bombillitas de colores, las noches parecen más lúgubres y sombrías que de costumbre. En mi barrio, como en tantos otros, los pequeños comercios adornan sus escaparates con guirnaldas incandescentes y campanitas refulgentes, compensando así el apagón festivo que les ha tocado en suerte. ¡Ahí tienen la luz!, exclamó alborozada la Alcaldesa y todos los paseantes lo celebramos con ella.

La ciudad parece más hermosa y acogedora cuando se encienden las candelas que conmemoran el Adviento de la Navidad. También resaltan más, por desgracia, los desgarros sociales que padecemos y el deterioro generalizado de las dotaciones municipales. La señora Alcaldesa debería provechar la ocasión y anticiparnos algún plan que ataje en lo posible las deformidades que perturban nuestra vida ciudadana. En muchos distritos de Madrid, céntricos y periféricos, se precisa la intervención urgente del nuevo Consistorio.

Observe doña Manuela, por ejemplo, nuestras aceras, plagadas como están de baches, de resaltes, de baldosas rotas o sueltas y de hoyos sin reparar. Las tapas de muchas arquetas y registros se balancean cuando el peatón pisa sobre ellos, desequilibrando al pobre incauto que camina despistado. Cuando veo a una persona mayor, mayor repito, ya me entiende usted Alcaldesa, tropezar con alguno de esos obstáculos y caer sobre su maltrecha osamenta, cuando tal cosa sucede, me acuerdo, para mal, del Excelentísimo Ayuntamiento.

Contemple Carmena la basura que continúa acumulándose por todas partes, los contenedores de reciclaje convertidos en vertederos incontrolados, las burdas pintadas que ensucian los bajos de miles de fachadas, las bolsas de porquerías abandonadas en cualquier rincón y las motos aparcadas donde mejor le cuadra a sus incívicos conductores. Mire usted, aunque sea de reojo, los arbolitos recién plantados que morirán en primavera por falta de riego y de cuidados primarios.

La luminosidad artificial, corregida y aumentada en Navidad, muestra las lacras que siguen enquistadas en el tejido social de Madrid: la marginalidad de los sectores más deprimidos y la existencia de seres invisibles que duermen a la intemperie o rebuscan algo útil en los desperdicios que nosotros tiramos. ¡Ay señora Alcaldesa!, la luz artificial, por muy rutilante y gozosa que nos parezca, descubre los defectos ocultos y dibuja a nuestras espaldas una sucesión de sombras delatoras.

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