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Estación termini

jueves 11 de junio de 2015, 13:38h

Las de nuevo interminables celebraciones del Barça han puesto aparente punto y final a la temporada. Una Copa más y la gente hubiera dejado de acudir a Canaletas. El éxito y el fracaso sostenidos confluyen en el mismo andén de la rutina y el hastío.. El fútbol es un deporte que finge descansar en verano. Sus estrellas pronto retornarán a sus yates y dejarán en tierra a una legión de huérfanos del deporte rey. ¡Qué curioso que se denomine así a un juego que provoca tantos silbidos y chanzas en cuanto se menta a un monarca! En el entreacto, en espera del temido y deseado Agosto, muchos se apuntarán a la Copa América. Como impacientes astrónomos rastrearán las constelaciones de Messi, Neymar, James, Agüero, Falcao y compañía. Otros, o los mismos, se consolarán con eso que se llama "los compromisos de la selección" que visto en lo que se nos ha quedado la Roja mucho nos tememos que únicamente sirvan para fomentar el 'dolce far niente'. Hay quien me ha jurado estos días haber visto a Xavi presentar el tiempo en los telediarios. Ya le he explicado que se trata de una de las muchas alucinaciones que anticipa desde siempre el verano, favorecida por la arraigada fórmula de juntar en la tele deportes y tiempo. Ambos suelen ir de la mano con éxito hasta el punto de hay quien prefiere grabar los telediarios para verlos al revés como se suele hacer con los periódicos. No se sabe si por algún extraño fenómeno disléxico o simplemente por el pavor que producen las portadas.

Xavi se ha despedido mucho durante muchos días como si él mismo quisiera convencerse de que efectivamente se iba. Parecía uno de esos novios que prolongan el último beso mientras el tren se acerca. En realidad, así son los últimos días de cada temporada de fútbol. Una gran estación llena de maletas mal cerradas por las que se caen los cromos repentinamente envejecidos de los que han sido nuestros ídolos. Los futboleros los recogemos porque nunca dejamos de ser los niños que los pegaban en los álbumes con engrudo. En cuanto a Xavi, no es de extrañar que cogiera las maletas. Su rostro en blanco y negro y su peinado engominado de galán de posguerra y su expresión melancólica recuerda a esos emigrantes españoles que se iban a Suiza y eran fotografiados con idéntica expresión de desconcierto. Solo que Xavi no se va a Suiza sino a ese remoto lugar de revelador nombre llamado Qatar. Por algo es futbolista y no fresador. Cada vez que sale Xavi, suena el motor de una moviola. Parece mentira que un personaje que parece querer salir de la pantalla mientras se proyecta el No-Do, como Jeff Daniels en 'la Rosa Púrpura del Cairo', haya representado desde siempre la modernidad más absoluta.

Por el contrario, su entrenador Luis Enrique es como uno de esos revisores que siempre te pillan sin billete y además regañan a todo el mundo por encima de las gafas. Ahora que ha renovado, esperemos que se muestre más tranquilo. Los primeros indicios no son alentadores pues ha aparecido con la cabeza rapada. Si Billy Wilder tenía el cerebro lleno de cuchillas, según William Holden, Luis Enrique las ha tenido en la lengua durante todo el trayecto. Diríase que con ella se ha afeitado con una habilidad de salamandra. En cuanto a Cristiano Ronaldo , yo no le he visto recuperarse de su ruptura con Irina Shayk y así le ha ido no sé si tanto a él como al equipo entero. Refugiado en la sala de espera de la estación, ajeno a todo, suspira por la modelo rusa como aquellos reclutas que acodados en la cantina del cuartel añoraban la sesión vermouth de los domingos en su discoteca preferida.

Transitan por esa misma estación otros personajes que arrastran su pesar aun con bonhomía. Uno es Ancelotti, todavía estupefacto por su despido express. Más que en un álbum de cromos de fútbol, Ancelotti, que rima con "angelote", figurará en los cuentos que las madres lean a los niños en las noches lánguidas del futuro como el Ogro Bueno que nos gustaría adoptar. Florentino lo echó sin miramientos nunca mejor dicho pues Florentino es un señor que no mira a los ojos de la gente como cantaba Golpes Bajos, valga la redundancia. En su lugar, trajo a Rafa Benítez alguien tal vez con buen corazón pero con cara de ogro malo. Benítez parecía traer ya puesta la expresión anticipada de su carta de despido. Su llegada tuvo más aires de despedida que de recibimiento. Nada extraño tratándose de un presidente que apenas puede disimular su incestuoso afán por entrenar a su propio equipo. Es sabido que en otra vida Florentino Pérez fue Enrique VIII.

Hay alguien en los andenes que deshoja qué dirección tomar, si la que le dicta el corazón como es quedarse en su club natal o romper el cordón umbilical. Se llama Iker Casillas que ha estado padeciendo la esquizofrenia de un estadio que lo mismo le condenaba a galeras que lo indultaba como a un preso en Semana Santa año tras año como en el día de la marmota. El perdón agota a quién lo otorga y quizá más al que lo recibe. El fordiano hombre tranquilo nunca estará tranquilo de verdad en Madrid. A Casillas en cuanto se da la vuelta le roban los guantes que camufla entre las redes como un tesoro de la infancia. Todo mito parece necesitar alas y Casillas aún puede volar alto.

El resto somos todos nosotros, pronto huérfanos de fútbol y en espera de las notas que nos depare este fin de curso. Parafraseando al replicante de Blade Runner, "es hora de descansar", que no tanto de morir. Ahora es tiempo para la política. Porque de Messi no pienso decir nada a falta de que sepamos como elude el implacable marcaje de Hacienda. Y decían que no era de este mundo.

Antonio Muñoz 

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