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Representación de 'Me quedo muerta'
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Representación de 'Me quedo muerta' (Foto: Antonio Castro)

Microteatro: un invento del siglo XIX

lunes 10 de agosto de 2015, 09:19h

Cada vez que la economía del país ha tocado fondo, afectando al sector de los espectáculos, los cómicos han debido exprimirse el cerebro para encontrar fórmulas que les permitan sobrevivir cuando los espectadores disponen de pocos cuartos para gastar en los teatros. En los últimos cinco años ha tenido una extraordinaria expansión en Madrid el formato conocido genéricamente como ‘microteatro’.

Consiste en ofrecer piezas de corta duración, repetidas varias veces al día en locales de reducido aforo en los que, además, es posible consumir bebidas. España, en crisis desde 2007, vio disminuir la asistencia a los teatro y los creadores vieron en este sistema de programación una oportunidad de seguir vivos. Pero, cumpliendo la máxima de que en el teatro está todo inventado, también esta fórmula había triunfado ciento cincuenta años antes. Solo que entonces se llamó teatro por horas.

Entre los años 1866 y 1868 España sufrió una terrible crisis financiera, que había tenido los primeros síntomas en 1862, con los problemas en la industria textil catalana. En 1864 se produjo la primera quiebra de sociedades relacionadas con el ferrocarril. Siguieron otras muchas de entidades financieras y de crédito. Por si España no estuviera sufriendo bastante, los años 1867 y 1868 se registraron unas cosechas pésimas en la agricultura que desabasteció a la sociedad de productos básicos. Con ese panorama, se entiende que hubiera poco dinero para teatros. Tres actores, José Vallejo, Antonio Riquelme y Juan José Luján, decidieron representar obras cortas, con varias sesiones cada día y, obviamente, a precios muy reducidos. El éxito fue inmediato. El teatro del Recreo, en la calle Flor Baja, fue el primero medianamente equipado que acogió esta programación. Apareció en las carteleras el 8 de marzo de 1868. Las funciones eran a las ocho, las nueve, las diez, las once y la once y media. Con una obrita distinta en cada una de ellas. Después los fundadores del teatro por horas se trasladarían al Variedades de la calle Magdalena.

Hasta en la introducción de servicios de bar en estos locales se inventó con el teatro por horas. ‘El Teatro’, semanario monográfico, informó el 24 de octubre de 1870 sobre el funcionamiento de los locales madrileños. Respecto a dos de segundo orden, decía:

Réstanos solo hablar de los teatros Novedades y Variedades, cuyas empresas han logrado armonizar útile et dulci, como si dijéramos, la cabeza y el estómago, combinando el modo con que el espectador pueda saborear las excelencias del arte mientras paladea un refresco o una taza de café. Este sistema utilitario llena cumplidamente sus deseos, puesto que acuden aficionados al cebo y se regalan doblemente que es un gusto”.

Estos dos teatros tenían un gran aforo pero, en ese momento, también se abrían el Esmeralda, en la calle de las Aguas y el de la Carrera de San Francisco, ambos con cien localidades. Otros de tercer y cuarto orden –Las Musas, La Infantil, el Máiquez…- tenían poco más de doscientas localidades. Pero, sorprendentemente, en esos años Madrid ofrecía cada día más de 30.000 localidades en los recintos de diversiones públicas.

Este fenómeno tuvo recorrido hasta principio del siglo XX, pero fue decayendo. Sin embargo, a final de los cincuenta, coincidiendo con la fuerte competencia que supuso para el teatro la implantación de la televisión y la cada vez mayor asistencia al fútbol, los empresarios teatrales volvieron a poner en práctica reducciones. Entonces no en la duración de las comedias, sino en la capacidad de los locales. Se abrieron los que, en otros países, eran conocidos como ‘teatros de bolsillo’. El Recoletos, en el paseo del mismo nombre, se inauguró en 1958; el Club, en los bajos de lo que fue Palacio de Música, en 1962; el Valle Inclán, en la planta baja de la Torre de Madrid, en 1962 y el Arlequín, que sigue abierto, en 1965. Todos tenían en torno a quinientas localidades. Piensen que había entonces números teatros y cines con capacidad para mil espectadores.

La aparición del circuito alternativo, en los años ochenta, fue más un movimiento renovador de la escena, que de supervivencia económica, aunque también se creó pensando en reducir costos y atraer a un público no convencional. Así llegamos a la inauguración del Teatro por Dinero, en la calle Loreto y Chicote, el año 2010. Ahí sí que se volvió a la fórmula de salir adelante a cualquier precio. Aunque fuera bajo. En este momento existen, por toda la geografía madrileña, una veintena de espacios y funcionamiento similares. Pero, como hemos expuesto sucintamente, el pasado siempre vuelve.

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