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Madrid en Vivo, una apuesta segura

lunes 06 de abril de 2015, 07:30h

Cantamos las 40. O, por ser más exactos, en nuestra partida cultural seguimos cantando las 47 salas de La Noche en Vivo, en las que se programan música en directo y artes escénicas de manera habitual todos los días del año. Más de 13.000 conciertos anuales, destinados a satisfacer los gustos tanto de vecinos como de visitantes que buscan vivir momentos irrepetibles. Siendo conservadores, un millón de personas acude anualmente a dichos espacios, generando en Madrid importantes beneficios para otros sectores de hostelería, comercio, transporte y alojamiento.

Son estas cifras objetivas, no de una una partida, sino de una decidida apuesta por la cultura y el ocio de calidad. Pedimos, pues, valentía a las distintas administraciones, no solo para mantener vivo al sector, sino para apuntalarlo, estableciendo unas reglas de juego acordes con el tapete turístico de nuestro siglo y abordando así la necesaria actualización de la normativa vigente para la dinamización empresarial y su modernización.

Es obvio que el disparatado IVA para los productos culturales supone un órdago a la supervivencia en esta partida ya en crisis. Pero, a menor escala institucional, tampoco se reparten mejores cartas. La revisión de la Ley de Espectáculos de la Comunidad de Madrid, de casi 20 años de antigüedad, no ha servido para la adecuada regularización del sector. Siguen siendo necesarios, por ejemplo, la actualización del Catálogo de Establecimientos Públicos, la flexibilización de licencias con actividades compatibles y la armonización de horarios de acuerdo con los nuevos hábitos de ocio y demandas del mercado turístico.

Respecto a la normativa municipal, quedan pendientes la eliminación de los tipos urbanísticos del Plan General de Ordenación Urbana o el cálculo de aforos según los criterios establecidos en el Código Técnico de Edificación. Todo ello para optimizar lo que debería ser una apuesta compartida con las instituciones por la seguridad y la convivencia vecinal.

Mención exclusiva merece la necesaria revisión de los criterios de acceso de los menores a los espectáculos musicales y demás actividades culturales. La imagen de Madrid sucumbe a diario por una normativa caduca que prohíbe accesos al turismo familiar. Por ello, nos vemos obligados a explicar a padres que vienen desde Francia, Bélgica, Dinamarca u Holanda que, si ellos quieren disfrutar del espectáculo, sus hijos menores de edad deberán esperarlos, por ejemplo, en un bar cercano. Todo debido a que nuestros espacios, aunque se expende en ellos el mismo alcohol (por supuesto, únicamente) a los mayores de edad, tienen el peligro añadido de que ofrecen música en directo, danza, teatro o magia. Imaginen: el enfado de los progenitores es equiparable a su incredulidad ante una restricción de la que carecen en sus lugares de origen.

Y aún hay más bazas a ganar en esta partida: los modelos de promoción público-privada, la venta en paquete de experiencias musicales, los contenidos para el censo de locales integrantes del Patrimonio Cultural de la Ciudad de Madrid, el impulso de una removida madrileña... Hagan juego, señores.

Javier Olmedo
Gerente de La Noche en Vivo

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